23 de octubre de 2026 15:27 hs

La zafra de cultivos de invierno 2026 es la que tiene más suspenso de la historia. Con la sombra amenazante de El Niño ha sido el ciclo de cultivos que ha recibido la menor luz solar desde que hay registros. Trigo, cebada y colza jugaban en principio con un nivel de riesgo mayor al de un año promedio.

Pero, además, cargando la responsabilidad de rescatar a los productores que en la pasada zafra de verano perdieron fuerte como consecuencia de la sequía.

Dos malas seguidas sería fatal, pero por otra parte meter una cosecha récord en un año de El Niño récord tiene algo de maracanazo.

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Y, si no recibe un gol en contra en la hora de la mano de lluvias torrenciales, el buen resultado en el primero y más importante de los tres cultivos parece al alcance de la mano.

Con el comienzo de noviembre empezará una cosecha de la oleaginosa invernal que debe ser récord en producción y tal vez -lo más destacable- una cosecha que puede ser récord de productividad.

Si se toma por base un área de 390 mil hectáreas, sin contar las 10 mil de carinata y camelina, Uruguay llegaría por primera vez a un eje de 700 mil toneladas, en función del rendimiento proyectado por la Mesa Tecnológica de Oleaginosos de 1.750 kilos por hectárea.

De concretarse, serían unas 100 mil toneladas más que el récord anterior de 2022/23, cuando se sembraron 348 mil hectáreas.

En aquel momento el comienzo de la invasión de Rusia a Ucrania, la escalada en el precio de los aceites que se complementó con la crisis por una ola de calor del cultivo canadiense.

Los precios saltaron en aquel entonces a niveles inéditos de US$ 800 por tonelada.

Cosecha de colza en San José.

Cosecha de colza en San José.

Colza pronta para cosecha.

Colza pronta para cosecha.

Las guerras y los granos

En este año, con dos guerras de gran escala, el salto del precio del petróleo consolidó una expectativa de precios favorable con una base firme en US$ 500 por tonelada.

El final temprano del cultivo respecto a trigo y cebada permitía una mejor chance de escape de las temidas lluvias torrenciales. Y el razonamiento que llevó a un fuerte aumento del área se ve casi confirmado en los hechos. Solo falta poder cosechar en la primera quincena de noviembre.

Si la cosecha se logra hacer en tiempo y forma en este año súper Niño, puede suceder que el rendimiento supere a las proyecciones.

Porque si en un plato de la balanza ha jugado en contra la impresionante nubosidad de este invierno y primavera, en el otro la baja temperatura para los cultivos de invierno ha sido muy favorable.

El frío hace más lento el ciclo permitiendo más días de llenado de grano y previene enfermedades, particularmente el temido hongo esclerotinia. Sin luz y con calor sería fatal, pero el calor no apareció nunca. Sin luz pero con frío el problema no ha sido grave.

Del mismo modo, la falta de luz quita kilos de producción, en definitiva las plantas se alimentan de luz. Pero el frío prolonga el ciclo, de modo que se pierde por un lado pero se ganan días de llenado de grano por otro.

De modo que las recorridas agrícolas de estos días han permitido ver chacras que incluso cruzan los 3.000 kilos por hectárea en una evaluación visual, como explicó German Bremermann de Barraca Erro en el programa Tiempo de Cambio de Radio Rural.

Se acelera el cambio tecnológico

Si el promedio nacional llega a 1.900 kg/ha será el mayor de la historia y la producción será en ese caso de 740 mil toneladas.

Lograr un rendimiento récord en coincidencia con un área récord ya es muy significativo y no solo puede explicarse por el efecto año.

Ese alto rendimiento tiene la ayuda del frío, pero también tiene componentes estructurales. El buen margen del cultivo el año pasado y el alto precio en este ciclo llevan a que una trayectoria de cambio tecnológico se acelere. Para este cultivo con particular esmero. Este puede ser el año que dé inicio a un salto en la productividad a medida que crece la penetración de nuevos híbridos con mayor potencial y se ajustan las variables de fertilización y los restantes componentes del manejo.

Para este año se espera un rendimiento de 1.750 a 2.000 kilos por hectárea, por encima del año pasado y del promedio de las últimas cinco zafras.

Y puede empezar una trayectoria ascendente que reemplace a la estabilidad en el rendimiento de los últimos años.

“Para que se consolide el cultivo Uruguay debe superar los 2.000 kilos y con un horizonte de 2.500 kilos por hectárea”, dijo Germán Bremermann, de Barraca Erro.

“Con los híbridos nuevos hay muchas chacras arriba de 3 mil kilos y alguno que puede dar la sorpresa y llegar a 4 mil kilos”, afirmó.

