Cerro Amarillo es un paraje rural al norte de Uruguay. Eso es lo primero que hay para decir. No llega siquiera a la categoría de poblado. Y allí, entre arrozales y ganadería extensiva, en estas elecciones 2024 el voto casi dejará de ser secreto: hay solo seis habilitados para votar.
Edgardo Ney Machado, un productor rural de la zona, recuerda que cuando votó por primera vez, hace 35 años, eran “una multitud: 14”. Pero la demografía fue haciendo su efecto. Algunos vecinos se mudaron a la ciudad y a otros los mató la edad.
Por eso este militante blanco “como hueso de bagual” sabe que su voto casi no guarda secreto. Cuando se abra la urna del circuito de la escuela rural de Cerro Amarillo, habrán más votos observados que de vecinos del lugar. Y aunque la Corte Electoral junte el escrutinio con otros circuitos —por eso de preservar el secreto—, el chusmerío hará saber al instante qué votó cada uno.
“Es que somos bien poquinhos”, dice este uruguayo con acento de portugués de frontera. “Pero yo ni loco me pierdo la oportunidad de votar…”, agrega.
En Cambará de Arapey, en Salto, pasará un fenómeno parecido: hay solo 10 habilitados para votar. Es una rareza si se tiene en cuenta que el promedio de habilitados en los 7.106 circuitos del país ronda los 382 electores.
El plan circuital (que puede revisarse aquí) da cuenta de la marcha poblacional uruguaya. El promedio de edad de los habilitados para votar es cada edición más envejecido. De hecho, hay 13 circuitos en que los votantes promedian más de 90 años.
A diferencia de otros sistemas electorales, en Uruguay es imposible saber a ciencia cierta el comportamiento electoral según las edades de los votantes. Las únicas dos aproximaciones son las encuestas de opinión pública o los promedios de edad de los circuitos (que, como todo promedio, puede verse afectado por los corrimientos extremos… por aquel veterano que mudó su credencial o el joven que sufraga en un circuito de viejos).
Uruguay es un país envejecido
Si se tiene en cuenta el promedio de edad del circuito, el departamento de Soriano reúne los extremos. Allí hay están los dos circuitos más jóvenes del país, cuya media es de 23 años: uno funcionará en la escuela 15 y otro en la sede la OSE.
Pero también en Soriano está el circuito más envejecido: en el liceo José María Campos habrá una urna cuyos convocados a sufragar promedian los 94 años (superan en casi dos décadas la esperanza de vida al nacer en el país).
En el Uruguay en que el electorado es una demostración del envejecimiento poblacional, la séptima parte de los circuitos tienen un promedio de edad que supera los 65 años (son adultos mayores, como le dicen los técnicos).
La lista de habilitados también da cuenta del vaciamiento poblacional en algunos departamentos y el leve crecimiento en otros. Por ejemplo: Lavalleja tiene menos votantes ahora que en 2019. A la inversa, Maldonado es el que más crece.