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19 de enero 2026 - 5:00hs

Todo comenzó con la imagen de una gráfica que sigue las jerarquías de los colores del semáforo:

VARICELA

O mejor dicho, todo terminó con esa imagen. Porque Uruguay acabó el 2025 en una “zona de brote” de varicela, como le llamó el último boletín epidemiológico del Ministerio de Salud Pública. Zona roja.

La varicela es una vieja conocida. Es causada por un virus (varicela zoster, que viene de la familia de los herpesvirus) y en las que no hay chances de achacarle culpa al puercoespín, al murciélago o cualquier otro animalito: el ser humano es su único reservorio.

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En la agenda periodística —inclúyase la de El Observador, no sea cosa de andar criticando solo a los ajenos— hubo alguna referencia al tema durante el 2025: un brote en tal liceo, un aumento en tal lado… pero la severidad del incremento pasó desapercibida. En silencio, salvo para las autoridades sanitarias.

En un solo año casi se duplicaron los infectados (pasó de 450 a 881) y en algunas edades la diferencia de la incidencia acumulada encendió las alertas de las autoridades: los niños menores de cinco años, y los jóvenes de entre 15 y 29 años.

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Fernanda Nozar, la directora general de la Salud, lo reconoce: “Puede que ustedes, los periodistas, estaban distraídos en otros temas, pero a la interna del Ministerio fue uno de los principales temas de preocupación sanitaria”.

“Puede que ustedes, los periodistas, estabas distraídos en otros temas, pero a la interna del Ministerio fue uno de los principales temas de preocupación sanitaria” “Puede que ustedes, los periodistas, estabas distraídos en otros temas, pero a la interna del Ministerio fue uno de los principales temas de preocupación sanitaria”

¿Cómo es posible tamaño crecimiento en las infecciones de un virus archiconocido, en que los ya infectados adquieren inmunidad y para la cual hay vacunas en Uruguay desde 1999 (y las segundas dosis que se suman desde el 2014)?

Lo primero que pensaron los epidemiólogos fue lo obvio: los virus mutan —ese sigue siendo uno de los grandes dolores de cabeza de las infecciones causantes del Covid-19 y las gripes— y tal vez está circulando en el país una cepa nueva.

El laboratorio de Salud Pública hizo un trabajo minucioso y descartó esa hipótesis. Seguía siendo el virus de siempre, como siempre.

Entonces fueron a ver quiénes eran los que más se estaban infectando y dónde: 53 brotes adentro de las familias (entre las que solían infectarse los no vacunados o los que no tenían las dosis); 28 brotes en centros educativos y otros tantos en otras instituciones.

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Ahí hubo un poco más de claridad: las medidas de aislamiento e higiene parecían haberse olvidado. En un liceo —cuyo nombre se evita para no generar alerta extra— alumnos infectados y no contagiados fueron llevados por varias horas en un mismo ómnibus. Y una de las principales vías de contagio es compartir el mismo aire, ambiente cerrado. En otras vieron que usaban el mismo vaso para tomar agua, o no se lavaban las manos, o unos tocaban los granitos de los otros (es uno de los principales síntomas y el virus se trasmite desde dos a cinco días antes de la aparición de la erupción en la piel hasta unos tres o cuatro días después que es cuando se arma la costra).

Ahí el MSP hace su autocrítica: tal vez faltó más énfasis en la comunicación, aunque hubo algunos comunicados en tiempos en que también subía la gripe y los legisladores estabas distraídos en el caso Danza, y a los prestadores de salud les fueron reiteradas las medidas y cuándo debían sospechar. Pero seguía habiendo algo que a los epidemiólogos no les cerraba: ¿por qué se estaban enfermando algunos vacunados y, sobre todo, porque que algunos niños al recibir la dosis hacían una cierta reacción en la piel (cercana al lugar en que se le administró la vacuna) con características similares a la propia varicela?

Fueron a estudiar esas erupciones y eran del mismo virus. Fueron a ver qué vacunas estabas recibiendo los vacunados que se infectaron y la mayoría lo hizo con las de un laboratorio específico que, si bien previene la enfermedad, parecía no estar surtiendo el efecto deseado.

Las vacunas como estas, que están dentro del plan obligatorio de inmunización, las reparte la Organización Panamericana de la Salud como parte de la compra en el fondo rotatorio.

Entonces —por lo bajo y sin levantar demasiada polvareda no sea cosa que los antivacunas inicien una teoría conspirativa justo cuando coincidió el brote de sarampión en San Javier por una comunidad que no se vacunaba—, el MSP tomó una decisión: exigió la vuelta a las vacunas contra la varicela anteriores, esas que no estaban causando esas reacciones y que ya se había demostrando durante generaciones su eficacia. Son esas las que se administrarán desde ahora.

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