Una mujer despedaza su garganta en un grito. Es la segunda noche que se planta en el campo del Antel Arena para verlos tocar, cantar y desplegar toda la maquinaria de una banda que se ha convertido en una de las propuestas más convocantes del rock argentino. Daaaaaale locoooo. Airbag está de vuelta. Gastón, Patricio y Guido Sardelli aparecen en el escenario como los (tres) jinetes del apocalipsis.
Y, en esta noche, no puedo equivocarme
Y, en esta noche, mi suerte no va a fallarme
Es todo para mí, es todo para vos
Somos jinetes que hacen a los perros ladrar
Jinetes Cromados y Anarquía en Buenos Aires abrieron una noche en la que la banda de los hermanos argentinos le presentaron su último disco, El Club de la Pelea I, al público uruguayo. Un álbum exigente con el que, a pesar de una trayectoria de dos décadas, se elevaron como una revelación: están, sin lugar a dudas, en uno de los puntos más álgidos de su carrera artística.
La referencia del libro de Chuck Palahniuk y la película dirigida por David Fincher se alinea con la intención de la banda de introducirse en una crítica social y política. Un puñado de canciones con las que atraviesan el caos con el encuentro humano como la única esperanza. “Los tipos no tenían nada, pero se tenían a ellos y eran más fuertes que el sistema, de alguna manera. La película está muy vigente en la situación en la que estamos hoy. Hay un momento donde se habla de que nuestra crisis no es ni económica ni nada, es espiritual. Estamos completamente quebrados”, dijo el más chico de los hermanos en una entrevista con la revista Rolling Stone.
Ese sentimiento de unidad sobrevuela entre quienes saltan llevados por la música en medio de la arena. Perdido, Corazón lunático, Noches de insomnio y No confíes se suceden a la luz de una pantalla que acompaña la narrativa de las canciones y los llevará desde la cancha del Estadio Olímpico de Munich –con un homenaje a Diego Armando Maradona– hasta la distopía de la guerra de Oriente a lo largo de la noche.
Mientras suena Pensamientos, una señora de cabello blanco canta con los ojos cerrados y las manos al aire, como en una plegaria a algún dios pagano y rockero. Del otro lado están los hermanos Sardelli, que llegaron a Uruguay con Sebastian Roascio Goldar en batería y Joselo Berrone en teclados como una unidad compacta.
Una pareja canta Nunca lo olvides tan cerca que sus labios se tocan momentáneamente. En un micromundo, parece que la banda está tocando en vivo solo para ellos. No me arrepiento de nada contigo / Contigo me muero, contigo revivo / Y sos mi victoria, y sos mi fracaso / Sos todo lo bueno, sos todo lo malo / Aquí estoy otra vez. Pero los momentos de intimidad son pocos. Las canciones que atraviesan en tres horas –tiempo suficiente para desplegar el virtuosismo técnico que han acuñado en los últimos años– son como descargas de energía. No transicionan ni se suceden hasta tomar impulso; son unidades que vuelven al silencio antes de empezar otra vez.
La construcción estética de Airbag parece el resultado de una coctelera de referencias del rock internacional. Pequeños recortes de rockeros –desde Guns N' Roses a Soda Stereo– para construir un nuevo sentido que retiene una esencia tradicional en un contexto de plena transformación.
“Creo que hacemos algo que muchas bandas quieren hacer y no se animan”, le dijo hace un tiempo Patricio Sardelli a la revista Rolling Stone. Eso a lo que muchos no se animan, dice, está en su esencia. “Tocamos Jinetes cromados o Huracán, canciones que tienen una esencia no de esta época, sino de la era dorada del rock, de los 70, los 80, y nuestro público responde a eso. Todo porque tuvimos los huevos para seguir nuestro propio norte”.
En Uruguay su público responde al instante. Huracán, del disco Mentira la verdad, fue el momento más alto de la noche. Con máscaras de calaveras y explosiones de fuego prepararon un pogo que se levantó del suelo del Antel Arena para agitar una de las canciones más esperadas de su repertorio.
“Gracias por acompañarnos una noche más en Montevideo. Esto ya es para siempre”, dice el vocalista de la banda una de las pocas interacciones con el público antes de Motor enfermo (Frankenstein), en el que un inflable enorme de la criatura de Mary Shelley tomó el escenario.
