Desde 1940 hasta 2013 la creación de empresas biotecnológicas en Uruguay fue esporádica. Sin embargo, a partir de 2014 se observa un punto de inflexión en el sector, con una aceleración sostenida en la creación de compañías y la emergencia de un nuevo perfil empresarial. Solo entre 2014 y 2025 se fundaron 45 nuevas y entre 2022 y 2024 más de un tercio de las empresas del sector lanzó innovaciones con novedad a nivel mundial.
Así lo señala un estudio presentado en las últimas horas por la investigadora Lilia Stubrin e impulsado por el Instituto Uruguay XXI, Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que caracteriza por primera vez a este entramado empresarial integrado por compañías que desarrollan actividades de investigación y desarrollo (I+D) y/o producción utilizando tecnologías biotecnológicas.
A partir de esto se identificaron 62 empresas biotecnológicas activas en Uruguay, de las cuales 38 son startups (62%) y 24 establecidas.
En términos de desempeño comercial, las empresas biotecnológicas relevadas registran según los últimos datos ventas totales por US$ 34,9 millones, de las cuales el 74% corresponde a productos y servicios biotecnológicos, lo que confirma el alto grado de especialización del sector.
Las startups representan una fracción reducida de las ventas totales (10%), pero exhiben una especialización marcadamente superior, con 95% de su facturación asociada a biotecnología, así como una orientación exportadora temprana basada en conocimiento.
El conjunto del sector exporta US$ 28,7 millones, con una balanza comercial biotecnológica positiva en US$ 6,6 millones, impulsada principalmente por las empresas establecidas. Las startups, en cambio, presentan un leve déficit comercial, coherente con su etapa de desarrollo y su alta dependencia de insumos biotecnológicos importados, que refleja su inserción temprana en cadenas globales de conocimiento y suministro.
Otro dato relevante es que el 70% de las empresas introdujo nuevos productos en el período 2022–2024 y más de un tercio lanzó innovaciones con novedad a nivel mundial, confirmando el carácter innovador —y no meramente adaptativo— del ecosistema.
Por otra parte, el entramado biotecnológico uruguayo emplea 539 personas, con una distribución claramente diferenciada entre startups y empresas establecidas. Mientras que las startups concentran el 29% del empleo total, las otras reúnen el 71% restante, reflejando su mayor escala productiva.
Novedades en los modelos de negocio
A nivel de modelos de negocio, el informe señala que las startups biotecnológicas operan como organizaciones altamente intensivas en conocimiento: el 76% de su empleo está directamente vinculado a actividades biotecnológicas y casi dos tercios del personal se dedica a I+D. Además, presentan elevados niveles de calificación —con una participación significativa de doctores— y una mayor presencia relativa de mujeres en su dotación de personal.
Si bien su escala económica aún es limitada, exhiben una alta especialización productiva y una orientación temprana hacia mercados internacionales.
Las empresas establecidas, en contraste, concentran la mayor parte del empleo total, las ventas y las exportaciones del sector. Su perfil es más productivo e industrial, con una estructura de ingresos más diversificada y una menor intensidad relativa de I+D, aunque desempeñan un rol clave en la generación de valor, el escalado productivo y la inserción comercial del sector.
La evidencia sobre la madurez tecnológica de los productos por su parte muestra una marcada heterogeneidad entre áreas de aplicación. Mientras que en salud humana predominan desarrollos en etapas tempranas de investigación y validación, con largos ciclos de maduración, las áreas de salud animal y biotecnología agropecuaria presentan una mayor proporción de productos en fases avanzadas, más próximos al escalado y a la comercialización.
Los cuellos de botella que enfrenta el sector
Pese a su dinamismo, el informe señala que la actividad enfrenta cuellos de botella relevantes. Los principales obstáculos identificados son el acceso a insumos importados —en términos de costos, tiempos y barreras regulatorias—, las fricciones regulatorias e impositivas, y las dificultades para acceder a financiamiento adecuado para desarrollos con ciclos largos de maduración.
La intensidad de estos obstáculos varía según la vertical tecnológica y el tipo de empresa, siendo particularmente relevantes en salud humana, salud animal y procesamiento industrial.
“Esta evidencia subraya la necesidad de políticas públicas diferenciadas por tipo de empresa y etapa de desarrollo, orientadas a reducir fricciones regulatorias, fortalecer infraestructura de escalado, diversificar el financiamiento especializado y consolidar talento crítico. Abordar estos desafíos resulta clave para transformar el dinamismo innovador existente en crecimiento productivo sostenido, mayor inserción internacional y captura de valor local”, señala el informe.