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“Braden o Perón”: ¿el Frente encontrará algo como eso?

El FA se entusiasma, la oposición se preocupa y todo se reduce a una disyuntiva

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23 de marzo de 2019 a las 05:01

Más intención de voto, mejor evaluación de gobierno, refuerzo de acción policial ante delincuencia, y cierta mejora de ánimo interno: todo eso levanta esperanzas a los dirigentes frenteamplistas, que este año están en un sube y baja de expectativas. Sienten que no están bien pero que van mejorando, y que sus adversarios están peor.

Han logrado alivio por ver que frenaron el deterioro electoral y se recuperan, pero no pueden retomar el entusiasmo de antes.

Todo es relativo: el Frente Amplio subió tres puntos y llegó a 33% y cuando se repregunta a los indecisos alcanza el 35%, lo que no estaría mal si fuera parte de una tendencia, pero con un nivel de indecisos de 13%,que se lleve sólo el 2% ante la repregunta, sigue siendo mal resultado.

La aprobación de la gestión presidencial mejoró al inicio del año, pero sigue con balance negativo. Los que aprueban pasaron de 24% en diciembre a 28% en marzo. Es una mejora, pero no llegan a un tercio los que ven como bueno al gobierno de Tabaré. Además, la desaprobación se redujo de 51% a 47%, lo que también es mejora para el gobierno, pero sigue siendo muy alto el rechazo: casi la mitad de la gente desaprueba.

En política de seguridad se ha visto una acción policial contundente, tanto en el abordaje de zonas rojas como en la represión de rapiñeros agresivos con algunas muertes inusuales. Pese a eso, los uruguayos identifican la inseguridad como el principal problema de preocupación, y con números de alerta.

En economía hay grandes proyectos en carpeta que incrementarán la demanda de mano de obra, pero la confianza de consumidores sigue en pesimismo y los indicadores de actividad muestran que el crecimiento es modesto, sin que haya chance de levantar fuerte como para pesar significativamente en el bolsillo de la gente.

Pero el FA se entusiasma también cuando ve el espejo de la oposición. 

Los blancos tienen buenos números, pero todos con algo para preocuparse. Verónica Alonso y Enrique Antía están fuera de la definición interna. Larrañaga goza el éxito de su campaña por seguridad pero no recupera dirigentes que le abandonaron. Lacalle Pou lidera pero pierde votantes que se embalan con Sartori.

Los colorados van levantando, pero no todos. Amorín Batlle mantiene buena red de apoyos pero no puede ubicarse en la opinión pública como candidato con chance. Los que impulsan a Talvi reconocen que no esperaba que Sanguinetti lanzara su postulación y ahora el expresidente eclipsa al economista.

Los batllistas contentos, pero la gente de Ciudadanos comienza a prepararse para una frustración de un proyecto que ni llegó a conocerse en sentido amplio.

El Partido Independiente armó estructura más amplia (la Alternativa), pero no crece. Y el partido de Novick había surgido con fuerza inicial, pero ha quedado limitado a un espacio que es grande para un partido nuevo, pero demasiado chico para el propósito de su fundador.

Las sensaciones de una semana no son más que eso. El político profesional y exitoso sabe que la ruta tiene subidas bajadas, pero que lo importante es llegar a la meta, sin alegrarse demasiado por una acelerada, ni dramatizar por un rebaje de velocidad. Pero hasta los que más critican a las encuestas, más se desesperan por leerlas.

Pasando raya, los datos de opinión pública, la preocupación por inseguridad, la tendencia de estancamiento económico y el desgaste de gestión de gobierno, entre otros factores, siguen marcando un escenario desfavorable para el oficialismo. Eso, porque hay una intención de cambio que es más fuerte que la imagen de un “vamos bien”.

Y eso lleva a que la izquierda trate de superar la disyuntiva de “continuidad o cambio”

Hay ejemplos de cómo revertir una imagen electoral desfavorable: cambiándola por otra que luzca más convincente.

Así pasó en 1946 en Argentina cuando el entonces coronel Juan Domingo Perón utilizó la consigna “Braden o Perón” en las elecciones presidenciales de ese año (vuelta a la democracia, tras proceso militar).

Perón había sido vicepresidente de facto y se postulaba en fórmula con el exministro del Interior de la dictadura, Hortensio Quijano (Partido Laborista y aliados, que luego desembocaría en el actual Justicialismo “peronismo”).

Enfrente, tenían a la “Unión Democrática”, una alianza que iba del centro a la centro-izquierda, con la Unión Cívica Radical, el Partido Socialista, el Partido Comunista y el Partido Demócrata Progresista, que llevaban la fórmula José Tamborini-Enrique Mosca.

Perón quiso evitar la polarización “más militares o unión democrática”.

Que no fuera entre él y una coalición de partido tradicional con izquierda clásica y la centro-izquierda, por lo que encontró el juego de opciones que más le favorecía: “Braden o Perón”. Y eso se veía en carteles y afiches que estaban por todo Buenos Aires y las ciudades del interior, y hasta un libro con esa consigna, que llevaba los colores azul y blanco de la patria.

¿Braden era otro candidato? Ni candidato, ni argentino. Spruille Braden era embajador norteamericano en Argentina, egresado de la Universidad de Yale, con experiencia empresarial en compañías mineras estadounidenses en Sudamérica, y exembajador ante Colombia y Cuba. En Buenos Aires no se limitaba a representar a la Casa Blanca, sino que se lo veía como un operador político que influía en actividades locales.

Fue una exitosa expresión de comunicación política: cambiar el foco de “más militares o nuevos demócratas”, por otro juego de opciones: un líder nacionalista o un representante del imperio con alma de titiritero.

En el Uruguay de 2019, el Frente Amplio busca revertir una imagen de elección presidencial, sobre “continuidad o cambio”, por la de “seguir cambiando o volver atrás”.

El desafío para el oficialismo estará en hallar una imagen sobre lo que está en juego en la elección, que sea bien clara para la gente, aun cuando eso sea una construcción caprichosa de visión hemipléjica. En realidad, esas fórmulas de reducción de opciones siempre son caricaturas: el caso es que sea efectiva. 

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