Leonardo Carreño
El jueves que viene se cumplen 70 años de la fecha en que Walter asumió y desde allí, siempre hubo uno o hasta dos de sus hijos en la sanidad de Peñarol.
Si bien Walter falleció en junio de 1985, ya en enero de 1980 había comenzado como ayudante su hijo Alfredo quien estuvo en el cargo de jefe de la sanidad desde el fallecimiento de su padre hasta octubre de 2013: 33 años en el club. Su padre estuvo 36.
Desde esa fecha hasta estos días, el jefe de la sanidad aurinegra es Edgardo Rienzi y las intervenciones quirúrgicas de los futbolistas las practica su hermano Daniel.
Ambos recibieron a Referí para hablar de este que seguramente es un récord Guinness: una familia de médicos durante 70 años ininterrumpidos en un mismo club.
Edgardo llegó con algunas camisetas de Peñarol que son históricas. Como la del clásico 100 por el Uruguayo que usó nada menos que Fernando Morena cuando hizo un golazo en la hora para el 2-1 de chilena. Y otra que usó Antonio Pacheco en el clásico 200 que terminó 1-1. Y una tercera firmada por todo el plantel que disputó el clásico del 5-0 de 2014.
Leonardo Carreño
Previo a este pasaje por el club, Edgardo ingresó en 1982 y estuvo en las inferiores. Recuerda en especial la Quinta división que después fue el plantel principal de 1987 que ganó la Copa Libertadores.
Daniel trabajó también en el básquetbol de Peñarol desde 1982 a 1994. Ganó aquel Federal histórico a Bohemios y el título de campeón sudamericano 1983. En las inferiores de fútbol hasta 2002, hasta volver en 2013.
Alfredo estuvo en momentos inolvidables del club como el título de la Libertadores 1987 y el segundo quinquenio de Peñarol.
Walter tiene tantos títulos que son difíciles de ordenar. Estuvo en el primer quinquenio aurinegro, en las Copas Libertadores ganadas en 1960, 1961, 1966 y 1982, las Intercontinentales de 1961, 1966 y 1982 y la Supercopa de campeones intercontinentales de 1969. Más 21 Campeonatos Uruguayos, contando el citado quinquenio.
Edgardo recuerda cuando su padre lo llevaba a Los Aromos. “Con siete años, jugaba al truco en pareja con Spencer y le ganábamos a todos. Yo tenía una liga bárbara”, dice sonriendo. Con el paso de los años, lo fue a ver al CTI cuando tuvo problemas cardíacos. “Siempre tenía alguna salida. Más allá de la gravedad, recuerdo que me decía que le dolían las rodillas como queriendo hacer una broma en un momento complicado”, dijo el actual jefe de la sanidad carbonera a Referí.
Walter fue deportólogo y fisiatra, además del creador de la especialidad Medicina en el Deporte en Uruguay. Cuando nadie había pensado en eso, este médico con una historia tremenda puso la piedra fundacional en algo que a futuro fue determinante.
Cristian Rodríguez
Alfredo también es deportólogo a la vez que es especialista en la fisiología del ejercicio. Más allá de esto, muchas veces en el pasado habló con Referí respecto a los viajes de Peñarol y hasta de la selección a jugar a la altura, ya que investigó y expuso muchísimo sobre este tema.
Referí intentó hablar con Alfredo varias veces para esta nota y también dejó varios mensajes, pero no recibió respuesta.
Para no ser menos que su padre y hermano mayor, Edgardo también es deportólogo.
Daniel se especializó en traumatología y es quien realiza las intervenciones quirúrgicas de los futbolistas de Peñarol. “Iba a seguir ginecología, pero después me decidí por mi especialización actual y específicamente me especializo en rodilla”, explicó.
También tienen una hermana que es reumatóloga aunque no trabaja en Peñarol. Entonces, de los hermanos, casi todos fueron médicos.
Pero no es algo que su padre Walter les haya inculcado, sino que cada uno siguió el camino que quiso en la vida.
Lo que sí fueron un común denominador para los cuatro hombres médicos de la familia han sido los colores amarillo y negro de Peñarol.
