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17 de enero 2026 - 5:00hs

Desde que comenzó el llamado “éxodo masivo” desde Venezuela, a Uruguay siempre llegaron más venezolanos de los que se fueron. Pero en el 2025 —cuando todavía Estados Unidos no había capturado a Nicolás Maduro, cuando aún no se habla de invasión ni de transición de régimen—, se revirtió la tendencia: se fueron más de los que llegaron. ¿Qué explica esta novedad que reflejan los datos de la Dirección Nacional de Migración a los que accedió El Observador?

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En Uruguay se inventó un verbo que la Real Academia Española no lo acepta como tal: “nostalgiar”. Es la acción de ese sentimiento agridulce —que proviene del griego de “regreso” con “dolor”— y que ha caracterizado a buena parte del cancionero uruguayo a tal punto que en el país se festeja una Noche de la Nostalgia.

El fallecido antropólogo Daniel Vidart le había encontrado su explicación: la sociedad uruguaya se forjó de inmigrantes muchos de los cuales mantenían la añoranza de sus países de orígenes. Y ahí sí entra la primera definición de la Real Academia Española sobre la nostalgia: “Pena de verse ausente de la patria”.

Eso mismo les sucedió a muchos venezolanos que estaban residiendo en Uruguay.

Mariangeles González, coordinadora de viajes de la empresa Remextiven, especializada en las rutas de Venezuela a Uruguay y viceversa— lo ha visto en sus ventas y consultas: “Sin duda hubo un cambio de tendencia y va de la mano con la nostalgia. Siempre se extraña un poco y en el último año hubo un poco de mejoría (económica) en Venezuela. Los medicamentos siguen siendo carísimos, pero ya no hay tanta escasez. Pasa lo mismo con los alimentos, ahora se consiguen”. Y muchos sintieron en esa mejoría el impulso que les faltaba para retornar.

En algunos grupos de Whatsapp y otras redes sociales, los venezolanos usaban cada tanto en forma de meme la inscripción: “La cosa se arregló”. González aclara que la chanza es que “si bien hay menos escasez, es más fácil acceder a la vivienda y otros servicios, Venezuela está lejos de arreglarse… ni que hablar en lo político”.

Delcy Rodríguez, la “presidenta” encargada de Venezuela tras la detención de Nicolás Maduro, dijo en rueda de prensa que la economía de su país creció 8,5% en 2025. Y aunque la precisión del dato es cuestionada, los organismos internacionales han reconocido la expansión de la industria petrolera como posible explicación.

En 2022 —con la recuperación de la movilidad tras la pandemia—, Uruguay había registrado el mayor saldo migratorio positivo de venezolanos. Ese saldo no es otra cosa que el resultado de la resta de quienes ingresaron al país menos los que se fueron. “En los años siguientes fuimos viendo que el saldo seguía siendo positivo, con menor magnitud, pero Uruguay mostraba una diferencia con el resto de la región: era el país que en relación a su proporción venía recibiendo a más venezolanos, muchos de ellos que no habían tenido suerte en terceros países”, admite Lucila Pizzarulli, jefa de la oficina en Uruguay de la Organización Internacional para las Migraciones.

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Yo adivino el parpadeo / de las luces que a lo lejos / van marcando mi retorno. / Son las mismas que alumbraron / con sus pálidos reflejos / hondas horas de dolor. Es probable que Carlos Gardel le cantaba ese célebre tango a un amor, pero buena parte de la letra bien podría aplicarse al sentimiento de algunos venezolanos fuera de su hogar.

María de los Ángeles Abache aún no se fue de Uruguay, pero entiende a los que se fueron. Su esposo y ella llevan ocho años viviendo en Uruguay, “llenos de agradecimiento pero también de nostalgia, cansancio, añoranza, deseos, impotencia y con ganas de volver a un país libre. En Venezuela la mayoría de las personas no pagamos alquiler (porque es muy fácil el acceso a la vivienda), la mayoría teníamos auto y moto, vacaciones largas, muchos feriados y ni decir de nuestras playas”. Larga una carcajada.

La risa le dura poco y prosigue: “Algunos dejaron a sus madres, padres e incluso hijos allá, la tristeza interna ahoga, enferma y por eso muchos prefieren ahorrar un poco, volver y montar algún negocito, vivir con poco pero junto a sus seres amados”.

