4 de noviembre 2024 - 5:00hs

Lucas Sugo, el popular músico nacido en Tacuarembó habló con Alejandro Fantino en una charla emocionante de principio a fin. Sugo cuenta acerca de sus días de fama pero también sobre las carencias de su niñez, y sobre una compleja historia familiar que marcó su vida. La entrevista fue realizada antes que el músico sufriera un accidente.

Alejandro Fantino : Lucas querido, gracias. Pero gracias te voy a decir por qué: te viniste desde Rivera, decí que manejó Elías.

Lucas Sugo: Sí, tenía que estar. Tenía que estar porque es un privilegio estar frente a ti. Vos no te podés imaginar el tamaño de ese sentimiento de admiración que tengo hacia tu persona y hacia la calidez con que encarás la profesión, por eso de verdad es un placer.

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AF: Me emocionó, viniste con un amigo tuyo, Elías, que me dijo algo que me shockeó. Habla muy bien de vos de estar siempre con los mismos, con la gente de tu pueblo. Me comentó Elías que en algún momento te había dicho 'algún día te vas a hacer una charlita con Ale' y el tipo vino a acompañarte.

LS: Son de esas cosas lindas y que quedan en este camino: los afectos nobles que están, que siempre han estado y que siguen y celebran este tipo de concreciones que son las emocionales. Y bien lo dices, cuando no pasaban cosas en mi carrera, Elías estaba y en alguna que otra tertulia de dos o tres amigos que felizmente siguen vigentes hasta el día de hoy quedó eso. Quedó en el tintero de conocerte y él me dijo: “si un día te entrevista Fantino quiero ir a conocerlo”. Y hace unos días voy le mando un whatsapp y le digo: “¿sigue pendiente aquello que hace como 15 años atrás habíamos hablado?” y le digo: “Venite conmigo para Montevideo”.

AF: Hay que disfrutar estas cosas que te pasan. Uno no tiene que engancharse mucho porque si no perdés el sentido donde estás. Tiene que ser natural esto. Te vuelve loco. Decís, ¿cómo puede ser que alguien quiera venir a conocerme? ¿No te pasa a vos?

LS: Hay unas mescolanzas tan lindas que nuestros espíritus viven, que debo confesar que me sigue sorprendiendo igual ese tipo de cosas, ese tipo de ida y vuelta de afecto genuino por parte de la gente. El cariño que queda, el que se filtra después de algunos shows, de algunas canciones.

AF: ¿Cómo es tu equipo?

LS: Elías vino conmigo, Diego Sorondo es mi manager.

AF: Diego me contaba que siempre te tomás el tiempo de sacarte una foto con todos los que te piden. Ya sea en lugares chicos o como un día en el Luna Park que te quedaste hasta las cuatro de la mañana, para sacarte fotos con todos.

LS: Lo veo como una feliz necesidad. Viene por el lado de la conciencia total de la gratitud, de tener el cuello bien lubricado para mirar para atrás y ver de dónde vengo. Y en ese trayecto uno ve que la gente empujó, y que sigue empujando. Y uno ve que la masa muscular, emocional y que sostiene toda esta carrera viene por el lado popular y no solamente de la voluntad o la motivación que uno pueda tener para emprender este camino. Sé que es una frase trillada pero yo trato todos los días de bajar a tierra el discurso y de ser agradecido en una panadería, de ser agradecido en un supermercado, en una esquina y estar siempre con predisposición a un segundo, a una foto, a un abrazo.

AF: La historia humana cuenta miles de leyendas sobre la fuente de la eterna juventud ¿está en Rivera? Son todos jóvenes, están con los nylon puestos.

LS: 4.6 el motor. Está un poco usado, ¿sí? pero creo que creo que estos últimos años, me he desayunado con la necesidad de vivirlos. Quiero vivir con los perros, andar a caballo, comer una naranja.

AF: ¿Vivís en Rivera?

