Familia en renta: una película para emocionarse en el cine de la mano de Brendan Fraser en un particular viaje a Japón
Familia en renta, un cruce de comedia con drama sobre un actor que interpreta a falsos familiares y amigos para solitarios, puede verse en salas de cine
Si frecuenta librerías, quizás en los últimos años haya notado la presencia en las mesas y estantes de un fenómeno creciente, la healing fiction o ficción curativa. Son libros escritos por autoras y autores surcoreanos o japoneses, que se ambientan en cafeterías, librerías o bares, tienen una alta concentración de gatos, y se enfocan en personajes que necesitan sanar algún dolor, trauma o duelo, o bien se encargan de hacerlo para otros ofreciendo desde un plato de comida hasta un espacio en el que conversar y sentirse contenidos.
Género apto para estos tiempos de ansiedad, estrés y soledad, la healing fiction se convierte en película en Familia en renta, uno de los estrenos de cine recientes en las salas uruguayas, con Brendan Fraser en el rol protagónico y una trama que cruza la idea del “pez fuera del agua” con la de la sanación, a través de una historia cálida y simpática.
Una exploración del dolor que causa la soledad y la importancia de los vínculos genuinos y sinceros, esta película firmada por la japonesa radicada en Estados Unidos Hikari (si, es un nombre solo, como Madonna, Superman o Pelé), tiene como punto de partida la frustrada experiencia como actor de Philip Vanderploeg, el personaje de Fraser, luego de siete años viviendo en Japón.
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Philip tuvo algunos éxitos menores en publicidades, pero su carrera no ha prosperado demasiado y su gran salto no ha llegado. La cosa cambia con la llamada de una empresa que lo convoca para interpretar distintos roles como familiar/amigo/pareja de alquiler para sus clientes.
Al principio poco convencido, el actor expatriado empezará a cambiar de opinión y también a verse sacudido a medida que vaya conociendo a sus compañeros de trabajo y a dos de sus “objetivos”, un veterano actor de cine, para el que interpreta a un periodista en busca de una entrevista final en el ocaso de su vida; y una niña para la que tiene que hacer de su padre desaparecido, para mantener las apariencias de cara a una entrevista de ingreso con un colegio privado de primera línea.
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Esa cuestión tan relevante en un país ultraconservador como Japón —donde las apariencias (en todo sentido) importan y donde los prejuicios sobre temas como la salud mental, la homosexualidad y todo lo que se aparte de las normas sociales tradicionales es censurado— es la razón de ser para las empresas como las de esta película, que no solo existen en la realidad, sino que también han sido fuente para otras ficciones como la desgarradora Family Romance LLC, de Werner Herzog (recomendable y disponible en la plataforma Mubi).
Perdidos en Tokio
Aunque ese comentario sobre la sociedad y la forma de ser del país asiático sobrevuela Familia en renta, lejos está esta comedia/drama de querer ser una película de denuncia. Solamente usa el recurso del occidental en un país donde por más que uno maneje el idioma o haya pasado un buen tiempo allí, “ni en 100 años lo va a terminar de entender”, como le comenta uno de los locatarios en los primeros minutos de la historia.
Ese abismo filosófico y psicológico es uno de los que intentará cruzar el Philip de Brendan Fraser, al que tampoco le vendría mal algo de compañía como la que ofrece en su trabajo. Esas experiencias, en las que lo absurdo y lo doloroso conviven en la misma escena como el momento en el que un difunto se levanta emocionado del cajón porque quería sentirse querido y echado en falta por mucha gente, son el corazón de este relato, que no ofrece nada por fuera de la norma, pero cumple bien con su cometido.
Brendan Fraser, con su pinta de buen tipo pero dañado, sus expresiones subrayadas (Brendan Fraser ESTÁ TRISTE, ESTÁ CONTENTO, así en mayúsculas, como si fuera un emoji humano) y una calidez contagiosa, crea a un protagonista confiable y destacado. A la vez, no es difícil pensar en la propia historia del actor, marcada por un largo alejamiento de los roles importantes motivado por una sucesión de tragedias familiares y un episodio que lo tuvo como víctima de abuso sexual, con un retorno gradual (y oscarizado) en los últimos años.
Fraser está bien rodeado, con puntos altos en el elenco como Mari Yamamoto en el rol de una de sus compañeras de trabajo, y Akira Emoto en la piel del actor veterano que amenazado por la desaparición de su memoria, busca rescatar por última vez algunos recuerdos importantes.
Sin embargo, la propia formulación de la película como una serie de misiones cruzadas, sumada a algunos vistazos a las vidas de otros personajes que aparecen, dan la sensación de que el foco podría haber sido más concreto, o que hay algunas películas paralelas posibles que no se plasmaron en el resultado final.
Aunque no es una película perfecta, Familia en renta es una propuesta sensiblera pero eficaz, en la que más allá de su ambientación lejana hay una verdad universal que no necesita traducciones: si será importante contar las cosas y compartir los dolores, y también las alegrías.