Burstin sostuvo que ningún niño ingresa al sistema “solo por ser pobre”, aunque reconoció que todos los que llegan atraviesan situaciones de pobreza. Aseguró que detrás de las separaciones suele haber “situaciones mucho más complejas”: violencia intergeneracional, consumo problemático, salud mental, ausencia de redes de apoyo o incapacidad sostenida de cuidado. “La mayoría de la gente la pelea”, afirmó sobre las familias que enfrentan procesos de separación.
Diogo, por su parte, remarcó que la organización trabaja desde una “mirada positiva” hacia las familias y advirtió sobre el problema de que los equipos técnicos solo vean “el riesgo” y no las fortalezas o posibilidades de revinculación. Según explicó, antes de recomendar la adoptabilidad se trabaja no solo con la madre o el padre, sino también con toda la red familiar.
Ambos coincidieron en que muchas veces el Estado llega tarde y reclamaron más políticas públicas preventivas. Burstin apuntó especialmente a la falta de abordaje temprano. "Siempre habría que preguntar: '¿dónde están los niños?'", dijo.
A continuación, un resumen de la entrevista:
¿Cuando hablan de la importancia del derecho de los niños a vivir en familia, ponderan a la familia biológica?
Verónica Burstin: A vivir en familia. Lo ideal, cuando se puede, es que vivan con su familia de origen. Tenemos proyectos dedicados a trabajar en prevención, porque nosotros, como hace muchos años que trabajamos en esto, conocemos muy bien. Hemos participado en investigaciones que, de alguna manera, confirman lo que ya se sabe: cuáles son las causas de la separación familiar. Tampoco somos fans de la institucionalización. Sabemos que, por mejor cuidado institucional que vos des, no deja de ser un cuidado institucional, que además ha probado tener consecuencias para el desarrollo de los chiquilines.
Más allá de trabajar con el niño, que está bien y es el foco, vos tenés que trabajar con la familia. Y trabajamos en ayudar a desarrollar capacidades, en prevenir, en detectar situaciones donde ya vos ves que puede haber algún tipo de riesgo o problemática para que ese niño pueda permanecer en su familia. Y la mayoría de las veces esto se logra. Lo tenemos súper estudiado, medido.
¿Y cómo les dan estos datos?
Samuel Diogo: Ahora estamos completando 600 niños que han sido restituidos, que han vuelto con sus familiares, en un plazo de 10 años. Lo digo con orgullo: no hay ninguna otra organización que haya desinstitucionalizado más niños que nosotros. Quedan en su familia y son procesos que además fueron acompañados. La organización tiene una metodología y procesos ya estipulados de cómo hacer ese acompañamiento, además de estar evaluando que se den las condiciones de protección, porque siguen siendo niños con medida de amparo. Entonces vos trabajás el acompañamiento con la familia, pero también tenés la responsabilidad de estar viendo que ese niño esté protegido.
Cuando hablás de esos 600 casos en 10 años, ¿de qué universo?
Diogo: De 1.400 niños que ingresaron separados de su familia por amparo. Lo que nosotros contabilizamos, que es la foto de la estadística mes a mes, es que hoy en día la mitad de los niños están viviendo con sus familias en estos procesos de acompañamiento. Es un número bastante importante.
¿Y el tiempo de permanencia?
Diogo: Ahora está en 3,5 años de permanencia en el centro, en los proyectos nuestros de Aldeas. En el extremo hay muchos adolescentes que ingresan ya grandes y con pocas posibilidades de reintegro. Entonces eso también te sube el promedio. Pero tenemos situaciones de niños más chicos que están muy poco tiempo con nosotros, con 3 meses, 6 meses, ya vuelven con su familia o se logra el enlace adoptivo. Siempre se va a buscar que vayan con la familia de origen, y eso es algo que nosotros tenemos súper incorporado. Queremos llegar antes. Lo que no queremos es que se separen las niñas y los niños de sus familias. Entonces, si podemos invertir desde la política pública y desde Aldeas Infantiles en el trabajo que se viene haciendo desde hace tanto tiempo para llegar antes y evitar que se den las situaciones, es lo mejor que puede pasar.