LS: Vivo en la zona rural de Rivera. Vivo en el campo. Rivera es el lugar donde está mi corazón. Yo nací en Tacuarembó, que queda a 100 kilómetros de Rivera, zona norte del país, todo el interior y la zona norte de Uruguay. Rivera tiene esa particularidad que es una frontera, la frontera seca con con el hermano país con Brasil que tiene esas cosas lindas de dar un paso, estás en una plaza, das un paso y estás en otro país. Eso genera una riqueza cultural muy fuerte y arraigada de mi tierra. Hablamos mucho en portuñol, hay una mistura de culturas que generan un sentimiento de pertenencia no quiere decir que queremos ser como los de Brasil, tenemos nuestras particularidades, el himno nacional que nos eriza es el uruguayo, los goles de Cavani y los goles de Suárez son los que nos hacen emocionar. Pero tenemos cierta idiosincrasia propia de esa zona que somos el producto de esa incidencia cultural, de ese monstruo cultural como es Brasil.

AF: En sociología se llama frontera difusa. Vivir en lugares de frontera difusa te construye, sos una especie de fusión. Me tocó vivir un año en Posadas, Misiones, frontera difusa con Encarnación Paraguay. Terminás teniendo términos de la frontera difusa y consumís la música de la frontera difusa. Hay mucho de fusión en vos y te pregunto ¿qué te influyó desde Brasil? ¿qué te venía sonando? Porque la mejor influencia es aquella que no buscas sino que te suena adentro. Estás componiendo algo y te suena un instrumento. ¿Qué te llegaba?

LS: Me suenan muchas cosas en el aroma a cena de casa cuando mamá iba pelando las verduras y la música de Roberto Carlos por ahí en la vuelta y la música de Wando por ahí en la vuelta. Después en la adolescencia fuimos buscando y hurgando por otros géneros.

AF: ¿Y de acá qué entraba?

LS: Varios acordes de Zitarrosa, sonoridades de Los Olimareños, Rubén Rada, Jaime Ross. Mucho folclore, la música de tierra adentro con Larbanois- Carrero, Santiago Chalar.

AF: La voz tiene un color particular y el tipo que tiene un color definido, está salvado. Vos tenés un color tan trabajado. ¿Es natural o lo trabajaste?

LS: Sí. Qué cosa tan linda es poder mirar cinco años para atrás y ver que era otro, y mirar diez años para atrás y ver que era otro todavía. Felizmente veo una especie gradual, pero de superación, esa búsqueda de generar un contenido artístico y una propuesta artística que le pueda llegar a la gente. Para eso uno tiene que tratar de hacer las cosas de la mejor manera posible, con esa búsqueda de sonoridades para que la gente pueda retener un color que yo he apuntado a la parte más dulce, la parte más romántica. Direccionó mi canto, direccionó mi carrera, para tratar de llegarle al corazón de la gente. Estoy muy emocionado de estar acá con vos, te lo que quería volver a decir.

AF: Esto es una charla. ¿Vos crees que yo aprendí a conversar? Yo me crié en la conversación. Vengo de un pueblo como vos y mi papá conversó al lado mío desde que yo tenía tres años. Mi papá limpiaba un bolillero con grasa de litio y hacía una ronda de mates y venían todos los amigos. Después iba a la cosecha. Yo tenía cuatro años estaba ahí con autito y mi viejo empezaba a preguntarles de a uno cómo andaban. Y la pregunta iba y la respuesta venía entonces yo converso y para mí no hay tema chico. Entonces es lo que yo aprendí a ser de chico y te lo pregunto a vos, yo siento que vos también sos construido de chiquito con lo que hacés. ¿No nos conecta eso?

LS: Exacto. Nos recontra conecta. Soy un poco ese producto de esa formación constante, la génesis viene de allá, del hogar.

AF: Hablando mal y pronto, vos no empezaste a componer para ganar plata.

LS: Claro que no.

AF: Yo no empecé a entrevistar para ganar plata. Yo no tengo ganas de conversar con cualquiera.

LS: Todos esos primeros impulsos vienen por la necesidad de expresar lo que uno tiene en el corazón.

AF: ¿De qué familia venís? Contame de tu papá y tu mamá.

