De "Aún estoy aquí" a "El agente secreto": por qué los Oscar están mirando a Brasil (y Brasil a su pasado reciente)
Brasil puede convertirse en los próximos Oscar en el primer país en cuatro décadas en ganar de forma consecutiva el premio a Mejor película internacional
27 de febrero 2026 - 5:00hs
El agente secreto, la película brasileña nominada al Oscar 2026
Brasil no solo está de moda como destino turístico predilecto para los uruguayos. Su cine reciente también ha empezado a circular por las salas del mundo entero, y en particular, Hollywood le está prestando atención, como atestiguan las cuatro nominaciones a los Oscar que este año recibió la película El agente secreto.
El próximo 15 de marzo, la película dirigida por Kleber Mendonça Filho y protagonizada por Wagner Moura (Narcos, Tropa de elite) puede hacer historia si se lleva el premio a Mejor película, donde es una de las diez aspirantes. Aunque lo cierto es que sus chances verdaderas están como candidata firme al premio a Mejor película internacional, donde disputa un mano a mano con la noruegaValor sentimental, la otra de las nominadas en esa categoría que también está en la más importante de la ceremonia.
En caso de ganar ese premio, El agente secreto le daría a Brasil un hito cinematográfico: sería la primera vez en cuarenta años que dos películas de un mismo país ganan el Oscar a Mejor película internacional de forma consecutiva, ya que el año pasado la galardonada fue Aún estoy aquí(que también se metió en la competencia de Mejor película).
La última vez que un país logró un doblete en los Oscar fue cuando dos filmes daneses lo lograron en las ceremonias de 1987 y 1988. Hasta ahora, además de Dinamarca, solo otros tres países habían logrado estos premios consecutivos, todos europeos: Suecia en 1960 y 1961, y Francia e Italia en distintos momentos de las décadas de 1950, 1960 y 1970, cuando en esta categoría prácticamente solo se nominaban películas de Europa occidental y Japón.
El norte es el sur
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Más allá de ser películas distintas en su forma de contar sus respectivas historias, tanto Aún estoy aquí como El agente secreto tienen un obvio punto de contacto que es una de las razones de su impacto global y por las que Hollywood las ha mirado con particular atención: las dos versan sobre el pasado reciente de Brasil.
Obviamente que no solo lograron meterse en los Oscar, llevarse premios en el Festival de Cannes y demás eventos solamente por eso. Aún estoy aquí es una película producida por Globo, uno de los conglomerados de medios más poderosos y gigantescos del mundo, y su responsable es Walter Salles, un cineasta de proyección internacional, responsable de películas como Diarios de Motocicleta y Estación central, un clásico del cine brasileño moderno. Además, tiene como uno de sus productores a Rodrigo Teixeira, que trabaja tanto en su país como en Hollywood, lo que le dio a la película una llegada a la industria cinematográfica estadounidense —porque básicamente, para estar nominado al Oscar tu película tiene que ser vista y los votantes tienen que poder acceder a ella—.
El agente secreto está dirigida por Mendonça Filho, otro autor consolidado a nivel internacional y tiene en Moura al actor brasileño más famoso del mundo. No es ni de cerca una película pequeña o independiente.
Pero el punto clave es el hecho de que las dos están atravesadas por la dictadura militar que gobernó Brasil entre 1964 y 1985. En Aún estoy aquí, basada en hechos reales, la protagonista es la esposa de un diputado desaparecido por el gobierno de facto, mientras que el protagonista de El agente secreto es un profesor investigado por los servicios de inteligencia.
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Mientras que las historias “de dictadura” del Cono sur siempre fueron vistas con un interés entre paternalista y morboso por los ojos del primer mundo (“esas cosas que solo les pasan a ellos, pobrecitos”), en los últimos años han empezado a ser miradas de otra forma. El crecimiento de ciertas tendencias autoritarias y de gobiernos que persiguen de una forma un poco más radical a inmigrantes, opositores y disidentes en todas partes del mundo los ha convertido en otra cosa, en advertencias de lo que ya pasó y puede pasar.
En el caso particular de Brasil, la historia reciente no había sido tan revisitada como sí pasó en películas, series, libros y demás obras culturales en Uruguay, Argentina o Chile, que desde hace unas cuantas décadas vienen procesando estos traumas.
