El crédito es sin dudas un pilar fundamental en el entramado económico de Uruguay, desempeña un rol crucial en el fomento del crecimiento empresarial y económico. Los créditos deberían habilitar a familias, empresas y entidades gubernamentales a acceder a bienes y servicios, así como a invertir, sin depender exclusivamente de recursos financieros líquidos.
Según el Banco Mundial, poder acceder al crédito se erige como un componente esencial de la inclusión financiera, la cual constituye un factor determinante para la consecución de una amplia gama de Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), establecidos por las Naciones Unidas.
No contar con acceso a servicios financieros básicos en general, tales como una línea de crédito que permita llevar a cabo transacciones, conlleva a situaciones de exclusión financiera.
Entre los motivos de la falta de acceso al crédito, hay temas vinculados al historial crediticio de las personas, prácticas discriminatorias, limitaciones comerciales, brechas digitales o la presencia de esquemas de usura, entre otros motivos.
El negocio de los créditos
La importancia de este sector de la economía invita a entender con mayor detalle qué está sucediendo en Uruguay. También ha sido parte de la agenda política de algunos partidos los temas relacionados con las altas tasas de interés que se aplican en el país y la situación comprometida de más de medio millón de uruguayos por no poder pagar sus deudas.
Al mismo tiempo, los bancos importantes protagonistas del mercado de créditos, tuvieron un histórico año de ganancias, siendo precisamente los intereses recibidos por los créditos otorgados un factor clave para las abultadas cifras logradas.
En este artículo se intenta abordar el sector de créditos desde diversos ángulos de modo de comprender mejor este sensible sector de la economía que tiene sus luces y sombras.
Los dueños del negocio de créditos
Este negocio está reservado a ciertas instituciones (bancos, cooperativas de crédito, financieras). Los bancos son quienes tienen el mayor menú de opciones de crédito para los clientes. Además realizan intermediación financiera por lo que captan depósitos del público, recursos dinerarios (o que se pueden convertir en dinero) con los cuales alimentan su negocio de crédito.
Por su parte, las financieras (organizadas como empresas administradoras de crédito, empresas otorgantes de crédito o empresas de servicios financieros) tienen una gran participación principalmente en el negocio de tarjeta de crédito o préstamos al consumo. A diferencia de los bancos, las financieras tienen prohibido captar depósitos del público y deben destinar sus recursos propios para dedicarse al negocio del crédito, con limitadas posibilidades de fondeo externo.
El negocio bancario en general ha resultado sumamente rentable en el último periodo. Según los datos del Banco Central del Uruguay (BCU), en 2023 las ganancias de los bancos privados superaron los US$ 600 millones y si se adiciona la ganancia obtenida por el Banco República (BROU), se superaron los US$ 1.200 millones de ganancias, otro año récord.
De esa histórica ganancia, una porción importante (56%) responde a los intereses recibidos del negocio de créditos. Le siguen los intereses recibidos por las comisiones asociadas a servicios prestados por las entidades bancarias, como son las comisiones por tarjeta de crédito, débito, giros, transferencias, administración de valores, administración de cuentas, entre otras.
Los bancos dueños de su propia financiera
La “torta” del negocio del crédito formal se reparte entre los bancos comerciales (estatales o privados) o mediante las financieras de las que son también propietarios en varios casos.
Actualmente, los bancos que además son dueños de su propia financiera son los siguientes:
- Itaú, propietario de OCA
- Santander, propietario de Creditel y Crédito de la Casa
- Scotiabank, propietario de Pronto!
- BBVA, propietario de Crédito de Valor
Esta foto del mercado de crédito actual es muy diferente a lo que ocurría en la década de los 90´ cuando llegaron a convivir 26 bancos en la plaza financiera uruguaya.
Las financieras, con importante “know how” en préstamos populares, no siempre estuvieron en manos de los bancos. El fenómeno de concentración arrancó hace unos 15 años a partir de adquisiciones de financieras importantes, una tendencia que reflejó el fuerte interés del sector bancario en acaparar el negocio de préstamos para los sectores medios y bajos de la población.
El dinero es la materia prima principal de este negocio, por lo que la posibilidad de abrir nuevas financieras se enfrenta a ese obstáculo. Dado que precisamente son los bancos quienes tienen exceso de liquidez, ese podría ser un factor que explique su participación vía adquisiciones de las financieras.
Es así que todos aquellos que pretendan desarrollar el negocio del crédito, al tener prohibido captar fondos del público mediante depósitos, deben recurrir a su competidor para nutrirse del dinero y emprender.
Líderes en cartera de créditos otorgados
En cuanto al stock de crédito, bancos públicos y privados nuclearon en conjunto saldos de crédito por más de US$ 23.000 millones en 2023, según los datos de la consultora Exante. Asimismo, existe un volumen de crédito en manos de otras instituciones no bancarias cuya estimación ronda los US$ 2.200 millones.
Los créditos representaron el 46,3% del activo total de los bancos en diciembre de 2023.
El banco más grande en cantidad de créditos otorgados es el BROU. Dentro de los bancos privados quien lidera el negocio de créditos según tamaño es el Banco Santander, seguido del Itaú y en último lugar el Bandes.
Negocio en crecimiento
En 2023 el stock de créditos subió un 16% (medido en dólares) comparado con el año anterior, siendo este el segundo año de crecimiento en tasas superiores al 10%, habiéndose observado un aumento del 10% en 2021 y un aumento del 20% en 2022.
A nivel internacional y en atención a los valores mencionados, Uruguay aún mantiene espacio para el crecimiento.
Es posible cuantificar el crédito actual a empresas en el entorno del 16% del Producto Interno Bruto (PIB) y el crédito a familias en el 13% del PIB nacional. Si se compara con datos a nivel internacional, países como Estados Unidos o los integrantes de la Unión Europea tienen volúmenes de crédito que se sitúan en el entorno del 75% del PIB. Chile tiene un volumen del 50% y Paraguay un 37%.
Es decir, el contexto nacional actual permite admitir al crédito como una herramienta positiva y saludable de inversión que contribuye a la satisfacción de necesidades de capital, de trabajo o de proyectos diversos.