Pereyra recuerda los asados con su padrino musical, Horacio Guarany, musicalizados por las milongas de Alfredo Zitarrosa (con el que el folclorista había compartido exilio en España); sus colaboraciones con Ruben Rada, con Pablo Estramin, y más acá en el tiempo, con Marama y The la Planta, y sus visitas frecuentes a los escenarios orientales en ese vínculo permanente, que tendrá este nuevo hito cuando el cantante se presente en el Antel Arena el próximo 13 de noviembre (las entradas están en Tickantel).
En la previa a ese show, el músico pasó por Montevideo y conversó con El Observador sobre sus novedades, sobre canciones de amor y sobre la necesidad de encontrar las pausas y el silencio en medio de la agitación constante.
¿Cómo es ese proceso de agarrar esas canciones que para vos ya son familiares y llevarlas a este mundo bailable?
El mundo bailable también es muy familiar para mí. Yo siempre he incorporado dentro de mis discos cumbias fusionadas con el folclore o con algún sonido urbano, lo tropical estuvo siempre dentro de mi música porque es parte de la música también con la que me crie. Lo mismo que el folclore, las baladas, el pop. De hecho, en el disco Te sigo amando, la canción con Emanero es una cumbia, pero de ahí podemos pasar a una balada super pop, como la que cantamos con David Bisbal, que le da nombre al disco.
Tenía ganas de hacer este disco de cumbia hace mucho tiempo, pero nunca se daba la ocasión. Los tiempos de Dios son perfectos. Llegan los chicos de Un poco de ruido con una canción con Ezequiel y La Clave, y la pasamos tan bien grabando que dijimos, “bueno, dale, vamos a hacer un disco entero”. Con Pinky, uno de los integrantes del programa, que fue el productor de este material, empezamos a producir, agarramos las canciones y a invitar a cada uno de los artistas. Aceptaron de una manera muy orgánica, de buena onda, súper profesionales todos. Y para mí fue un lujo y un honor compartir este disco con referentes de la música tropical que me hayan dado el lugar a mí.
Y si lo pensamos, la cumbia, el cuarteto y todos esos ritmos también son parte del folclore.
Totalmente. Para mí, tanto la cumbia como el cuarteto forman parte de nuestro ADN musical. Lo divertido de hoy es que podemos convivir mucho más, que no hay prejuicios. Antes se separaba tanto las canciones por género, cuando siempre digo que la música no es para separar, sino para disfrutar. De repente en un concierto convive muy bien lo pop con la balada y la cumbia. O hacés una balada en versión cumbia.
¿Estamos en una época donde necesitamos bailar?
Yo creo que necesitamos sentir. Y compartir. Claro que bailar es un sinónimo de alegría. Pero si el sentimiento de una canción te hace bailar, mucho mejor. Creo que estamos en un momento donde necesitamos mucho más bailar, necesitamos un poquito más de alegría.
¿En algún momento a vos te hizo ruido esa convivencia de estas diferentes facetas, ese cruce de géneros? ¿O es algo por ahí más de la industria?
No, jamás. A mí nunca me hizo ruido porque me crie escuchando letras y músicas de Fito Páez o Charly García en la voz de Mercedes Sosa. Capaz le hacía ruido a los demás que decían, “no, pero tenés que hacer esto, y si haces un género no podés hacer el otro”. Pero por suerte la música y el arte te dan esa libertad de poder hacer lo que sentís con las herramientas que tenés.
Imagínate darle a un pintor un solo color para que haga un cuadro, lo limitás. Y en la música pasa lo mismo. Y no me voy a permitir no crecer o no nutrirme habiendo tanta música para poder investigar, aprender y para compartirla con el público.
¿En qué momento te diste cuenta, si es que te cayó la ficha en algún momento en particular, de que vos también eras parte del folclore, de la música popular?