LS: Mi mamá se llama Lucía Rodríguez, mi papá se llama Lucía Rodríguez. Mamá, ese horcón en casa, esa fuente, gracias a Dios, inagotable de valores. Era la que arreglaba la cisterna, la que tenía que atornillar porque se caía la cortina y yo veía a mamá subiendo en un banquito y atornillando. Con ese tornillo iba la valoración del esfuerzo, con ese tornillo iba eso de que me estaba enseñando de que hay que hacer las cosas y no hay que quedarse quejándose y buscando otro que haga. Yo todos los miércoles voy a su casa y le cocino.

AF: ¿Qué edad tiene?

LS: 68. Arrancó bien joven. Cuando yo tenía dos años, salió de Tacuarembó. Docente recién recibida iba a las escuelas de campaña. Yo tengo recuerdos de chico de salir de noche, ir a la terminal, agarrar el ómnibus, bajar en la ruta, esperar a algún vecino que nos llevara camino adentro hacia la escuela. Y después el trayecto de vuelta que era complicado porque la escuela rural más o menos a las tres de la tarde se termina y ahí tenés que salir y a veces no tenés el ómnibus.

AF: ¿Mientras tu mamá daba las clases vos te quedabas ahí jugando?

LS: Al principio jugando y después ya en el jardín. Muchas veces no llegábamos al cruce de ómnibus y teníamos que hacer dedo, por lo cual volvíamos muy tarde a casa. Mamá llegaba y se ponía a cocinar. Ahora me doy cuenta. Yo después de ese día llegaría muerto, me iría a un almacén y me compraba un pan, un fiambre y a comer. Pero se ponía a cocinar porque había un hijo allí y nos poníamos a jugar a las cartas, a la conga y al otro día arrancábamos de nuevo. Mamá se fue sola para la frontera, mi padre siempre tuvo problemas serios con el alcohol y se hizo muy difícil la convivencia. Yo lo vi a mi viejo tres veces nomás en mi vida. Pero destaco y resalto la entereza de mi vieja que llegaba y se ponía a cocinar y allá estaba Roberto Carlos sonando.

AF: Eso explica por qué sos lo que sos. Qué te va a costar a vos agarrar el auto y venir desde Rivera a charlar o quedarte cuatro horas después de un show firmando, si sos eso. Esto explica las cinco horas afuera del Luna Park, firmando. Si vos viste a tu vieja cocinando de noche. Hay una famosa frase de un filósofo que se llama Sartre que dice: “Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”. Entonces vos hiciste tu carrera con lo que hicieron de vos. ¿Tenés hermanos?

LS: Tengo dos hermanos. Tengo un hermano por parte de mamá, que se quedó con mis abuelos.

AF: ¿Te ves con él?

LS: Sí, me veo.

AF: ¿Y el otro hermano?

LS: Hace algunos años conocí a mi hermano por parte de padre.

AF: Me pasó con mi hijo. Tengo un hijo de 33 años que lo conocí a los 11 años. Yo hacía Mar de fondo y un día estaba en la puerta y apareció la mamá con Nahuel y me dijo “es tu hijo”. Y hace poco se conoció con mi hijo de cuatro meses.

LS: Es amor. Mi hermano por parte de padre se había comunicado por teléfono y yo no me fumaba mucho, me parecía que era para engrupir o algo. La última vez que vi a mi padre, estaba muy mal y le pregunté si tenía otro hijo y me lo negó. Al poco tiempo mi padre decidió auto eliminarse. Y el día que fui al velorio, entro al lugar y hay una persona al lado del cajón y hace así y era mi padre, mi padre jovencito. Y lo abracé. Fue un momento muy complicado para conocernos.

AF: ¿Y perdonaste?

LS: No nos hablamos. Creo que tengo un pequeño problema hasta el día de hoy conmigo: perdono, entiendo, después no, después pasan unos meses. Llega mi cumpleaños el 15 de abril y me acuerdo y no, no entiendo. ¿Por qué no apareciste un día y me tirabas una pelota o me dabas un calzoncillo o algo de regalo, un beso y te ibas?

