La iniciativa comenzará a partir del mes que viene a dictarse en los municipios. Además, se replica por zoom en otros gobiernos departamentales que carecen de profesionales formados.
Gestión de emociones
Sandra Suárez está al frente de la Dirección de Género y Diversidades, que pertenece al Departamento de Convivencia Ciudadana de la Intendencia de Maldonado. Hace algunas semanas, concurrió a la Comisión de Presupuesto de la Junta Departamental para explicar los alcances del articulado del proyecto de modificación presupuestal del gobierno de Miguel Abella, que comenzará a regir el 1° de enero del año próximo.
En esa oportunidad, Suárez dijo que desde centros educativos se solicita que profesionales de la Dirección concurran a dictar distintos talleres, entre los que se encuentra uno de “masculinidades”.
Explicó que el encargado del curso es Omar Maresca, un profesional vinculado a la temática, que también dicta los talleres para Rocha, Lavalleja y Treinta y Tres, porque en esos departamentos no hay un profesional que los realice.
“Desde el Instituto Nacional de Derechos Humanos, pidieron poder replicarla en otras intendencias, por el trabajo que estamos haciendo”, agregó la jerarca.
En diálogo con El Observador, Suárez indicó que, en algunos casos, quienes participan de esos talleres son hombres derivados por el Poder Judicial.
¿Cómo surgió la propuesta de dictar este tipo de talleres?
El Dispositivo de Atención a Varones Agresores (DAVA) es un modelo de capacitación para erradicar la violencia intrafamiliar masculina. La propuesta surge de la necesidad de abordar la violencia de género, no solamente en la atención y protección a las víctimas, sino también con los varones que ejercen violencia, buscando modificar creencias, aprendizajes y conductas que los sostienen. El proyecto parte de considerar la violencia como un fenómeno sociocultural y plantea que además de los abordajes individuales, el trabajo grupal permite una intervención específica, multidisciplinaria y sostenida.
¿Cuándo comenzaron a realizarse?
En un principio eran honorarios, hace unos seis años se contrató a Omar Maresca, un profesional con trayectoria previa. El presupuesto prevé incorporar un técnico más, especializado en masculinidades, para ayudarlo.
¿Qué objetivo persigue la Intendencia con la iniciativa y qué resultados se están obteniendo?
El objetivo es erradicar y disminuir la violencia que ejercen los varones hacia sus parejas y sus familias. Se trabaja en la modificación de creencias de superioridad, de procesos que llevan a la violencia, el reconocimiento de distintos tipos de violencia y desarrollo de herramientas para gestionar las emociones de manera asertiva. La Intendencia entiende que trabajar con varones que ejercen violencia constituye una parte integral de la prevención y erradicación de la violencia de género. El dispositivo funciona mediante dos grupos semanales de dos horas, uno presencial en Maldonado y otro virtual desde el 2021 con alcance nacional. Además, existe un proceso de seguimiento de las familias y cambios durante el proceso.
En algunos casos los destinatarios son hombres derivados por el Poder Judicial. ¿Tienen acuerdos con otros ámbitos?
El proyecto establece que el ingreso al grupo es voluntario, aun cuando haya una derivación judicial. El varón debe reconocer que tiene un proceso intrafamiliar y asumir que tiene un problema. Estamos haciendo talleres en Secundaria, el mes que viene en los municipios.
¿En qué consiste la colaboración con otros departamentos?
Solo dos departamentos que tenemos masculinidades: Montevideo y nosotros. Desde otros departamentos nos llegan las órdenes judiciales; en 2021 se instaló el dispositivo virtual. Lo han tomado a nivel nacional para replicarlo. Sería fantástico para replicar en las otras intendencias, porque una persona sola no da abasto con la cantidad de personas que tienen los dispositivos. Si bien en las instancias que tuvimos con el Instituto Nacional de Derechos Humanos se sugirió que hubiera dispositivos de masculinidades en todas las intendencias o a nivel nacional, todavía no está reglamentado. Estamos en ese trabajo previo.
La deconstrucción
El sociólogo Omar Maresca dicta los cursos de masculinidades para la Intendencia de Maldonado y otros gobiernos departamentales.
Foto cedida por Omar Maresca.
