10 de julio de 2013 15:54 hs

En el 72 se dan las conversaciones en el batallón Florida, básicamente lideradas por Fernández Huidobro y Rosencof. ¿Usted de qué se entera en aquellos momentos?

Yo me entero por Carlos Legnani, que era teniente coronel al mando del Florida, me hace llevar a su despacho y me dice lisa y llanamente que se van a iniciar unas negociaciones de paz entre el MLN y las fuerzas armadas, que qué opino yo. Y yo lo primero que hago es preguntarme cómo el MLN, que yo sé que está en desbandada, que está en plena debacle, es capaz de convencer a un cuerpo represor fuerte, establecido, de que es necesario negociar, porque lo que me dice Legnani es que la iniciativa parte del MLN, me dice a iniciativa de Fernández Huidobro. Fernández Huidobro se adjudica la representatividad del MLN y les plantea a los oficiales del Florida la posibilidad de una negociación. Porque, y ahí se ve el grado de desinformación que digo que el Ejército tenía, el Ejército no sabía del MLN absolutamente nada, y cuando digo nada es nada.

Sendic estaba en contra de las negociaciones.

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Al inicio.

¿Al inicio?

Claro, porque ¿después a qué va al Florida?

Porque lo convencen de que por lo menos tiene que entrar.

¿A qué, a tomar grapa con los oficiales? El fin de las hostilidades no se da porque el MLN no acepta rendirse, es lógico, si yo hubiera sido dirigente del MLN en ese momento hubiese hecho lo mismo. Esas fueron las primeras conversaciones. Las segundas fueron por los ilícitos económicos. Ahí se plantea en términos de: vos me estás dando a mí y les estás haciendo un favor a estos que nos están robando a los dos, a vos y a mí. Y vos estás haciendo el trabajo sucio para que estos se mantengan en la cresta de la ola y todo lo demás. Entonces, Fernández Huidobro y muchos más, convencen a los militares de que la causa del nacimiento del MLN son los ilícitos económicos y de que hay que acabar con esos, y hay una cantidad de oficiales que aceptan porque creen que pueden hacerlo porque están por encima del bien y del mal, que ellos son mejor que los tupas porque estamos presos, nos han derrotado y que tienen la fuerza suficiente como para promover dentro de las fuerzas armadas un sector de renovación de la escena política. Se creen que tienen fuerza y no se dan cuenta de que el Ejército depende del poder político y el poder político nunca iba a permitir que un sector del Ejército que está puesto ahí para acabar con la guerrilla les fuera a patear el nido, que fue lo que pasó. Entonces, un sector de capitanes del Florida, primero, y de otras unidades, después, se creyeron con fuerza suficiente como para llegar a convencer al general Cristi de que había que dar poco menos que un golpe de Estado, porque era un golpe de Estado.

Lo que usted dice es que en esas conversaciones se conforma una mentalidad entre militares convencidos por tupamaros de que es posible dar un salto hacia un nuevo Estado.

Una nueva norma, o sea se sueña con dar un golpe a lo Alvarado (31) en Perú, un general legalista. Lo que pasa es que en ese momento todo el mundo se autoproclamaba legalista.

¿Piensa que ese discurso del MLN contra los políticos fue un aliciente para los militares golpistas?

Muchos se creyeron con derecho a opinar dentro de su sector y convencieron a sus iguales, a muchos capitanes, a muchos oficiales de otros organismos militares. Los oficiales, los que yo he conocido, eran gente muy elemental en su forma de ser, en su forma de actuar, y eran rudimentarios. Eran tan capaces de ser tremendamente solidarios entre sí como de ser absolutamente inhumanos con quien ellos consideraran su enemigo, y en ese momento sus enemigos éramos nosotros. El golpe, cuando se da, es un golpe totalmente de derecha. Lo da el sector más reaccionario de las fuerzas armadas. Al progre en el Ejército le cortan la cabeza a la primera de cambio, no tiene convocatoria ni poder de mando.

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