Burstin: Es raro que el equipo de Aldeas, de múltiples proyectos que no tienen que ver con cuidado alternativo, informe solicitando una quita. No olvidemos que hay muchas cosas que atraviesan esto, que tienen que ver con el deterioro, con el desvínculo, con la falta de capacidad de cuidado. Es raro que vos encuentres una familia que te diga “no quiero”. La mayoría de la gente la pelea. Está enojada primero. Muchas veces no reconocen, no visualizan esta situación de vulneración, y entonces hay un trabajo ahí para enlazar. A veces puede no haber un deseo. Tenemos muchas situaciones donde te encontrás con una madre o con un padre que te dice “yo no quiero”, “no quería”, o que te dice que quiere, pero que en realidad en los hechos no lo puede sostener. Pero también es verdad que muchas veces la gente dice “yo quiero, yo puedo”, pero después en los hechos vos ves que no se puede.
Verónica Burstin - Aldeas Infantiles
¿Cuál es ese límite en el que ustedes tiran la toalla o dicen, este vínculo entre el niño y su familia de origen no va a prosperar?
Burstin: Hay una cosa que nos cautela también a nosotros, que cautela a los chiquilines y que cautela a las familias, y tiene que ver con la intervención de varios equipos. Yo no quiero tomar esa decisión nunca sola. Uno tiene todo el reporte, lo que muchas veces viene del sistema de salud, de los equipos en territorio del propio INAU, de otros servicios donde ha transitado el niño o la familia. Tenés muchas veces también intervención del sistema educativo. En general nunca estás solo decidiendo, aunque la firma la termines poniendo vos. Uno nunca puede ser absolutamente objetivo, pero sí tenemos elementos que sabemos que facilitan el cuidado, que facilitan las capacidades, y otros que no. En estos casos nunca es solo la transferencia monetaria. En los casos que perdieron el cuidado, vos tenés que dar un acompañamiento técnico, pero también tenés que ayudar a la materialidad, a darle viabilidad a esas herramientas para que puedan criar.
Muchas veces hay cosas que intervienen que son muy complejas y que están dentro de los motivos de desvinculación de gurises, que tienen que ver con historias de violencia incluso de varias generaciones, donde está muy naturalizado, con situaciones de salud mental de los adultos, con situaciones de consumo, con situaciones de las más diversas. Ningún chico entra en el sistema de protección solo por ser pobre. Es verdad que todos los que entran además son pobres, pero ninguno entra solo por ser pobre, porque hay una estructura —o debería haberla, y si esto llega a pasar debería revertirse rápidamente— donde hay otros que intervienen antes. Hay un montón de elementos para suplir eso cuando pasa. Cuando vos llegás a una quita, en general hay situaciones mucho más complejas, incluso a veces disfrazadas solo de pobreza o de negligencia.
¿Si a esa madre se le dan herramientas, la situación no puede revertirse?
Burstin: Tenés que evaluar si es solo una situación de pobreza económica. No siempre lo es. Cuando es pobreza de recursos internos, ahí también tenés el límite de lo que se puede avanzar. Vos también tenés que ver: una persona no puede cuidar sola, pero capaz tiene una red. Tenés que ver la red que tenía. ¿Qué pasó con esa red? ¿Qué función está cumpliendo hoy en día? O vínculos que vos tengas para apoyar. Tenés que ver la disponibilidad de esa red. Y tiene que quedar claro que Aldeas no toma esas decisiones.
La decisión es de la Justicia, pero se basa en buena parte en los informes de las instituciones como Aldeas.
Diogo: Nosotros tenemos una mirada que tiene que ser positiva en relación con las familias, porque en esto es muy fácil caer en lo que se llamaría la mirada de riesgo. Es decir: yo, de tanto trabajar en esto, veo la familia y lo que veo es el riesgo nada más, y dejo de ver, por ejemplo, cosas positivas, fortalezas de la familia, posibilidades. Nosotros tampoco tenemos una postura pasiva en relación con el deseo o el interés. Hay que ir a buscar el interés de la familia, hay que ir a buscar esas condiciones de cuidado y protección en familia. Ese es el trabajo al que nos abocamos y el que se agota. Cuando decimos “se pasa para adopción” es porque ya se agotó ese trabajo. Vos no podés mandar un informe con condiciones de adoptabilidad sin fundamentar muy bien que ese trabajo se hizo, no solo con la familia primaria, sino con toda la familia, porque si no lo hacés mal.