Abache es licenciada en Educación y como buena parte de la primera ola migratoria de venezolanos que captó Uruguay, su nivel de formación supera con creces a la media local y acaba desempeñándose en trabajos para los que quedan sobrecalificados. “Llegamos con la buena intención de aportar nuestros conocimientos, habilidades y destrezas, pero nos encontramos con un muro al ser complicada la reválida de títulos. Mi título está guardadito en un cajón, también el de mi esposo y el de muchos amigos. Nos ha tocado hacer cualquier tipo de trabajo, en el cual no teníamos ningún tipo de experiencia limpiando oficinas, casas, baños en una feria, depositarios, ayudantes de cocina, cuidadores, niñeras (con sobrecarga de actividades), fiambrería, reponedores, delivery, carga y descarga en ferias y un sinfin de cosas. El trabajo no denigra, pero no estábamos acostumbrados”. Y eso trae más nostalgia aún.

De quienes retornaron a Venezuela, mucho lo hicieron imaginando —tal vez deseando más que pensando— que se irían a encontrar con el país próspero que alguna vez fue. Entonces empieza a verse otro fenómeno que González, la coordinadora de viajes, nota como “novedad del último año”: venezolanos que vivieron en Uruguay y luego —parada por Venezuela mediante para saludar a los suyos o no— se van a Europa, con preferencia por España.

Aquello del “sueño americano” pase perder fuerza a la par que avanzan las políticas anti-inmigrantes del gobierno de Estados Unidos.

El sueño que se les hizo añicos a los cubanos

Pese a que se fueron más venezolanos que aquellos que llegaron, en 2025 el saldo migratorio general fue positivo. Y eso tuvo un motor principal: el arribo de más cubanos. El año terminó con el resultado más positivo de esa nacionalidad desde que hay registros.

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En partes de la isla caribeña se bromea con que los cubanos nacen tomando del biberón y con el “sueño americano”. Desde hace décadas está instalada la idea para muchos de que su futuro es en Estados Unidos.

Pero “la política de (Donald) Trump está influyendo en que muchos prefieran no arriesgarse a irse a Estados Unidos”, explica Valeria España, directora de la División de Protección Social para Personas Migrantes del Ministerio de Desarrollo Social.

Los cubanos ya no tienen tan asegurado su ingreso a Estados Unidos y los procesos de regulación implican riesgos que van más allá de lo administrativo. “La vida de muchos migrantes está en juego cuando en el proceso están involucradas las fuerzas militares”, dice España.

Pero las políticas no lo son todo, como en casi todos los procesos migratorios. “Hay otra razón clave para que más cubanos se estén quedando en Uruguay: el tiempo de permanencia hace que mejores las posibilidades para quedarse”.

Muchos cubanos también llegaron con títulos universitarios, pero en condiciones de bienestar bastante peores que la primera ola de venezolanos. Se les exige visa de ingreso, en su mayoría carecen de cuentas bancarias, ahorros (casi un imposible en la Cuba de los apagones), y han tenido que edificar sus nuevas vidas hacinados en la habitación de una pensión.

Mientras el presidente electo de Chile, José Antonio Kast, ya anunció como prioridad que el ingreso irregular a su país se tipifique como delito, Uruguay mantiene una política de puertas abiertas que excede los gobiernos de turno.

La opinión pública parece acompañarlo. Según la última Encuesta Mundial de Valores, Uruguay está entre los 15 países —de 90 sondeados— donde un mayor porcentaje de la población (80%) considera que la tolerancia y el respeto a otras personas es una cualidad a alentar a los niños. Y solo uno de cada diez uruguayo sostiene que es “malo” o “muy malo” el impacto de la inmigración para el desarrollo del país.

Los flujos que se compensan

Hay tres elementos que agrandan o achican a una población: los nacimientos, las muertes y la migración. En Uruguay la fiabilidad de los datos decrece en ese orden: los registros de natalidad son mejores que los de mortalidad (sobre todo que sus causas), y estos últimos son más precisos que los movimientos migratorios. Pese a ello los demógrafos llegaron a un consenso y así quedó expresado cuando hicieron las proyecciones tras el último censo: por más que algún año puede variar el saldo, el resultado migratorio tiende a cero: los que llegan se compensan con los que se van.

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En la mayoría de años de este siglo XXI, hay más uruguayos que se van de los que vienen. "Uruguay es un país expulsor de su población desde la década de 1960", había dicho una vez la demógrafa Adela Pellegirno. En 2025, por el contrario, hubo más ingresos que egresos, aunque la cifra es tan baja que "no mueve la aguja".

Con los extranjeros pasó al revés, hubo un incremento de los ingresos a Uruguay en este siglo XXI, sobre todo en la última década. Pero he aquí otra curiosidad: en el 2025 pasaron por los puestos migratorios más argentinos que aquellos que lo habían hecho en 2024, pero el saldo fue negativo (cuando venía siendo positivo).

Como dijo Galileo Galilei cuando la inquisición quiso hacerlo retractarse de sus descubrimientos: “Y sin embargo se mueve”. No solo la Tierra, sino también quienes la habitan.

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