Y no son campos experimentales de pequeña escala sino cultivos comerciales que fueron visitados en la Jornada de Campo de cultivos de invierno de Barraca Erro la semana pasada.

La zafra de mayor rinde fue la de 2020/21 con 1.813 kilos por hectárea y el promedio de las últimas cinco campañas es de 1.688 kg/ha, para un cultivo muy estable que muestra una variabilidad interanual de apenas unos 100 kilos, menos del 6% anual. El rendimiento promedio el año pasado fue de 1.752 kilos por hectárea.

Existe un marcado contraste con la fuerte variabilidad del rendimiento de la soja, por ejemplo, que llega al 40%.

Maurice Vidal, de Nufarm Semillas, que se especializa en la genética de Brassicas, la familia de la colza, estima la productividad de este año en 1.800 kilos por hectárea para la colza y 1.900 para la carinata, que por demoras en la formulación del plan comercial se redujo a unas 7 mil hectáreas pero se espera que aumente a 40 mil el próximo año.

Bremermann anticipa que el escenario actual es “mejor que el año pasado”, aunque considera que los rendimientos de Uruguay siguen siendo bajos en comparación de los 2.000 kilos por hectárea que produce Australia o los 3.000 kg/ha de la Unión Europea.

Así como el gerente comercial de Barraca Erro anticipa una mejora por el desarrollo de nuevos híbridos de genética europea adaptados a las condiciones locales, desde Nufarm se espera para el año que viene “una explosión de venta de semillas con tecnología para más control de malezas” que este año están siendo probadas con éxito.

Uruguay ya no está solo

A diferencia del año de alto precio por la crisis de la colza en Canadá, la perspectiva de precios firmes es en este momento de más largo plazo.

La importancia estratégica de encontrar sustitutos de los combustibles fósiles es mayor que nunca y probablemente se mantenga en el tiempo.

La Agencia Internacional de Energía proyecta que no habrá bajas en el precio de los combustibles en 2027 aunque terminen en este año las guerras. Como en la carne, hay una demanda desabastecida probablemente por muchos años. De modo que el camino que Uruguay abrió como vanguardia regional, tiene ahora acompañantes.

Los países vecinos se están sumando en la apuesta.

Uruguay fue el primer país de la región en desarrollar el cultivo de colza y, con importantes variaciones interanuales, lleva ya ocho zafras por encima de 100 mil hectáreas.

En esta temporada la oleaginosa de invierno con alto contenido de aceite ocupa entre 390 mil y 400 mil hectáreas y supera a la cebada y el trigo en área: el nuevo paisaje invernal de la agricultura es de amarillo intenso y con muchas abejas.

En Argentina, luego de muchos problemas agronómicos y comerciales, la siembra de colza saltó de 50 mil a 170 mil hectáreas este año, al tiempo que en Brasil pasó de 225 mil a 405 mil hectáreas de acuerdo a los cultivadores locales nucleados en la asociación Abrascanola.

La semana pasada en Rio Grande del Sur, que concentra el 90% del área de Brasil, se hizo por primera vez un lanzamiento oficial de cosecha de colza y los productores sostienen que “la canola está demostrando que puede dejar de ser un cultivo de nicho y convertirse en una alternativa importante dentro del sistema de producción del estado”.

La productividad media proyectada es de 1.619 kilogramos por hectárea, con una producción estimada de aproximadamente 572.000 toneladas.

“Brasil se está abriendo a la exportación y eso está dinamizando al cultivo; el mercado referenciaba la colza a la cotización de la soja en Chicago pero ya está arrancando a usar la de Matif de Francia”, que es la referencia que emplea Uruguay, apuntó Vidal.

Señales de mercado

Con una cotización sobre US$ 612 por tonelada en París y US$ 540 en Uruguay, la colza está en su nivel de precios más bajos en los últimos dos meses pero las señales de la última semana sostienen una perspectiva alcista.

Por un lado, el petróleo en su mayor valor en seis meses otra vez por encima de los US$ 110 por barril tiene un efecto alcista sobre los aceites en un año de ajuste de producción en la Unión Europea, el principal cliente de Uruguay, debido a las prolongadas olas de calor y la grave sequía que afectaron la cosecha.

Por otro lado, China sorprendió al comprar un millón de toneladas de colza de Australia, más del 15% del total de volumen exportable de ese país, y sacudió el mercado.

En Uruguay hubo oportunidad de fijar kilos por encima de US$ 570 por tonelada en setiembre. Ya en agosto la proyección de precio de Sofoval para la cosecha fue elevada a US$ 560 desde los US$ 505 presupuestados en marzo previo a la siembra. El umbral de equilibrio productivo disminuyó de 1.700 a 1.400 kg/ha.