Burstin: A veces promovemos el vínculo con las familias, aun cuando no hay una protección, sabiendo que a veces no hay una posibilidad real de vinculación. Incluso pensando en que pueden fracasar de acá a seis meses y el niño tenga que finalmente terminar en adopción.
Diogo: Que el vínculo siga, incluso a veces hasta en proceso de adopción, porque entendemos que es importante.
Burstin: Solicitamos las condiciones de adoptabilidad de niños cuando realmente tenemos la convicción, por lo que vemos, por lo que leímos y por las cosas que pasaron, y por lo que ve nuestro equipo, por lo que vieron otros equipos, y decís “esto no va a ser bueno”. La familia no te entiende. Está muy estudiado: cuanto más chicos los niños, mayor es el daño que causa la institucionalización. Hay muchos indicadores que, ya te digo, se basan en parte en la observación y en parte en lo que pasó previamente, y vos no podés desconocerlo.
¿Cuánto pesa el historial de una familia en la decisión de quitarle a un niño?
Burstin: Se sopesa, porque hay muchas cosas que son reversibles, pero cuando ya ves que hay un patrón que se repite… Pero del acumulado de 1.400 chiquilines en 10 años, solo hubo 52 adopciones.
¿Cuántos niños tienen condiciones de adoptabilidad hoy?
Diogo: Ahora, 60.
Samuel Diogo - Aldeas Infantiles
¿Cómo son los controles de esos convenios con INAU?
Diogo: Aldeas es una de las organizaciones sociales más auditadas del país. Porque tenemos las auditorías y todos los controles del Estado, pero también de las centrales y demás mecanismos de supervisión.
Burstin: Cada proyecto tiene una persona supervisora de INAU que va viendo casos cada 15 días, que va a los centros. Nosotros revisamos los motivos de permanencia cada dos meses. Todo el tiempo estás esperando que aparezca algo que se revierta. A veces encontrás situaciones donde decís: “Bueno, capaz que no va a ser enseguida, capaz que va a ser en mediano o largo plazo el reintegro”.
Diogo: Detrás de los números hay un trabajo enorme. Hay una manera también de hacerlo de forma responsable. Porque estos números se pueden haber logrado de manera irresponsable. Hay que tener mucho cuidado, porque si yo reintegré niños en hogares o familias que no les están dando el cuidado y protección básico, suficiente y necesario para asegurar un entorno seguro y protector, entonces estoy haciendo mal mi trabajo.
¿Cuánto tiempo lleva el trabajo con una familia o cuánto tiempo puede llevar?
Diogo: Desde nuestro lado es como una máxima: siempre vamos a estar trabajando con las familias. Aunque eso lleve años. Y puede llevarlos en algunas situaciones. Cuando también se dan las condiciones, porque está claro que hay situaciones en las que ni siquiera hay que favorecer un vínculo. Al contrario. Por ejemplo, situaciones de abuso. En términos de plazo, acá hay una salvedad. Porque donde están los plazos súper definidos y acotados es en el Código, a partir de la ley de adopción y la reforma del Código para los casos de niños pequeños de 0 a 3 años. Es muy corto. Y eso es verdad, y uno entiende la fundamentación de la normativa. Es absolutamente entendible porque afecta directamente su desarrollo. No pueden estar en cuidado residencial por mucho tiempo y estos plazos aceleran la toma de decisiones.
Pasa mucho que un niño que tiene “derechos vulnerados” queda primero en un hospital, después pasa a una fundación, después se decide que va a una familia amiga, termina en una tenencia administrativa en una familia de adoptabilidad, aparece un familiar y entonces se revierte. Y en ese proceso ese niño va pasando por varias manos. ¿Eso se pondera también a la hora de decir cuál es el interés superior del niño?