En Brasil se volvió a generar un interés por la dictadura, sus secuelas y su proceder en la última década, tras el período de gobierno de Jair Bolsonaro, reconocido nostálgico de ese período de la historia de su país.
El director de El agente secreto comentó al sitio Deadline que una de sus motivaciones para contar esa historia era el de reafirmar que la dictadura lejos estuvo de ser una etapa que hay que recordar con cariño, y que hay que confrontar ese pasado, aunque no sea demasiado agradable.
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“Brasil cometió infinitos actos de violencia contra su población civil, y causó un trauma psicológico entre todos sus habitantes. Se hizo normal cometer todo tipo de crímenes violentos. Siempre se puede hacer tabla rasa y mirar al futuro. Porque no siempre es lindo hablar de algunas cosas, pero creo que tenemos que hacerlo. La idea de memoria y de preservar recuerdos es un tema muy poderoso”, comentó el cineasta.
En Estados Unidos —otro país federal, muy cerrado en sí mismo y de considerable tamaño— en particular se está mirando con atención a este cine brasileño. Los sectores más progresistas del país del norte han encontrado ecos entre el gobierno de Bolsonaro y el de Donald Trump, y los brasileños han aprovechado para hacer su campaña para el Oscar con ese punto.
Basta ver las entrevistas que Wagner Moura ha dado de cara a la ceremonia, donde compite como uno de los cinco aspirantes a Mejor actor. El intérprete brasileño se ha dedicado a decirles a los estadounidenses que prácticamente están bajo una dictadura, o que no están muy lejos de una si no cuidan la democracia, hablando desde la experiencia de vivir en un país que no la tuvo durante dos décadas.
“Nosotros mandamos a Bolsonaro a la cárcel después de su insurrección”, dijo el actor en una entrevista con la revista Variety. “Ustedes son como el niño que dice ‘mirá que voy a hacer esto’ y si no hay reacción, ¿qué pasa? Siento que Estados Unidos y sus instituciones no están respondiendo con la firmeza necesaria, poniendo límites y haciendo que la gente enfrente las consecuencias”, les dijo.
Esta suerte de puente Estados Unidos-Brasil se ha reflejado incluso en la presencia en los Oscar de otras películas, como el documental Apocalipsis en los trópicos (está en Netflix), que trata sobre el vínculo de Bolsonaro con líderes evangélicos, y que estuvo preseleccionado en la categoría Mejor documental, aunque finalmente no se metió entre los cinco nominados.
Política de estado
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El mapa del cine en la región tiene escenarios diversos de acuerdo a las posturas e intereses de cada gobierno. Ya desde el gobierno anterior, Uruguay ha impulsado la conformación de una industria audiovisual, aunque más enfocada en dar servicios a producciones internacionales o a realizar coproducciones que a contar más historias propias que antes. Chile acaba de anunciar la construcción de una nueva Cineteca nacional, Argentina ha desfinanciado a sus instituciones de cine por impulso de Javier Milei.
En Brasil, en tanto, el gobierno de Lula lo tomó como política de estado, luego de que durante el período de Bolsonaro el Ministerio de Cultura y el audiovisual perdieran algo de pie en su financiamiento y respaldo estatal.
El productor Rodrigo Teixeira dijo que esos años fueron “una mancha y una excepción” en el camino que el cine de su país ha recorrido desde fines de la década de 1990, cuando con el estreno de Estación central se abrió un camino por el que luego pasaron Ciudad de Dios, Tropa de elite, La vida invisible y otras películas. “Desde que Estación central abrió el festival de Berlín tuvimos grandes cineastas, inversión estatal, incentivos fiscales, colaboraciones internacionales y gente ganando premios en el exterior”, dijo el productor.
La cantante y actual ministra de Cultura brasileña, Margareth Menezes, dijo a Deadline que el actual gobierno tiene como prioridad el mundo audiovisual, tanto por su potencial económico como por una cuestión ideológica. De todas formas, voces del cine brasileño, incluyendo a Mendonça Filho han reclamado que, a pesar de los impulsos gubernamentales, todavía falta un mayor acceso a salas de cine y que haya otros polos de filmación por fuera de San Pablo y Río de Janeiro.
Por lo pronto la atención del cine brasileño está puesta en el camino hacia el Oscar y una posible consagración histórica, que a juzgar por los videos que circularon luego del triunfo de Aún estoy aquí en 2025, se festeja como un gol de la selección.