Por lo menos un poquitito, un poquitito, te estoy hablando una media hora y después viene la conciencia y dice que hay algún por qué que es la cuestión esa de la enfermedad, entonces debo confesarte que convivo con ese conflicto interno. Yo soy cristiano, seguramente en algún momento nos vamos a encontrar y voy a seguir sin saber bien cómo abordar, sin saber bien si abrazarlo, si reprochar. No sé.

AF: Sos tan sincero, sos tan de traspasar, tenés algo que traspasa que no te permitís ni siquiera decir una frase que cualquiera diría y está bien que seas así y te permitís ir en esa ambigüedad. Algún día tendrás respuestas. Tal vez la encuentres con tus hijos. ¿Qué edad tienen?

LS: Tengo una pichona de 21 años, un pichón de 18 años y una pichona de 2 años y medio. Hace conmigo lo que quiere.

AF: Como decimos en Argentina ¿de administraciones diferentes?

LS: Sí. Por la cuestión generacional te das cuenta. La madre de mis hijos mayores es tremendo ser humano, tremenda mujer, tremenda madre. Tenemos un muy buen vínculo.

AF: No erraste una todavía en lo que yo siento que es una buena persona.

LS: Yo me portaba muy mal y obvio que en ese momento fue conflictiva la cosa, pero nunca mis hijos fueron salpicados. Después si, al año ya buscamos la armonía.

AF: ¿Cómo te pega el tema de los viajes?

LS: Es complicado. Yo venía desde el 2014 trabajando pero a lo loco y después de la pandemia empecé a meter realmente en la balanza las prioridades. Y entraba a pesar mucho más la familia.

AF: No querés ser el más rico del cementerio.

LS: Desde el año pasado dejo fines de semana libre. Uno para estar con mi pareja, salir a bailar. Desde los 14 años que intento hacer bailar a la gente. Y ahora hace un año yo he salido a bailar con mi patrona. A un baile en el interior, todavía tierra adentro, cumbia, bien del interior.

AF: ¿A dónde fuiste a bailar?

LS: A José Batlle y Ordóñez, un pueblo chiquitito, el departamento de Lavalleja, que mi mujer es de esa zona.

AF: ¿Vos estás construido artísticamente por esos bailes? Contame de ese baile. ¿Quiénes estaban?, ¿Cómo fue?

LS: Es en una zona del interior del país donde hay una ruta y en esa ruta varios pueblitos. Los pueblos tienen siempre una fiesta, una actividad al año y allí está la fiesta del raid, que es un enduro de caballos. Eso es una tradición.

Ese viernes tocaba Chacho Ramos. Y me puse a bailar con Antonela y te conectás bailando en pareja.

AF: Y eso te lo permitiste ese fin de semana.

LS: Es un disfrute impresionante, porque era uno más.

AF: ¿Tu música viene de esos lugares también?

LS: Claro que sí. Es esa mistura como hablábamos en el arranque: mistura de folclore, cumbia del interior, se llama charanga.

AF: Viste que en el mundo hoy triunfa la igualación: si jugás al fútbol en City Torque o jugás al fútbol en Nacional, tenés que jugar igual que un equipo en Marruecos o que el Real Madrid. Si presentás televisión, tenés que presentar como Conan O'Brien en Estados Unidos o como un presentador francés. Y hay como una cosa musical donde todo es iguala viste: el pro tool o sonido. Si ponés top 100 en apple music y pones aleatorio tienen todo el mismo ritmo. ¿Vos te tentaste o estás abierto a que te entre ese ritmo que te mundialice o vas a resistir desde la pista con Chacho Ramos tocando?

LS: Con Chacho Ramos tocando. A esta edad la prostitución artística no me va. En otra época capaz que sí.

AF: Pero estás abierto si te invita BZR a hacer una sesson.

LS: Sí, fusiones me encanta. Si me dejan colocar dentro de toda la parafernalia tecnológica algo orgánico, un poquito, un condimento orgánico. Que lo mío viene mucho más por el lado del orgánico, de cantar, cantar, o de ejecutar un instrumento, ejecutarlo. También trabajo con mezclas, trabajo con pro Tools, trabajo con Downs, con programas y uso Melodyne, Autotune, todas esas cosas. Todo eso hace parte, todo eso ayuda, todo eso decora, todo eso posibilita más opciones en la paleta artística. Pero siempre tiene que estar lo orgánico, como buque insignia. La voz tiene que estar, el canto tiene que estar, la afinación tiene que estar, mi color tiene que estar y a esa nota yo tengo que llegar y voy de nuevo y la expresión la tengo que tener y la emoción tengo que tener, grabo de nuevo, voy de nuevo.

