La NASA confirmó que el observatorio espacial Swift completó su misión científica y se prepara para reingresar a la atmósfera terrestre, en una caída que no podrá ser controlada y cuyos posibles restos podrían alcanzar distintas regiones de América del Sur, incluido Uruguay.
El satélite realizó su última observación el 20 de octubre, cuando orbitaba a menos de 275 kilómetros de la superficie terrestre, una altura en la que la resistencia atmosférica ya le impedía mantener sus instrumentos orientados de manera estable hacia los objetivos astronómicos.
"Swift ofreció un retorno de la inversión increíble y duradero para la nación: aunque fue diseñada para una misión principal de dos años, siguió siendo productiva durante más de 10 veces ese tiempo", explicó el director de la División de Astrofísica en la sede central de la NASA en Washington, Shawn Domagal-Goldman.
La mayor parte de la estructura se desintegraría durante el descenso y la probabilidad de que los restos provoquen daños a personas es muy baja.
La agencia espacial estadounidense estima que el reingreso se producirá en las próximas semanas, aunque todavía no se conoce el lugar exacto donde podrían caer los fragmentos que sobrevivan al paso por la atmósfera.
¿Por qué podría caer el telescopio Swift en Uruguay?
La agencia espacial estadounidense explicó que la mayor parte de la estructura se desintegrará durante el ingreso a la atmósfera, aunque algunas piezas podrían sobrevivir y alcanzar la superficie terrestre.
La caída se volvió inevitable después de que fracasara el intento de recuperar el satélite. La NASA y la empresa Katalyst Space habían previsto utilizar la nave robótica LINK para capturar el observatorio y elevarlo a una órbita más alta, pero abandonaron esa posibilidad en agosto.
Debido a que su órbita está inclinada respecto al ecuador, los restos solo pueden caer en una franja del planeta que abarca desde el centro de México hasta gran parte de Sudamérica y amplias zonas oceánicas, según anticipó la NASA.
"Swift debía detectar y localizar los estallidos de rayos gamma, comunicar su posición a otros observatorios y, luego, orientar sus propios telescopios para obtener imágenes de los lugares donde se producían esos estallidos antes de que su resplandor residual se desvaneciera. Por lo general, esto le tomaba a Swift alrededor de un minuto", explicó S. Bradley Cenko, investigador principal de la misión.
Lanzado el 20 de noviembre de 2004, el Swift observó más de 2000 estallidos de rayos gamma y estudió más de 1400 supernovas. Sus datos, además, contribuyeron a cerca de 7000 publicaciones científicas.
Bajo la dirección de su primer investigador principal, Neil Gehrels, el Swift fue concebido como un observatorio de múltiples longitudes de onda, equipado con telescopios de luz óptica y ultravioleta, y de rayos X, alineados entre sí para obtener imágenes y localizar rápidamente los estallidos.