Diogo: Lo más grave de todo eso es que el niño, siendo bebé o muy chiquito, esté en cuidado residencial. O que quede en el hospital o en un jardín. Lo peor es el cuidado residencial. Después, en este tránsito, si no hay otra alternativa, se apela a eso. Y de hecho nosotros ahora estamos por iniciar un proyecto nuevo, sin cuidado residencial, solo de familias amigas para bebés. Son situaciones que se nos van a derivar directamente del INAU. Aldeas ganó el llamado para la gestión del proyecto en Canelones.
¿Deberían impulsarse cambios al Código de la Niñez?
Diogo: La lista de prelación está bien. Acá la cuestión es que en todo esto se toman decisiones de la vida de los niños: a dónde tienen que ir, los pasajes, derivaciones, etcétera. No creo que haya que pensar en una reforma de la ley, pero sí aportar en la construcción, entre todos los actores del sistema, de todos los procesos de intervención para aportar a la toma de decisiones. Y viene al caso de todo lo que hablamos: los registros que te permitan tener toda la información de la historia, todas las intervenciones, acordes a que se haya hecho todo lo posible para evitar la separación, que esa es una gran falla del sistema. La ley está bien, pero el problema quizás es cómo la implementamos. Y lograr una buena implementación. Entonces, que los procesos en la toma de decisiones tengan en cuenta todas estas cuestiones.
Tienen 65 años de trabajo en Uruguay. ¿Notan el deterioro social o cambios fuertes en la dificultad para trabajar con familias para una mejor vinculación?
Burstin: Lo que entendemos por familia ha ido variando. También ha cambiado la concepción de infancia, adolescencia y familia. No hablamos de lo mismo. La pobreza, la salud mental y la violencia siempre estuvieron. Capaz que hay tipos de violencia que antes no eran habituales. Pero hay fenómenos sociales que son comunes y que intervienen, y que quedan entrampados. Por ejemplo, el tema de las redes de micro y narcotráfico. Y también es una mirada que nosotros entendemos que la sociedad tiene que tener. En general no tendemos a pensar: “Bueno, Ahí hay niños, ¿qué pasa con los niños?”. Si vos me preguntás si hay un deterioro, sí, hay un deterioro. Hay fenómenos que antes no estaban y ahora están. El tema del consumo de sustancias. A la vez vas teniendo un deterioro de redes sociales que lo ves acá, pero también en otras cosas. Es innegable la segmentación social. Las demás instituciones también tienen que estar para apoyar ese cuidado.
¿Detectan la ausencia de políticas públicas?
Burstin: Sí, claro. Están faltando. Las grandes problemáticas que están asociadas a los motivos que contribuyen a la separación de las familias son los trastornos de salud mental de los progenitores. Cuando vos vas a las causas, como no tienen que ver directamente con los niños sino con los adultos, yo me haría una pregunta: si nosotros sabemos las causas, sabemos cuándo se generan y sabemos fundamentalmente cuándo van a nacer los niños o cuándo ya hay niños, así como existen otras líneas transversales que se toman, tendría que existir una pregunta básica: ¿dónde están los niños? Porque cuando vos hablás, por ejemplo, de salud mental, estás hablando de la salud mental de los progenitores. Entonces ahí, si tenés un ginecólogo que atiende en un hospital o en una mutualista y ve que la mamá está embarazada y tiene una situación de vulnerabilidad, ya sea porque está en una situación de violencia, porque tiene una discapacidad o porque tiene un trastorno de salud mental, se podría actuar mucho antes. Si vos tenés instituciones u organismos que trabajan con el consumo problemático, una de las preguntas tendría que ser: “¿Hay niños en la casa? ¿Cómo están pasando?”. Siempre preguntar: “¿Dónde están los niños?”. Si vos tuvieras esa pregunta, capaz que estarías mucho antes. No se está haciendo esa pregunta. Te puedo asegurar que cambiaría mucho si vos pudieras intervenir ya en ese nivel.