7 de febrero 2025 - 5:00hs

Cero pantallas a los niños menores de dos años, pantallas reguladas a partir de esa edad y dar el ejemplo como adultos. Así se podría resumir la disertación del neuropediatra Alfredo Cerisola en el marco del evento Proeducar 2025 - Conectar para educar, titulado "La IA, ¿copiloto o competidor?".

Durante su presentación, analizó el impacto del uso de pantallas en la infancia y cómo la exposición a dispositivos electrónicos está modificando el desarrollo cognitivo, lingüístico y emocional de los niños.

También alertó sobre los riesgos del uso excesivo de pantallas en los primeros años de vida, apoyándose en estudios recientes y en la evidencia acumulada en los últimos años por la Academia Americana de Pediatría y otras organizaciones científicas.

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El desarrollo infantil y los efectos de la tecnología en los primeros años de vida

Cerisola explicó que el desarrollo de un niño es un proceso dinámico y complejo que involucra múltiples áreas interconectadas. "El desarrollo es un proceso sumamente dinámico y para entenderlo y poderlo comunicar mejor lo dividimos como en áreas", afirmó, y agregó que "hay un área motora, hay un área de coordinación o de potencia fina, hay un área del lenguaje y hay un área también de la parte social y emocional".

Una de las preocupaciones que planteó es que el acceso a dispositivos electrónicos ha ido disminuyendo en edad, lo que implica una transformación profunda en la manera en que los niños interactúan con su entorno.}

Destacó que en la década del 70 la primera exposición a una pantalla solía ocurrir alrededor de los cuatro años, mientras que "actualmente es a los 4 meses".

Estudios recientes muestran que el tiempo de exposición a pantallas ha crecido significativamente. "A los 6 meses, en Australia, la exposición a las pantallas por día alcanzaba 1 hora y 15 minutos", detalló, y agregó que esa cifra aumentaba a casi 2 horas y media a los 2 años.

La "tecnoferencia" y la reducción de la interacción con los adultos

Uno de los conceptos clave que abordó el neuropediatra fue la "tecnoferencia", un término acuñado recientemente para describir cómo los dispositivos digitales interfieren en la comunicación interpersonal. Cuando alguien está usando su dispositivo y el otro le habla, lo ignora o le pide que se calle, explicó, basándose en estudios científicos que abordaron este tema.

En Uruguay, los datos reflejan un crecimiento sostenido en la exposición de los niños a pantallas. "En 2018, el 48% de los niños menores de 2 años tenían una exposición a la pantalla... y eso pasó al 64% en el 2023", reveló Cerisola.

Este fenómeno se traduce en una disminución de las interacciones cara a cara, fundamentales en los primeros años de vida. "Cuanto más chicos son, más se pone en juego lo que se llama la plasticidad cerebral", advirtió.

El neuropediatra explicó que la interacción con los adultos es clave para el desarrollo lingüístico y social. "El lenguaje nutritivo promueve no solo el vocabulario de la comunicación, sino también los vínculos afectivos, la interacción social, pero también el lenguaje interior, la autorregulación y las capacidades cognitivas", subrayó.

Las pantallas y su impacto en el desarrollo del lenguaje y la cognición

Uno de los efectos más estudiados del uso temprano de pantallas es la reducción del tiempo de interacción verbal entre los niños y los adultos.

Cerisola mencionó un estudio australiano que midió, a través de dispositivos de audio, cómo influye el tiempo frente a una pantalla en la comunicación dentro del hogar. "Por cada minuto de uso de pantalla, los niños escuchaban menos palabras de los adultos, emitían menos vocalizaciones, se involucraban en menos vocalizaciones de vuelta con los adultos", sostuvo.

Además, advirtió que el lenguaje se aprende por imitación y que la interacción con dispositivos no reemplaza el contacto humano. "Las palabras de los niños en los primeros años de vida son las palabras que le escuchan a su padre y a su madre", enfatizó.

Un estudio realizado en Canadá reforzó esta preocupación al demostrar que "los niños que estaban más tiempo, a los 24 meses, expuestos a las pantallas, tenían un peor desarrollo a los 36 meses". Y que, si la exposición se mantenía, su desempeño continuaba deteriorándose a los cinco años.

