"Los pescadores son componentes centrales del sistema. Tienen interacciones con muchos actores, con instituciones, interactúan con los ecosistemas de forma cotidiana", dice Federico Fraga, economista uruguayo que lidera una investigación sobre las interacciones en Isla de Lobos. El estudio mapeó, por primera vez, quién se conecta con quién en esa isla: pescadores, operadores turísticos, instituciones, especies. Y dentro de ese mapa, los pescadores resultaron ser los actores más conectados de toda la isla.
En entrevista con El Observador, Fraga explicó cómo se construyó ese mapa. Su equipo estudió el sistema completo de interacción entre los valores ecológicos, como lobos, leones marinos, tortugas, mejillones; los actores que usan el área a diario y las instituciones que deberían gestionarla. Para lograrlo, el estudio incorporó el análisis de redes, una metodología aportada por la investigadora Ana Inés Borthagaray, del Centro Interdisciplinario de Ciencia de Datos y Aprendizaje Automático (CICADA). Esta herramienta les permitió traducir todas esas interacciones en un mapa de nodos y vínculos, capaz de mostrar qué componentes están en el centro del sistema y cuáles quedaron en los márgenes.
"Los pescadores son un punto de entrada muy fuerte para involucrarlos en un proceso más activo de co-diseño, co-manejo y co-gestión del área", contó Fraga. Esa centralidad, dice, no es exclusiva de Uruguay. En distintos países donde se hace conservación marina, involucrar a los pescadores en el monitoreo y la gestión de áreas protegidas es cada vez más habitual, porque son quienes mejor conocen el territorio.
Algo de eso ya ocurre en Isla de Lobos de manera informal, sin que exista todavía un programa que lo organice. Pescadores que reportan a DINARA avistamientos de especies poco frecuentes, por ejemplo. "Son ojos en el mar que están ahí todos los días", dijo Fraga, y podrían dar alerta ante cambios preocupantes o señalar actividades no permitidas si se les diera un rol más formal.
¿Hay resistencia de parte de los pescadores para colaborar? "No, para nada. Es un grupo heterogéneo: posiblemente hay pescadores que tienen más interés en participar de instancias de intercambio, otros que tienen menos, pero como grupo seguro que siempre van a estar dispuestos a que se los haga parte", respondió Fraga. Lo importante para ellos es que se les haga parte. "Muchas veces se convoca a los pescadores una vez que las decisiones ya están tomadas, y eso no es lo ideal: no se les está dando el espacio para hacer aportes reales para el diseño del área", agregó.
A los pescadores también les conviene que el ecosistema esté sano, porque su sustento depende directamente de él. Participar del diseño de las reglas que protegen esa área sería, entonces, una inversión en su propio futuro económico.
"Notamos que los actores locales no perciben esa presencia de los ministerios en el territorio", dijo Fraga sobre otro de los hallazgos del estudio: las instituciones de gobierno tienen vínculos sorprendentemente débiles dentro de la red. El caso que más sorprendió al propio equipo fue el del Ministerio de Turismo, con apenas una o dos conexiones en todo el mapa, a pesar de que Isla de Lobos está a media hora de Punta del Este y recibe a diario, en temporada alta, operadores turísticos que llevan visitantes a avistamiento, nado con lobos marinos, buceo y snorkel.
Las instituciones de gobierno tienen mandatos formales (el Ministerio de Ambiente y la DINARA deben abogar por la conservación y el monitoreo ecológico), pero eso no siempre se traduce en presencia sentida en el territorio. "Quiero que se entienda bien: no es que estén sentados en la oficina sin hacer nada, hay mucha gente trabajando muchísimo en la DINARA, en el Ministerio de Turismo. Lo que perciben los actores locales es que a veces no se busca el diálogo con ellos, o no se los hace participar como a ellos les gustaría", aclaró Fraga.
Esa misma distancia apareció en la conversación en un terreno más concreto: la fiscalización. Los actores locales reportan que la presencia de Prefectura Naval haciendo vigilancia en el área no es algo que perciban en el día a día. "El Ministerio de Ambiente es el ministerio con menos presupuesto, o el segundo con menos presupuesto, del Estado. Y dejan la vida por esto", dijo Fraga. Y conectó el problema con su causa estructural: "Si para nosotros la conservación ambiental como país es una prioridad, hay que dotarla de recursos acordes a esas ambiciones. Decir 'vamos a conservar el 30% del mar uruguayo para 2030' queda muy bonito como historia. Para hacerlo efectivamente hay que apostar, y eso implica invertir".
El compromiso que menciona es real: en 2022, el entonces ministro de Ambiente, Adrián Peña, lo anunció en la Conferencia de los Océanos de las Naciones Unidas, en Lisboa. Hoy, Uruguay protege formalmente menos del 1% de sus aguas.
Isla de Lobos es Área Marina Protegida desde 2024, la primera área completamente oceánica del Sistema Nacional de Áreas Protegidas de Uruguay, pero todavía no tiene un plan de manejo. En ese vacío profundizó la investigación de Fraga, que cursa un doctorado en la Universidad de Wageningen (Países Bajos) junto a Omar Defeo (Facultad de Ciencias, Udelar), Ana Inés Borthagaray, del Centro Interdisciplinario de Ciencia de Datos y Aprendizaje Automático (CICADA), y Andries Richter. El estudio se publicó en la revista científica Marine Policy.
El plan de manejo está, por decreto, a cargo del Ministerio de Ambiente, en coordinación con la DINARA y el Ministerio de Defensa. Es esa instancia la que debería traducir el decreto en reglas concretas: qué actividades se permiten, cómo se regulan, qué presupuesto se destina y, según lo que propone este estudio, qué lugar ocupan los pescadores y demás usuarios del área en ese proceso.
Fraga es claro sobre el rol que pretende tener la investigación. No busca reemplazar el proceso institucional, sino que ofrece un insumo académico, basado en evidencia recogida directamente de quienes usan la isla todos los días. "El intercambio con las instituciones de gobierno ha sido muy bueno. Cuando los convocamos para hacer entrevistas, participaron activamente, y cuando les compartimos los resultados, los recibieron muy abiertamente", contó. Para Fraga, que el plan de manejo todavía no exista no es motivo de alarma: "No es un desastre, es parte del proceso".
Lo que viene ahora, dice Fraga, depende del Ministerio de Ambiente. La academia ya hizo su parte: investigó y entregó el mapa de interacciones clave. La pregunta que queda abierta es si ese mapa se va a usar para diseñar el plan de manejo, o si va a terminar archivado junto al decreto.