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Hombre puerco , Verte cerca y Apocalipsis confort se suceden en una porción de crítica y discursividad que se destaca en el repertorio de la noche.
Patricio Sardelli se sienta al piano y Tu nombre se encuentra de alguna manera con Para Elisa de Beethoven y un breve pasaje clásico que despliega sobre los teclados. “Me quiero quedar acá y tocar 300 mil canciones pero tengo que elegir. En mi cabeza están dando vuelta 30 o 40, pero voy a tocar esta”, dijo antes de hacer A Don José, el himno popular del maestro Ruben Lena que versionaron por primera vez en Uruguay en el Festival del Olimar y se ha convertido prácticamente en un abrazo entre la banda y su público de este lado del Río de la Plata. El grito de U-ru-guay U-ru-guay lo sucede entre aplausos, antes de pasar a un aire de arrabal que cada tanto reluce Airbag con una versión de Volver.
Por mil noches retoma en el repertorio de la banda, una canción de Libertad (2013) que se posiciona actualmente como la más escuchada del género en Spotify (y la favorita del repertorio de la banda). Es que Airbag ostenta, según el último reporte de la plataforma de streaming de canciones, el título de la banda de rock más escuchada de Argentina; por encima de otras agrupaciones como Babasónicos, Los Redondos, Los Piojos, Soda Stereo, Callejeros y Las Pastillas del Abuelo o artistas solistas como Andrés Calamaro, Gustavo Cerati y Charly García.
La banda se presentó con Airbag en 2004, un disco que incluía canciones como La partida de la gitana (Si te vas) y Solo aquí. Desde entonces fueron dejando atrás el perfil de banda pop fraternal para convertirse en una de las bandas de rock argentino que surfeó la ola del género urbano y convoca a miles de jóvenes en sus recitales. Son –a la luz de los números de escuchas y corte de entradas– los nuevos embajadores del rock para una nueva generación.
Los hermanos Sardelli, además, hacen uso de su sensualidad. El recorrido escénico de Patricio hace gritar a la tribuna cuando aparece sin remera o saca la lengua entre el plástico de una máscara que le cubre el rostro en una actitud desafiante y conquistadora que hace que los comentarios sobre el cantante corran entre la gente como el humo del habano que Guido prende en el escenario.
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Para los bises, después de que el público les pidiera más, el menor de los Sardelli tomó su lugar en la batería para una selección de canciones que han sido objeto de recordadas reversiones a lo largo de la historia, como Have You Ever Seen the Rain? de Creedence Clearwater Revival –retomado por bandas como Ramones o cantantes como Johnny Cash– o Johnny B. Goode de Chuck Berry –con sus sucesivas versiones desde Los Beatles a lo Rolling Stones, Jimmy Hendrix o los Sex Pistols–.
El pulso de Colombiana es en esta gira de Airbag el comienzo de lo que se ha convertido prácticamente en un ritual. Sobre el horizonte de la aparecen las siluetas de mujeres que agitan remeras y corpiños al mismo tiempo que la cámara del lugar las encuentra sobre la gente. Se ven, se ríen. Una atrás de otra revolean el trapo que les tapaba el cuerpo. Algo que para ellas es un momento de liberación, mientras otros simplemente llevan la cuenta de a cuántas les vieron los pechos bajo la luz roja recinto y los músicos intentan que las pelotas inflables que soltaron sobre la gente lleguen a la tribuna.
Airbag en el Antel Arena
Airbag
La moda del montón, Como un diamante y Kalashnikov se suceden mientras preparan el final en un camino ascendente. Solo aquí, la canción de su disco debut, es el cierre para una noche en la que la banda argentina demostró lo que son 20 años de evolución. Un broche algo nostálgico que deja en evidencia el crecimiento de los muchachos que comenzaron tocando en un garaje familiar en Don Torcuato, pero ahora llena estadios y despliega sus canciones en dos noches en el frío de Montevideo.
Patricio Sardelli besa la guitarra que tocó hasta con los dientes durante y se despide del público momentáneamente: “Muchas gracias, guacho. Nos vemos donde sea, cuando sea; nos vemos siempre”.