No lo sé, pero te juro que no dejo de sorprenderme. Cuando vas a un concierto vas a ver al artista que está arriba del escenario. Pero en este caso me toca estar arriba del escenario a mí. Y tengo el privilegio, el honor, la bendición de estar arriba del escenario y ver el espectáculo que da el público. Que es un espectáculo totalmente distinto, pero a la vez también es compartido.
Y a mí no deja de emocionarme cuando la gente canta una canción que fue algo que por ahí vos sentiste y no te diste cuenta y canalizaste en una canción, pero que también acompaña la situación de amor o de desamor de otra persona, o la historia de vida del otro. Por eso a mí no deja de emocionarme que una canción sea un hilo conductor para compartir en algún lugar o a través de la música un sentimiento propio tan lindo.
¿Qué tiene que tener una buena canción de amor?
El principio del amor con la que se haga. Y después la historia, no sé. Eso es muy personal porque puede gustarte o no, pero las canciones que te llegan es porque te sentís identificado. Todas las canciones de amor que a mí me llegan de otros artistas y que me emocionan es porque veo la interpretación o la letra o la historia es similar o hay un arreglo de una cuerda o de una guitarra que decís “no puede ser”. Hay muchos factores para mí, y creo que más allá del autor y compositor cuando hace una historia, es la historia propia que vos le das. O sea, yo puedo hacer una canción pensando en el cielo, pero que sea una canción de amor y la otra persona lo puede interpretar de cualquier otra forma. Es de la manera en que llega a tu alma o a tu corazón cada canción que escuches.
En esta cuestión del seguir amando que atraviesa uno de tus nuevos discos, de renovar ese amor. ¿Uno tiene que dejar de dar las cosas por sentadas y decir “esto no es natural”, el renovar ese vínculo constantemente?
Me sorprende todo el tiempo. En el mientras tanto, trabajo. No creo en la suerte. Creo que todo lo que uno se propone y quiere lograr es cuestión de dedicación, de darle tiempo, de seguir perfeccionándote. Yo tomo mis clases de canto, sigo tomando mis clases de foniatría, cuido mi cuerpo, entreno. Y el resto son circunstancias que se dan en la vida, pero creo que son mucho más fáciles si te encuentran trabajando. Como te dije antes, estoy cantando y hay un montón de personas que cantan una canción tuya y eso no deja de emocionarme y de sorprenderme. Eso para mí es muy loco, es muy extraño. Porque no es rutina. Porque el día de mañana ya no cantás más o no estás y se terminó. Pero en este presente que lleva casi 30 años, un concierto no es igual al anterior ni va a ser igual al de mañana. Ya hay un día de diferencia, ya no sos el mismo, creces un día más. Entonces siempre hay algo distinto que a mí no deja de sorprenderme.
Ahora tenés dos discos publicados muy cerca del otro, estás de gira. ¿Te buscás también los momentos de descanso?
La música se compone de silencios y los silencios para mí son muy importantes. El silencio en general, no tan literal. Pero sí me gusta el momento de descanso. Siempre digo que me gusta mucho irme de gira porque me gusta mucho volver de la gira. Me encanta el proceso de irme de viaje para hacer un disco o para iniciar una gira. Pero cuando termino, disfruto de estar en mi casa, con mis perros, con mi esposa. La juntada con amigos, con la familia, el partido de fútbol, de tenis, salir a correr. Que en definitiva es la dosis de energía que necesito para volver a salir. Pero sí, me parece que son súper necesarios esos momentos de pausa, de que no te escuchen y ir uno a escuchar para seguir nutriéndose.
¿Ahí juega también esta lógica actual de la aceleración constante, esa presión que también tienen los artistas de tener que estar todo el tiempo en la conversación?
Sí, hay una presión y cuando veo que empieza a hacerse carne, trato de salir de ahí porque soy más chapado a la antigua. Pasé por todas las etapas: antes te sentabas a escuchar música, hoy la música siempre está como de fondo porque estás haciendo diez mil cosas a la vez. Trato de no subirme a ese jet que va a diez mil por hora porque no le aguanto el ritmo, no sé cómo hacerlo.