Efectos en el sueño, la actividad física y la salud visual

El abuso de pantallas no solo afecta el lenguaje y la interacción social, sino también el descanso y la salud visual. "Sabemos que cuando los niños duermen mal tienen más problemas de aprendizaje, cognitivos y sociales", señaló Cerisola. La exposición a la luz azul de las pantallas antes de dormir altera la producción de melatonina y dificulta la conciliación del sueño.

Otro efecto cada vez más estudiado es el aumento de la miopía en niños y adolescentes. "Hay un aumento de la incidencia de miopía en las nuevas generaciones y muchos lo relacionan con la exposición a las pantallas y las menores actividades al aire libre", alertó el neuropediatra.

Las recomendaciones internacionales y el rol de los adultos

Cerisola recordó que las principales organizaciones científicas han emitido directrices sobre el uso de pantallas en la infancia. La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece que "los primeros dos años de vida, la tecnología no aporta nada al desarrollo de niños y niñas".

La Academia Americana de Pediatría, UNICEF y la Asociación Española de Pediatría también han reforzado en sus informes la necesidad de evitar la exposición a pantallas antes de los dos años y limitar su uso hasta los cinco años.

Más allá de las restricciones por edad, Cerisola insistió en que el problema no es solo el tiempo de exposición, sino el contexto y el tipo de consumo.

"No es lo mismo estar una hora disparando a zombies que pasar una hora componiendo música en línea", ejemplificó. También destacó que no se deben utilizar pantallas como único recurso para calmar a los niños, ya que esto puede generar dependencia y reducir su capacidad de autorregulación.

El especialista hizo hincapié en el rol de los adultos en la regulación del uso de pantallas. "No poner acuerdos a nivel familiar es una regla", sostuvo, y subrayó que los dispositivos electrónicos no deberían estar presentes durante las comidas ni en los dormitorios.

Finalmente, desmintió la idea de que una exposición tardía a la tecnología puede perjudicar el aprendizaje digital de los niños. "Introducir más tardíamente la tecnología no va a afectar su capacidad para aprender a usarla", concluyó.

La importancia de jugar y la falta de "etiquetado"

Cerisola destacó la importancia del juego en el desarrollo infantil y afirmó que los pediatras deberían "recetar más tiempo para jugar". Durante su disertación en Proeducar 2025, hizo referencia a un artículo de la Academia Americana de Pediatría titulado "El poder del juego", donde se enfatiza que el juego es una herramienta esencial para el aprendizaje y el desarrollo emocional.

Cerisola explicó que el juego no solo es una forma de entretenimiento, sino que también fortalece la interacción social, el lenguaje, la capacidad de resolver problemas y la creatividad. "Es fundamental que los niños continúen jugando a lo largo de su vida, empezando con los primeros meses de vida", sostuvo.

El neuropediatra también resaltó la importancia del juego compartido entre adultos y niños, ya que esto refuerza el vínculo afectivo y promueve el aprendizaje. "El juego compartido es fundamental porque también es una oportunidad de relacionamiento afectivo, es una oportunidad de desarrollo socioemocional con los adultos", afirmó.

En su disertación, el neuropediatra cuestionó además la ausencia de regulaciones que adviertan sobre los efectos del uso temprano de pantallas en el desarrollo infantil. Comparó la situación con la de los juguetes, que suelen incluir etiquetas con restricciones de edad y advertencias sobre posibles riesgos.

"En la mayoría de los juegos y que muchos uno diría que son para niños pequeños, hay advertencias que dicen: contiene pequeños objetos, no apto para niños menores de 3 años", afirmó. Sin embargo, denunció que "cuando van a comprar un dispositivo móvil no veo ningún cartel que diga: manténgase fuera del alcance de los niños menores de 2 años, puede ser perjudicial para el desarrollo".

Para Cerisola, es fundamental que se implemente un sistema de etiquetado que informe a las familias sobre los posibles efectos negativos del uso excesivo de pantallas en la primera infancia. "No hay ningún cartel que diga: entre los 2 y los 5 años, si lo consume en exceso, en su solo, durante las comidas, puede ser perjudicial para su desarrollo", enfatizó.

Además, señaló que detrás de esta falta de advertencias hay intereses comerciales que han evitado regulaciones más estrictas. "Obviamente hay intereses comerciales muy fuertes detrás", advirtió, y sostuvo que "los Estados y las comunidades educativas y científicas tenemos que ser más fuertes y poder transmitir la importancia que tiene pensar en estas situaciones".

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