5 de noviembre de 2026 17:09 hs

Aunque data de un par de décadas, el concepto de narcoterrorismo viene cobrando fuerza en la región, principalmente bajo el influjo de Donald Trump y su “escudo de las Américas”.

La idea genera controversias y es resistida desde el gobierno uruguayo, que ha evitado sumarse a la resignificación y continúa apelando al lenguaje diplomático más tradicional si tiene que referirse a organizaciones criminales, terroristas o narcotraficantes.

Pese a esto, el concepto fue el eje central de un encuentro organizado este jueves por el Centro de Estudios para el Desarrollo (CED) junto a las embajadas de Estados Unidos, Argentina e Israel sobre el “narcoterrorismo y las nuevas amenazas a la seguridad regional”.

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El evento tuvo como expositores al subsecretario de operaciones de la SIDE argentina, Diego Kravetz, al analista y académico especializado en política iraní, Medio Oriente y seguridad regional, Meir Javedanfar, y el fiscal nacional de Chile, Ángel Valencia.

A partir de algunos casos concretos –principalmente de Chile y la triple frontera de Argentina, Brasil y Paraguay– los tres plantearon que los avances del narcoterrorismo en Latinoamérica adquirían nuevas dimensiones y planteaban desafíos críticos para las instituciones, la soberanía y los Estados de la región.

Kravetz subrayó que la falta de presencia efectiva en sectores urbanos vulnerables permite a las organizaciones criminales imponer una lógica de autorregulación del espacio público.

En este sentido, enfatizó en procesos vividos en el conurbano bonaerense y Rosario en Argentina y planteó que luego que los grupos delictivos se consolidan en el territorio el Estado debe entrar dispuesto a “cabecear cascotes”.

"Si no manejas el territorio, todas las discusiones son en vano", señaló y remarcó que la fuerza pública no puede entrar "saludando" sino que debe asumir que la situación se tornará áspera.

Kravetz vinculó la problemática del territorio con la dinámica de la triple frontera, señalando que el narcotráfico y las organizaciones terroristas (como Hezbolá) convergen en tres puntos clave: la metodología de acción, los esquemas de financiamiento/lavado de dinero y las nuevas designaciones marco de seguridad internacional. Como ejemplo, citó las operaciones del ‘clan Barakat’ en la región, que utilizaban desde negocios lícitos hasta salas de juego para blanquear activos destinados al financiamiento de estructuras criminales y extremistas.

El jerarca de la SIDE destacó a la cooperación como única garantía y reafirmó que es el único mecanismo eficaz para combatir al narcotráfico y al terrorismo en Sudamérica.

Irán busca mercados

A su turno, Javedanfar planteó que Irán atraviesa una crisis económica “sin precedentes” producto de la confrontación directa con Israel y Estados Unidos, agravada por el bloqueo marítimo.

Señaló que la asfixia financiera ha alterado el financiamiento de sus organizaciones dependientes “como Hezbolá” algo profundizado por “la pérdida de su principal plataforma logística en América Latina” en referencia a Venezuela.

Como consecuencia de esto, Javedanfar advirtió que el régimen busca con urgencia nuevos mercados en el cono sur por lo que Uruguay debía estar atento.

A su entender, las redes iraníes y de Hezbolá ya no emplean a agentes de origen iraní o libanés, debido a los operativos de inteligencia que expusieron sus estructuras históricas en la triple frontera y han adoptado la estrategia de cooptar y financiar a bandas criminales locales, “tercerizando” la operativa para penetrar en la infraestructura comercial de la región sin levantar sospechas.

En este sentido, subrayó que la tecnología juega un rol determinante en la opacidad financiera y puso el foco en las criptomonedas, que son un "milagro para los criminales" porque permiten transferencias instantáneas de fondos globales con un solo clic sin los controles del sistema bancario tradicional. Como antecedente directo, citó las recientes detenciones en Brasil de células que empleaban activos digitales y plataformas encriptadas como Telegram o aplicaciones asiáticas para financiar el tráfico de drogas y respaldar a Hezbolá.

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