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27 de enero 2026 - 10:11hs

El fenómeno climático de La Niña está llegando a su fin y el Océano Pacífico ecuatorial comienza a transitar un breve período de neutralidad, antes de un probable evento de El Niño hacia los próximos meses. Así lo señala un análisis de Metsul Meteorología, que advierte que se trató de un episodio débil y de corta duración, similar al registrado en la temporada 2024/2025.

Fin de un episodio breve de La Niña

Según la evaluación de Metsul, La Niña se extendió durante cuatro a cinco meses, con temperaturas superficiales del mar por debajo del promedio en el Pacífico ecuatorial. Durante 14 semanas consecutivas, la región Niño 3.4 —utilizada como referencia para identificar los eventos de El Niño o La Niña— presentó anomalías iguales o inferiores a -0,5 °C, el umbral que define oficialmente este fenómeno.

Las anomalías más intensas alcanzaron los -0,8 °C en noviembre y a comienzos de enero, lo que confirma que se trató de un evento moderado y de escasa persistencia. De acuerdo con el último boletín de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), la anomalía actual en esa región es de -0,3 °C, un valor que ya se ubica dentro del rango considerado neutral.

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Para MetSul, más allá de que una sola semana en valores neutros no alcanza formalmente para declarar el fin de La Niña, el ascenso de aguas más cálidas desde capas subsuperficiales hace muy improbable un retorno al enfriamiento.

¿Habrá más lluvias en Uruguay y la región?

Con la retirada de La Niña, surge una pregunta recurrente en el Cono Sur: ¿mejorarán las lluvias en Uruguay, Argentina y el sur de Brasil? La respuesta, según los especialistas, es cauta.

Metsul advierte que la atmósfera no reacciona de forma inmediata al cambio de fase del Pacífico. Por ese motivo, en el corto y mediano plazo es esperable que persistan precipitaciones irregulares en zonas que vienen registrando déficits hídricos, entre ellas Uruguay y el centro de Argentina.

En el sur de Brasil, el foco de mayor preocupación sigue siendo la mitad sur de Rio Grande do Sul, una región que suele verse especialmente afectada durante episodios de La Niña, cuando las lluvias tienden a ser más escasas.

Neutralidad no es normalidad

Tras La Niña, el sistema climático entra necesariamente en una fase neutral, que no debe confundirse con condiciones normales. Durante la neutralidad del Pacífico pueden darse extremos climáticos asociados tanto a El Niño como a La Niña, lo que agrega un componente de incertidumbre a los pronósticos.

Las proyecciones de mediano y largo plazo indican que esta neutralidad sería transitoria. Hacia finales del verano y comienzos del otoño, se espera un calentamiento marcado frente a las costas de Perú y Ecuador, lo que podría derivar en un El Niño costero. Más adelante, entre mayo y junio, el calentamiento podría extenderse a toda la franja ecuatorial, configurando un El Niño clásico y de alcance global.

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Crecen las probabilidades de El Niño

Modelos climáticos internacionales refuerzan este escenario. Proyecciones de la Universidad de Columbia muestran que para el trimestre marzo-mayo la probabilidad de neutralidad alcanza el 88%, mientras que El Niño aparece aún como una posibilidad baja. Sin embargo, ese panorama cambia progresivamente: para el trimestre junio-agosto, la probabilidad de El Niño sube al 48%, y para julio-septiembre supera el 50%.

Los expertos señalan que, una vez superada la llamada “barrera de previsibilidad” —un período del año en el que los modelos son menos confiables—, los indicios a favor de El Niño se vuelven más consistentes.

Qué implica un evento de El Niño

El fenómeno de El Niño se produce cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial se calientan más de lo normal y los vientos del este se debilitan. Su contraparte es La Niña, caracterizada por aguas más frías y vientos más intensos. Estos eventos suelen repetirse cada tres a cinco años y tienen impactos globales.

En el sur de Brasil, Argentina y Uruguay, El Niño suele estar asociado a mayores precipitaciones y, en algunos casos, a inundaciones, mientras que La Niña incrementa el riesgo de sequías. En términos históricos, las mejores cosechas agrícolas en el sur de Brasil se registraron durante años de El Niño, aunque no de forma uniforme.

El impacto de estos fenómenos va más allá del clima: puede afectar la producción de alimentos, los precios, la seguridad hídrica y, en escenarios extremos, generar consecuencias económicas y sociales de mayor alcance.

Con La Niña en retirada y el Pacífico encaminándose hacia la neutralidad, el escenario climático regional entra en una fase de transición, con la mirada puesta en la posible llegada de El Niño hacia la segunda mitad del año.

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