“La sanidad de Peñarol durante un tiempo funcionó en la sede de la calle Maldonado. Pero recuerdo que después era en casa porque allí atendía papá a los jugadores”, recuerda Edgardo.
“Es verdad”, acota Daniel, quien sostiene que “Coquito Rodríguez se hacía la fisioterapia en casa y después se quedaba a almorzar”.
Leonardo Carreño
Junto con Peñarol, Walter tuvo otro amor en el deporte. Es que fue uno de los socios fundadores del club Universitario cuya sede y cancha quedaba en la calle Humaitá cerca del Liceo Dámaso Antonio Larrañaga y con el paso de los años se fusionó con Urunday para formar Urunday Universitario. Su primera sede estuvo en el Parque Rodó.
“Papá fue el primer presidente de Universitario. Le encantaba el básquetbol”, dice Edgardo.
Y agrega: “Se hizo muy amigo de (Juan Alberto) Schiaffino y lo llevaba con su esposa al básquetbol a ver a Universitario. Pepe se hizo seguidor del club, ya que lo iba a ver casi siempre durante años”.
A Edgardo y a Daniel les gusta hablar de su padre. Lo recuerdan con mucho cariño, emoción y orgullo.
“Él priorizó la familia y entonces, por más que trabajaba en Peñarol, se recibió en 1975. Fue posponiendo su carrera por nosotros. Después hizo el posgrado de fisiatría y quería crear la especialidad de Medicina del Deporte, cosa que pudo hacer”, dice Edgardo.
Fernando Álvez, un histórico arquero de Peñarol y de la selección uruguaya con la que disputó los Mundiales de 1986 y 1990, contó a Referí que “Walter salvó mi carrera. Si no hubiera sido por él, no hubiera atajado más”.}
¿Qué había sucedido? Lo cuenta Edgardo quien tiene una memoria tremenda: “Fernando llegó a Peñarol con una fractura de escafoides –uno de los principales huesos de la muñeca–. Le habían aconsejado que se operara en Buenos Aires y estaba decidiso a ponerse una prótesis. Papá le dijo que si hacía eso, en el primer pelotazo que le pegaran en la mano, la prótesis iba a pegar en el travesaño. Álvez recién empezaba su carrera prácticamente, era muy joven y lo convenció de hacer un tratamiento médico. Lo hizo y después no faltó nunca en los partidos”. Para Álvez fue fundamental porque además, era una lesión en una mano y el era arquero.
A su vez, Daniel recuerda que cuando el contador José Pedro Damiani se iba de viaje “siempre le decía a papá: ‘Te dejo mi familia a cargo’”.
Un recuerdo imborrable que tiene Edgardo –actual jefe de la sanidad aurinegra– fue el vestuario del Estadio Nacional de Santiago de Chile después de ganarle en la hora a Cobreloa 1-0 con gol de Morena la Copa Libertadores de América.
“Fue lo más emocionante por la forma en que se ganó. Todos los jugadores llegaban llorando de emoción al vestuario. Alfredo y yo acompañamos al viejo. Después cuando llegamos a Montevideo, veníamos en un ómnibus que la gente se subió al techo y lo hundió. Fue una experiencia impresionante”, cuenta Edgardo.
En esa copa, Mario Saralegui tenía problemas antes del partido con Flamengo. “Tenía un dolor en el antepié que no lo dejaba caminar, un dolor muy atípico y se venía Flamengo. Mi padre entendió que era un empuje de gota, le hizo la prueba terapéutica y santo remedio. En horas, vi llegar a Mario a casa. Se bajó de un Fusca que tenía y bajó corriendo. Pasó de no poder caminar a correr por lo que le diagnosticó papá”, agregó.
Edgardo también participó en la recuperación de Pinocho Vargas.
Leonardo Carreño
“Fue algo distinto, porque me acuerdo que llevamos pelotas al Centenario y fuimos hacia el arco de la Ámsterdam con él. Tenía un menisco roto en una rodilla. Yo le levantaba centros y él le pegaba para ver si soportaba el dolor. Finalmente, pudo viajar a jugar la final con Cobreloa en Chile, pero le pegaron un planchazo a los pocos minutos y lo sacaron del partido”, dice.