Según el informe de perspectivas para la zafra 2026/27 que la Mesa Tecnológica de Oleaginosos (MTO) presentó la semana pasada, la colza, que está a punto de empezar a ser cosechada, dejaría un margen de US$ 245 por hectárea, la mayor remuneración de las últimas cinco zafras.

El precio promedio por tonelada sube de US$ 478 a US$ 565 al productor, un 18% por encima de la zafra pasada.

Los costos antes de renta suben de US$ 684 a US$ 764, un 12%, presionando los márgenes del cultivo principalmente por el aumento de los precios de los fertilizantes.

Los márgenes antes de renta con un rinde de 1.750 kg/ha, llegarían a valores un 49% superiores que la zafra 2025/26 y el rinde de equilibrio antes de renta estaría cercano a los 1.300 kg/ha.

Por otro lado, en la Jornada de Cultivos y Sistemas realizada por Fucrea se destacó la estimación de que es la cebada y no la colza el cultivo de invierno que promete un margen mayor en la zafra 2026/27.

Con un rendimiento de 4.500 kilos por hectárea se estima un margen de US$ 65/ha para la cebada y de solo US$ 1 para la colza en base a 1.700 kg/ha de rendimiento y un precio de US$ 550 por tonelada (en ambos casos se incluye renta y costo de estructura).

“Prácticamente empata, gana un dólar por hectárea, pero en realidad un empate no sería un mal resultado en términos de que remunera al productor y paga una renta que en caso de que sea del productor se suma al margen”, señaló Ramiro Rostán, asesor de Fucrea.

En la zafra anterior la colza había sido el único cultivo de invierno que hizo un aporte positivo de US$ 80 por hectárea, con precio de US$ 500 por tonelada.

La colza ofrece la posibilidad de un margen indirecto: al cosecharse temprano da una gran ventaja a la soja que se siembra después, estimada entre 300 y 500 kilos más por hectárea que otros cultivos antecesores.

El cultivo de secano con mayor crecimiento en área en los  últimos años: colza.

El cultivo de secano con mayor crecimiento en área en los últimos años: colza.

Mayor demanda europea

El mercado internacional enfrenta una mayor presión por el ingreso de la nueva cosecha de Canadá y Australia, mientras la Unión Europea prevé una menor producción y mayores necesidades de importación.

La evolución de los precios también está condicionada por los cambios en los flujos comerciales, las dificultades de abastecimiento desde Ucrania y la demanda de la industria.

Según el informe de octubre del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) el área de colza de la Unión Europea aumentó 4% en 2026, hasta 6,38 millones de hectáreas, sin embargo, la producción bajaría 5%, a 19,7 millones de toneladas, debido a una caída de 9% en el rendimiento promedio, desde 3.400 a 3.090 kilos por hectárea.

El USDA elevó las estimaciones de molienda y las de importaciones, que se proyectan en 6,6 millones de toneladas, un aumento de casi un millón de toneladas respecto a la previsión de abril.

Se espera que la nueva cosecha australiana, cuya recolección comienza en noviembre, contribuya al abastecimiento europeo hacia fines de año y durante la segunda mitad de la campaña.

En conjunto, la menor cosecha europea sostiene las necesidades de importación, pero el aumento de la oferta de Canadá y Australia intensifica la competencia internacional y podría limitar el margen para nuevas subas de precios, pero la aparición de China con compras de volumen podría dar un mayor sostén al mercado.

Larga la cosecha y se despejan las incógnitas

A pocos días de comenzar la cosecha, “en este momento no estamos teniendo exceso de agua en casi ninguna zona, se sembró una buena parte en fecha óptima, con buena implantación y el llenado de grano ha sido muy bueno en las últimas semanas que permite expresar al máximo el potencial”, explicó Bremermann.

La ansiedad es alta porque se es consciente de los récords, porque se está muy cerca de un gran resultado, pero también porque una lluvia torrencial en la primera quincena de noviembre -que por ahora no aparece en los pronósticos- podría ser grave.

Todo lleva a pensar que el primer partido de la zafra de inverno se gana.

Luego vendrán trigo y cebada, cuya cosecha se acerca al epicentro del efecto Niño y que tienen problemas de hongos potencialmente más severos.

Pero, como dicen los directores técnicos en el fútbol, es “partido a partido” y aunque falta cerrar y guardar el grano en los silos, el primer juego de la zafra de invierno está cerca de ser un batacazo.

Gracias al esfuerzo agricultor y al bendito frío de esta primavera.

Colza: cosecha en campos de Flores, en Uruguay.

Colza: cosecha en campos de Flores, en Uruguay.

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