8 de noviembre de 2026 5:00 hs

Entre los sacerdotes, religiosos, consagrados y seminaristas que colmaron la Catedral Metropolitana para tener un rato de oración con el papa León XIV este viernes, estaban los cinco agustinos que viven en Uruguay. El pontífice tuvo un gesto con ellos y los recibió aparte unos momentos para saludarlos, además de dedicarles una mirada cómplice y una amplia sonrisa. Ellos son fray William, fray Rafael, fray Wesley, fray Mauricio y José Luis. Para ellos no se trataba únicamente de ver al Sucesor de Pedro tras 39 años sin visitas papales en Uruguay; estaban frente a un hermano que comparte sus mismas raíces espirituales.

"Cuando él nos vio a los agustinos, abrió una gran sonrisa hacia nosotros", dice fray William, párroco de la comunidad agustiniana en Santa Rita, Punta Gorda. La anécdota sintetiza el clima de alegría y renovación que atraviesa a esta congregación que hoy vive horas excepcionales en el marco de la gira apostólica del papa.

La feijoada del cónclave y el mano a mano en la Nunciatura

El vínculo de los religiosos con León XIV —el cardenal estadounidense Robert Francis Prevost antes de su elección— no es nuevo. Fray William lo conoció en 2012 durante una visita pastoral a Brasil cuando el hoy Papa era el prior general de la orden. Aquel intercambio fraterno "fue un momento de convivencia, de fraternidad. Nos preguntaba cosas para alegrarnos, hacía unas bromas muy buenas". El joven fraile le manifestó su deseo de salir a misionar por el mundo, donde la orden lo convocara. La respuesta de Prevost combinó pragmatismo y cercanía: "Termina la Teología y después hablamos". Hoy, William lleva siete años misionando en Uruguay.

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Aunque en estos días trascendió una foto de Prevost con los agustinos supuestamente en una visita que había hecho a Uruguay como superior, fray William corrige el dato erróneo: "La foto que trascendió es de cuando fue a Brasil. Esta es la primera vez que viene a Uruguay".

Además, rememora cuando se enteraron por la TV que había sido elegido papa en el cónclave, que los sorprendió en plena labor comunitaria. "Estábamos acá en la parroquia, en la reunión mensual con curas de la zona, compartiendo la mesa y comiendo una feijoada brasilera cuando salió el humo blanco", relata fray William. Al anunciarse el nombre de Prevost, la sorpresa dio paso a la euforia: "Saltábamos de alegría, nos abrazábamos. Nadie lo esperaba". La fecha sumó un condimento simbólico para la orden: era 8 de mayo, festividad de Nuestra Señora de la Gracia, advocación agustiniana originada en el siglo XIII.

Tras un breve cruce en la Catedral el viernes, la agenda sumó un encuentro mucho más íntimo. Los frailes pudieron reuinirse a solas unos minutos con su hermano en la Nunciatura Apostólica antes de que el papa saliera para Casavalle. Si bien originalmente se habia pensado en que León XIV pudiera trasladarse hasta la parroquia de Punta Gorda, finalmente la apretada agenda no lo permitió..

Para este mano a mano, la comunidad preparó regalos vinculados a su arraigo local: libros conmemorativos sobre la historia de su colegio y de la parroquia, que celebró 70 años de presencia en Uruguay.

Consultado sobre qué llevaban pensado para decirle al papa, Fray William dice: "Primeramente saludarlo, y pedirle que rece por nosotros, por el país, por nuestras comunidades, que tanto necesitamos, por la perseverancia de sus comunidades y por el surgimiento de nuevas vocaciones consagradas".

"Ya está dejando un mensaje de paz, de unidad, un mensaje de cristianismo, de mucha alegría, ¿no? Solo mirar a las personas ayer en la catedral, en la plaza sobre el discurso que fue muy bueno, con perspectiva. Necesitamos abrir más el corazón, con esa alegría,del vicario de Cristo, después de 39 años nos visita el Santo Padre y nosotros como agustinos tenemos alegría también de poder recibirlo. La alegría de ser cristianos donde estemos, nosotros como extranjeros que somos desde Uruguay".

Quiénes son y qué hacen los agustinos

La Orden de San Agustín (O.S.A.) es una de las órdenes religiosas mendicantes históricas de la Iglesia Católica. Su identidad nació inspirada en el pensamiento, la regla monástica y los escritos de San Agustín de Hipona (año 354-430 después de Cristo). Su unificación canónica se formalizó en el siglo XIII mediante bulas pontificias de Inocencio IV (1244) y Alejandro IV (1256), quienes congregaron a diversas comunidades de Italia.

Los rige la máxima «Un solo corazón y una sola alma hacia Dios» (Anima una et cor unum in Deum). Su escudo característico exhibe un corazón ardiente atravesado por una flecha. Profesan votos de pobreza, castidad y obediencia, integrando la vida fraterna en comunidad.

Dentro de la orden, todos ingresan para ser frailes en igualdad de condiciones. Durante la formación en el seminario, cada miembro discierne si orienta su vocación hacia el sacerdocio —asumiendo la administración de sacramentos como la misa y la confesión— o si permanece como fraile consagrado. La familia agustiniana abarca además a las monjas de clausura (Segunda Orden) y a fraternidades de laicos (Tercera Orden).

Históricamente ligada a la docencia, la filosofía y la investigación teológica, la orden administra universidades, colegios y parroquias a nivel global. De sus filas formaron parte figuras de enorme repercusión histórica, como Gregor Mendel —padre de la genética moderna— y Martín Lutero antes de la Reforma.

La huella agustiniana en Uruguay

La presencia de la orden en el país data de 1932, año en que los primeros frailes llegaron para asumir la atención de la parroquia Nuestra Señora del Sagrado Corazón y San Pablo, en el barrio Maroñas.

Tras un paréntesis en el que regresaron a España en 1942, los agustinos volvieron al país en 1949 provenientes de Buenos Aires para radicarse en Punta Gorda. En esa zona consolidaron su obra civil y pastoral más reconocida con la fundación, en 1958, del Colegio y Liceo Santa Rita de Casia, estrechamente vinculado a su comunidad parroquial.

Actualmente, la comunidad residente en Montevideo está conformada por cinco religiosos: cuatro de origen brasileño y un español. El desafío vocacional local sigue abierto: en los últimos años ingresó un aspirante uruguayo, pero resolvió no continuar con la vida consagrada.

Con la llegada de León XIV y el eco de su homilía en la Catedral —centrada en evitar atarse a las obras y reconducir el corazón hacia lo esencial—, los frailes esperan que este impulso renueve el interés de los jóvenes locales por el carisma agustiniano.

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