AF: Como somos generacionales, pensaba cuando te escuchaba, ¿te acordás cuando la música se llevaba, se polinizaba, iba de un lado al otro por los camioneros y en las estaciones de servicio había un enrejado con los CD? Ya no hay más y ahora al tener tanto no llegás nunca a escuchar casi todo el tema. ¿Cómo luchas contra eso? ¿Cómo haces que tu música luche contra eso?

LS: Es muy difícil luchar con lo tan fácil que se hace tan difícil. Porque es muy difícil luchar con esta posibilidad que tenés vos, que tienen todas las personas que están mirando, de escuchar lo que quieran a la hora que quieran. Entonces, en un buen criollo: son muchos nenes para pocos trompos. Yo lanzo una canción hoy al igual que 350.000 personas que lanzaron hoy. Hay que remar mucho más, porque es mucho más fácil grabar para mí y para todos. Entonces el todo hace a que sea más difícil.

AF: ¿Tenés lista de reproducción? ¿Tienes Spotify? ¿Qué escuchás?

LS: Depende del estado anímico. En las mañanas folclore, en viajes más locura como Freddie Mercury. Puedo pasar para Plácido Domingo, tranquilo, lo paso, y voy a Axel de los Guns.

AF: ¿Consumís folclore argentino?

LS: He tenido la posibilidad de cantar en el festival del chamamé, soy enfermo por Chamamé, tuve el privilegio de grabar con El Chaqueño, tuve momentos muy lindos con Jorge Rojas, hemos grabado algunas cosas juntos, con Francisco Cuestas. La expresión hermanos nos sienta muy bien porque lo es culturalmente hablando, somos hermanos. Entonces este contacto, este vínculo, hace a que uno si escucha folclore y pone folclore viene lo tuyo, viene lo argentino, viene Horacio, viene Mercedes, viene la camada nueva como Soledad, Abel Pintos, Los Nocheros.

AF: ¿Cómo competimos con la profundidad de ustedes?

LS: Siempre hubo un respeto por el texto, Uruguay siempre buscó eso. Si hablamos de referentes en el canto no tenemos tantos, si hablamos referente en la composición tenemos muchísimos, si hablamos referentes en la interpretación tenemos muchísimos.

AF: Déjame decirte un referente de la interpretación que el otro día lo vi en tele acá que me vuelvo loco y para mí están en categoría Dios: los hermanos Fatorusso.

LS: Si, no son Uruguay, es el mundo. Y obvio que para todo uruguayo es un privilegio y un honor enorme tener a ese tipo de referentes tan grandes.

AF: Del interior sos el primero que hizo un Centenario. Un artista me decía que a veces se ponía en modo dron. Tengo un botoncito interno, toco el modo dron sale mi alma hacia arriba desde el dron, ve dónde estoy me saco una foto de donde estoy y me vuelve otra vez el alma en modo dron. ¿Te pusiste modo dron en el Centenario?

LS: Felizmente no, porque creo que no iba a poder cantar. El “cuiqui cuiqui” iba a ser muy fuerte. Los Olimareños fueron el dúo de folclore que llegó también al Estadio Centenario en una época. Pero con el movimiento este de la música tropical genuina fui el primero y estamos hablando de la certeza de que si llego a los 90 años voy a estar en una estufita y si llego a tener nietos o bisnietos les voy a comentar eso y me voy a emocionar.

AF: Pasan fenómenos como el tuyo en lugares donde hay mucho arte. Yo soy muy amigo de Luis Salinas que es bastante amigote de José Mercé y de Raimundo Amador. Viven todos en el barrio 800 en la zona de Sevilla, no sé. no sé dónde están, pero bueno ahí todos tocan y todos cantan y son todos gitanos y son todos buenos. ¿Vos sentís que hay muchos como vos en tu zona o sea o sos un caso único?