Hace unos años, Omar Maresca, un docente y licenciado en Sociología, comenzó a dictar cursos en el Instituto Nacional de Empleo y Formación (Inefop). Le dijeron que esos talleres debían incluir un enfoque de género, algo que resultaba novedoso para él.
“Era un curso de profesionalización del trabajo doméstico, cuando todavía se estaba trabajando la ley del empleo doméstico. En aquel entonces estaba con la creencia de que el género era cosa de mujeres, y como sociólogo nunca había tenido la inquietud de profundizar al respecto”, recordó Maresca en una charla con El Observador, a la que concurrió acompañado de su pareja, Nicolina Paolini, también vinculada a temas educativos, de género y diversidad.
Maresca y su familia, oriundos de Ciudad de la Costa, se radicaron en Maldonado en 2012. En un principio militó con el exdiputado frenteamplista Darío Pérez y cuando el exlegislador retornó al Partido Nacional, se vinculó al Movimiento de Participación Popular. Fue candidato a alcalde de Punta del Este por el Frente Amplio, pero aclara que en su trabajo vinculado al género no hay ninguna referencia ni relación con la política.
Cuando comenzó a dictar los cursos en Inefop, se enfrentó a realidades a las que no esta habituado: mujeres que tenían que quedarse cuidando a sus hijos porque así lo establecía su pareja; otras que no podían salir cuando lo desearan; y casos más extremos en los que había amenazas con armas de fuego.
“Eso generó en mí una sensibilidad muy importante. Acá en Maldonado encontramos una sociedad que, en primera instancia, vivimos como con un carácter muy violento. Hoy en día ya nos acostumbramos”, explicó Maresca. Lo que consideró “violento” era el vínculo entre hombres y mujeres.
Se relacionó con una ONG de Montevideo “que trabajaba el tema de las masculinidades” y comenzó a buscar opciones en Maldonado. Enseguida constató que trabajar con varones no es una tarea para cualquiera, porque implica “estar haciendo permanentemente un cuestionamiento de las prácticas cotidianas”.
Maresca tiene 65 años. “Arranqué a trabajar mi deconstrucción alrededor de los 50”, explicó. “Lo primero que hice fue trabajar mi persona, mis violencias en las 24 clases, como sugiere el método” que dicta ahora en los talleres organizados por la Intendencia, explicó.
Violencias propias y ajenas
En los primeros seis años en Maldonado, Maresca dictó de forma honoraria los talleres que dirigía en un espacio cedido por la Intendencia de Maldonado. Después de un tiempo, durante el gobierno del exintendente Enrique Antía, fue contratado como docente y mantiene esa modalidad hasta ahora.
La mayoría de los hombres que participan de sus talleres son derivados por el Poder Judicial. En Maldonado existen cuatro juzgados especializados en violencia de género, una cifra superior a la de la mayoría de los departamentos.
Antes de “poder trabajar las violencias ajenas”, Maresca dijo que tuvo que trabajar las suyas.
¿En qué consistió ese proceso?
Cuando vas a participar al grupo, llevas eventos de tu vida donde vos sientas que ejerciste violencia. Cuando hablamos de violencia, hablamos básicamente de cinco tipos de violencia: violencia emocional; violencia verbal -en forma de menosprecio, amenaza o cosificación-; violencia económica; violencia física; y violencia sexual.
No quiere decir que no haya otro tipo de violencia, como hablamos ahora de violencia digital y otro montón de cosas. Pero trabajamos con eso. Entonces, se llega al grupo, se comparte una situación de violencia y luego se va analizando, utilizando los conceptos del manual con la metodología que trabajamos.
En algunos casos los manda la Justicia, ¿hay hombres que asistan por decisión propia?
¿A veces me preguntan si los hombres vienen solos, yo diría directamente que no. Porque si no lo manda el juez lo manda la novia, la pareja, la madre.
Los primeros grupos con los que trabajó Maresca estaban formados en su mayoría por jóvenes. “Llegamos a convertir esos primeros movimientos en un colectivo de varones que hacía espacios de reflexión sobre el ejercicio de la masculinidad violenta. Pero eso desapareció con la pandemia”, se lamentó.
La actuación judicial
El Poder Judicial se comunica con la Intendencia de Maldonado y desde la Dirección de Género le trasladan la situación a Maresca. Hasta ahora, a los talleres no ha concurrido ningún condenado por violencia de género o femicidio, sino que son casos de hombres denunciados por mujeres,sobre los que se dictaron medidas cautelares.