Daniel se suma nuevamente a la charla y recuerda que cuando fue a aprender y a mejorar sus conocimientos sobre cómo realizar una artroscopía de rodilla en La Plata, Argentina, el Dr. Leandro Ranaleta, le dijo: ‘Te tengo una sorpresa’. “Me invitó a cenar y allí estaba Aguirre Suárez, uno de los campeones de la Copa Libertadores con Estudiantes porque mi padre los había ayudado. En 1968, cuando vinieron a jugar la finalísima con Palmeiras, llegaron a Montevideo con siete lesionados”. Y ahí agrega Edgardo: “Los lesionados eran Aguirre Suárez, Conigliaro, Madero, Bilardo, Pachamé y otros. El médico de entonces en los pincharratas, Roberto Marelli, pidió la ayuda de papá, además de poder concentrar en Los Aromos. Mi padre los ayudó y pudieron jugar todos para ser campeones. Papá era hincha de Estudiantes y desde allí, siempre lo invitaron para que fuera a ver varios partidos a La Plata. Luego de ese encuentro, la revista El Gráfico sacó una nota que decía ‘Gracias doctor’, y aparecían testimonios del médico y de los jugadores agradeciendo a mi padre”.
El video de Roberto Marelli y Walter Rienzi en el cual el médico de Estudiantes le agradece al de Peñarol.
Daniel operó en los últimos tiempos a Walger Gargano, Mathías Corujo, Thiago Cardozo, Adriano De Freitas –todos de rodilla–, la clavícula de Hernán Novick y el tendón de Aquiles de Marcel Novick y de Marcelo Zalayeta luego que se retiró del fútbol.
“Otro que adora a papá es Fernando Morena. Si bien lo operó (Carlos) Maquieira de su fractura contra Venezuela, mi padre estuvo todos los días en su recuperación. Se generó un vínculo más especial del que ya tenían de muchos años de conocimiento”, cuenta.
Uno de los lindos recuerdos de Daniel con Peñarol fue “el clásico del ocho contra 11 en 1987. Lo disfruté desde la Ámsterdam”.
El actual médico aurinegro tiene dos nombres: Edgardo (por Ghiggia) y Gastón (por Máspoli). “A Peñarol lo tenemos metido en los genes”, dijo. Y si será así: 70 años en el club. Toda una dinastía.
LAS CIFRAS
2 Rienzi en los dos quinquenios. En el primer quinquenio de Peñarol estuvo Walter durante los cinco años y en el segundo, su hijo Alfredo.
8 títulos internacionales. Obtuvo Walter como médico de Peñarol: las Libertadores 1960, 1961, 1966 y 1982, las Intercontinentales 1961, 1966 y 1982 y la Supercopa de 1969.
8 títulos. Consiguieron desde octubre de 2013 Edgardo y Daniel Rienzi: tres Campeonatos Uruguayos y una Supercopa Uruguaya, más un Torneo Apertura y tres Torneos Clausura.
LOS TIEMPOS DE AHORA
“No alcanza con tener un apellido. Uno cada vez está más expuesto a ser juzgado porque todo trasciende enseguida”, dijeron a coro tanto Edgardo como Daniel. Si bien a ambos los puede haber ayudado que su padre estuviera en Peñarol como médico, una vez que ellos asumieron hace muchos años, ya sea en el básquetbol como en las juveniles y ahora con el plantel principal, se fueron haciendo con el tiempo y hoy tienen su reputación ganada a fuerza de trabajo y sacrificio, más allá del apellido.
LAS FRASES
Edgardo Rienzi (Jefe de sanidad de Peñarol)
"Todos los hermanos Rienzi tenemos más de 50 años de socios de Peñarol; somos todos vitalicios”.
"Tengo un recuerdo hermoso de haber visto con mi padre la final Intercontinental contra Real Madrid en el Centenario en 1966”.
Daniel Rienzi (Integrante de la sanidad de Peñarol)
"Otro que adoraba a papá era Fernando Morena porque si bien él no lo operó de su fractura, estuvo día a día en su recuperación”.