LS: Yo vengo de un lugar donde hay: no pululan, pero no escasean. Donde quizás hay una mentalidad que veo que está cambiando y felizmente estos últimos tiempos, que soy un 10, soy un 10 que juego bien, soy un 10 , un 10, pero no voy allá a probar a Montevideo o algún lugar y me paro allá y pruebo en un cuadro y pruebo en otro. Soy un 10 pero me quedo jugando en mi campito. Y me quejo de que nunca se me da la oportunidad. Y las gotas de transpiración tienen que ser constantes. Te digo porque también lo viví. Muchos de muchos años de mi vida yo hacía cosas en mi zona y sólo me quejaba de los capitalinos. Prendía la tele y me quemaba de que no había nadie del interior. Sentado en mi casa. Y cuando vine empecé a golpear puertas: algunas se abrieron.

AF: ¿Cuál es tu punto de equilibrio? Hay algo que los romanos llamaban fasto, que es el destino que si tenés buen fasto, hagas lo que hagas se te va a cumplir. Y si tenés mal fasto, hagas lo que hagas no vas a llegar. Por ejemplo, en la política argentina, no te voy a dar nombres, pero hay un político que en algún punto te da pena personal, el tipo intentó todo lo posible ser presidente y no llega, porque no tiene buen fasto, no se trata de ser mala o buena persona. Dirían los romanos, los dioses no lo eligieron. Y hay gente que tiene un buen fasto y llega. Si vos me preguntás a mí, cómo miércoles puede ser que yo esté charlando con vos en El Observador, el medio más importante de Uruguay, vos sos una figura internacional y yo esté haciéndote una entrevista. Y tuve buen fasto. Yo no vine a buscar esto a Buenos Aires, vine a dar clase de tenis y volví a la cosecha con mi papá por esas cosas de la vida le relaté un golcito un chiquito que estaba tomando la clase de tenis conmigo, me tomaron una prueba en Radio Mitre y ahí empezó mi carrera. Yo no busqué esto. Después me fui formando. Empecé a estudiar, todos salían de joda, iban de boliche y yo me quedaba durmiendo para que la voz no me carraspeara el otro día en un gol de Boca, empecé todo bien, empecé Mar de fondo, me formaba, estudiaba, pero tuve buen fasto. Ahora tuve un punto de equilibrio, conocer a una persona que me abrió la puerta con Anselmo Marini, tuve buen fasto. Mi pregunta es, ¿tenías buen fasto? ¿O pateaste tantas puertas que finalmente venciste el fasto? O hubo una puerta y un punto de equilibrio que se abrió y cambió.

LS: Está bueno eso de relacionarlo con el fútbol, soy muy bueno pateando al arco, no soy muy bueno embocándole al arco, pero pateo. Y entre tantas veces entró una que se llama 5 minutos que es una canción que fue el famoso golpe de suerte que la gente a veces habla. Soy consciente de que yo no soy un buen pateador, yo soy un constante pateador.

AF: Vos sos un constante pateador, hacés esa diferencia. ¿Y cómo entró 5 minutos?

LS: Felizmente no sé cómo entró.

AF: ¿Le tenías fe a esa canción?

LS: Me parecía que era una canción que iba a caminar. La compuse allá por el 2013 y la grabé en el 2014, cuando la grabé yo tenía un home studio en casa, y ahí grabé la canción. Y empecé a percibir algunos indicios, lo mío era muy regional. Yo en esa época funcionaba del Río Negro para arriba, en la zona norte. Y me acuerdo que después que la grabé, me puse a cocinar en casa y la empecé a tararear.

Largamos la canción y a la semana que habíamos largado veo en Rivera a un veterano silbando el estribillo. Entonces me di cuenta que un hit se tararea fácil y un hit llega a esa generaciones o a ese público que no es cautivo. Y esa canción catapultó mi carrera.

AF: ¿Tuviste una sorpresa con Luis Suárez en Barcelona?