“No quiere decir que la persona esté siendo condenada, sino que la potencial víctima o víctimas están siendo protegidas. Si no hay una violación de esa medida cautelar, la medida termina, a no ser que la potencial víctima que se siente víctima o que fue víctima, diga que no se siente segura y continúen las medidas”, explicó.
De acuerdo a su experiencia, los hombres de “mayor nivel socioeconómico se resisten a venir a un grupo de este tipo” porque “no se quieren exponer”. Muchas de las derivaciones del Poder Judicial corresponden a personas que viven en situación de calle.
En promedio la mayoría tiene alrededor de 40 años, si bien se acercan jóvenes de 18 impulsados por sus parejas o algunos de más de 70 años, a los que considera “los más duros” para este tipo de instancias.
Los grupos de trabajo se reúnen durante 24 sesiones a lo largo de seis meses. La cantidad máxima de personas que puede participar de la instancia es 20. La cifra varía según las derivaciones; según Maresca el número más conveniente se ubica entre 12 y 14. Hasta ahora, pasaron por los talleres unas 500 personas
“Nosotros llevamos estadísticas y presentamos informes de intendencia. En el año 2024, por ejemplo, pasaron alrededor de 132 varones por ese grupo. En el 2025 bajó y creo que este año tiene una tendencia también a la baja”, explicó.
¿A qué lo atribuye?
A cuestiones coyunturales. A veces cambian los jueces; los jueces y las juezas rotan. A veces te promueven. A una excelente jueza te la mandan para Montevideo porque es muy buena, está todo el centralismo. Nos atraviesan un montón de las prácticas. Entonces la persona que viene no tiene el hábito o no se conoce bien. Esto no es algo que se conozca en todo el país. No hay juegos, pero estamos permanentemente trabajando.
Cambio de vida
Maresca definió su tarea como “un compromiso”. “Es un compromiso con la sociedad, con la vida. Es una coherencia porque cuando yo te explico, cuando yo hago el proceso en el cual trabajo mis violencias a mí me cambia la vida. Me cambia la relación con mis hijos, con mi pareja, con las mujeres”, señaló.
“Esto para mí es importante en la creencia de que uno tenía un vínculo adecuado con las otras personas vos te vas dando cuenta que ejerciste violencia toda la vida sin darte cuenta”, concluyó
Hace algunos años, Maresca decidió dejar de participar de las movilizaciones del 8 de marzo por el Día Internacional de la Mujer.
¿Por qué decidió hacerlo?
Teníamos la convicción de que debíamos participar, porque la causa era la misma, pero la presencia de un cuerpo masculino podía estar moviendo sensibilidades de mujeres que hayan tenido lo que llamamos heridas de género. Entonces, simplemente por el respeto, decido no participar y busco participar desde otro lugar. No estando allí presente, sino apoyando que las compañeras puedan ir. Nos pasó un 8M que acompañamos y estábamos trabajando con las compañeras trabajadoras domésticas, y los medios de prensa venían hacia mí en vez de ir a las mujeres. Fue la prueba que yo no tenía que estar porque no debía ser mía la palabra
Muchas veces, en lo que respecta a violencia intrafamiliar, las que la ejercen son las madres contra los hijos. ¿Ustedes también trabajan sobre eso?
No, nosotros trabajamos con varones. Hay mujeres violentas, pero nosotros trabajamos violencia de género. Violencia de género siempre es violencia hacia la mujer. Lógicamente hay ONG, espacios que protegen y que trabajan con la violencia femenina hacia sus hijos habrá, habrá otros ámbitos, pero no es el lugar de donde nosotros trabajamos
¿Qué lectura hace del ataque de un estudiante de Medicina a una compañera de clase?
Venimos de dar dos talleres con adolescentes de 14, 15 y 16 años para trabajar. Esto esto no es un tema de un loquito suelto por ahí, es un tema de lo que construimos como sociedad . Ese sujeto como quedó bien claro en la prensa, encontró un campo fértil para seguir adelante con todo lo que fue su acoso hacia la muchacha que decía estar locamente enamorado. No encontró límites en una sociedad que mira para el otro lado. Tenemos que aprender a leer esas señales, a mirar un poquito para adentro.