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“A mis ochenta años”

Entre Uruguayo y Argentino, entre poesía y aprendizaje; “A mis ochenta años”, el libro digital de Roberto Cava de Feo

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29 de marzo de 2019 a las 05:02

Nací el 10 de marzo de 1939, a metros de la tierra uruguaya. Fue en Concordia, junto al río Uruguay. Mis padres Sebastián Cava y Nélida De Feo se habían casado en Salto y por eso poseo la nacionalidad oriental junto con la argentina.

Muy pronto mis padres se trasladaron a Buenos Aires y por esas casualidades que no lo son, comencé a concurrir a “Mi escuelita”. Era un  kindergarten que llevaban adelante dos señoritas mayores que eran uruguayas. Entre el léxico de mi madre y las del jardín de infantes, el “tú” reemplazó al “vos”.Todavía conservo amistad con un niño de aquellos años y nos tratamos con el afecto de siempre. Recordamos entre otras cosas, cómo celebrábamos el aniversario del descubrimiento de América. Un grupo representaba a los españoles y otro a los indios. Dejo a la imaginación de los lectores cómo terminábamos aquellos 12 de octubre.

La guerra mundial la conocíamos por los informativos radiales. En tanto nuestra niñez seguía su curso. Al menos eso me parecía a mí. La llegada del cartero y los sobres con sellos de colores eran ocasión para que mamá comentara las noticias familiares. Temas de salud, el nacimiento de algún nuevo primo que se acercaba a una veintena. Los telegramas no eran frecuentes pero aún recuerdo la alegría de todos con las cartas.

Pasado el tiempo y ya en la escuela comencé a aprender, entre otros temas, muchas poesías. Era sin duda un buen método didáctico para desarrollar la memoria y hablar. Hoy, cuando observo curioso los sistemas de aprendizaje, no reniego de los mismos. No obstante el enciclopédico y fugaz paso actual por los años de nuestro sistema educativo me recuerdan aquello que escuché de niño en una zarzuela en el Larrañaga: “hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad...”

Juana de Ibarbourou cumplía años el 8 de marzo. Es decir se adelantaba al mío del 10. Su vida y su obra se han quedado para siempre en mí. Su “Chico Carlo” todavía hoy vuelve a mi memoria con su prosa delicada. De niños aprendimos a conocer cómo era una higuera: “porque es áspera y fea/porque todas sus ramas son grises/yo le tengo piedad a la higuera”. Ella nos enseñó a dar valor a lo corriente, a lo de todos los días: “¡Ah, pobre la gente que nunca comprende/un milagro de éstos y que sólo entiende/que no nacen rosas más que en los rosales y que no hay más trigo que el de los trigales.”

En Melo, en el departamento de Cerro Largo, se conserva la casa natal de nuestra gran Juana. Allí está su higuera. Después vinieron los años montevideanos y, al final la muerte. No olvido aquel funeral, el más laico imposible en nuestro Palacio Legislativo. Allí estaba el cuerpo yacente de una mujer cristiana. La misma que escribió “Loores de Nuestra Señora” y “Estampas de la Biblia”. Su madre le había trasmitido la fe y Zorrilla de San Martín fue el padrino de su boda religiosa con el capitán Ibarbourou.

“A mis ochenta años”, es el libro que publicó Amazon. Lleva un prólogo largo y es posible leerlo junto a algunas páginas de la obra gratuitamente. Bueno, me había olvidado decir que se trata de una edición digital. Continuaremos el camino y semanalmente llegarán mis notas desde este otro lado del Río de la Plata.

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