LS: ¡Qué anécdota que me gusta contar! Por intermedio del Cebolla Rodríguez, un gran amigo que me ha dado la música y el camino, tuve la posibilidad de ir al Complejo Celeste y conocer a los muchachos y charlar. Y ahí conocí a Luis Suárez. Cuando fui a la primera gira de España, lo invito. Me dice que va a ir con un amigo. Entonces llegué al lugar y le avisé y vino, pero no me dio el tiempo de averiguar con quién. Entonces subo al escenario, miro a la derecha y estaba Luis Suárez con Sofía y Messi con Antonella. Fue el espectáculo más difícil en mi vida, porque tenía que retener la atención del público además. El show se dio bien, pero en la mitad del show ya pensaba cómo iba a hacer para sacarme una foto.

Y me bajo el escenario y miro y se empiezan a ir. Felizmente vino mucha gente a pedirme fotos y yo no sé decir que no entonces me empecé a sacar fotos y se fueron.

Te juro que podía haber dejado todo pero seguí, seguí, hay códigos, hay principios dentro de mí que los tengo muy grabados a fuego y seguí con las fotos y cuando subo al camarín estaban ellos ahí.

Empezamos a charlar y yo no sabía cómo manejarme, no quería ser Lucas Sugo, pero aguanté en el molde. Tan loco que después que se fueron empecé a llorar.

AF: Una pregunta, las letras ¿te las acordás todas o las leés?

LS: Empecé a leer, metí teleprompter ahora. Quiero tranquilidad porque en los espectáculos me parece que tiene que haber una responsabilidad y esa obligación de dar lo mejor, entonces yo no me puedo equivocar.

AF: ¿Dónde componés y qué te nutre para componer? Eso te lo quería preguntar. Salís a caminar y te cruzó adelante una mariposa de color, o de pronto te compraste algo en el otro lado, en Santana de Livramento y viste una parejita besándose en una plaza y te surgió. ¿Componés con chispazos o componés con otras cosas?

LS: Hace tiempo que no compongo.

AF: ¿Por qué, hermano?

LS: Porque siempre que lo hice fue porque me sentí sacudido en la vida. Ahí aflora la sensibilidad. Compongo, escribo, escribo, escribo, escribo. Las mejores canciones que escribí es porque la vida me ha dado cachetadas y empujones y sacudones emocionales.

AF: ¿Cinco minutos?

LS: Cinco minutos fue un caso excepcional de que vi un informativo y también hubo un sacudón emocional. La canción Cinco Minutos yo la escribí pensando en otra cosa, no en una historia de amor clásica, por eso quiero contextualizar mejor. Estaba mirando un informativo y me sentí sacudido.

La canción arranca: “Desarma esas valijas no cruces esa puerta ven y siéntate escúchame” bien cosa de madre. Sabes qué tipo de valijas y qué puerta. “No tires al vacío, todo lo vivido por alguien que ni sé quién es, no te dejes llevar por todo lo que dicen y debes comprobar que todo lo que quieren es hacernos mal esto” es el pedido desesperado de una madre que le hace a su hijo para que salga el mundo de los excesos. “Dame cinco minutos y nada más sólo cinco minutos y así verás mirándome a los ojos que no te mentí que mi amor es todo solo para ti. Cinco minutos y así sabrás que sos en el mundo mi amor mi paz. Desarma esas valijas no te vayas no, te pido de rodillas no me des tu adiós”. Viene por ese lado esa canción. Pero que tome el vuelo que quiera.

AF: Qué maravilla. Escuchá, la última pregunta te quiero hacer. Me tocó vivir en Colombia, trabajar en Colombia haciendo televisión y hacía un programa que se llamaba Escuela para Maridos y todas las parejas, los tipos venían de la zona costera, de la zona de Barranquilla, Córdoba. Los flacos eran muy salidores y poco volvedores eran desordenaditos, salían de vallenato. El flaco se le iba el lunes a tocar y volvían el viernes. ¿Cómo es tu zona? ¿Son pocos volvedores?

LS: Canilla libre de bandidos. Pero tratamos de salir de ahí hace un tiempo y debo confesar que estoy cómodo ahora donde estoy.

AF: Gracias por abrirme la puerta de tu vida acá en El Observador.

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