2 de noviembre de 2013 21:59 hs

La respuesta positiva parecería ser obvia. Son nuestros vecinos, son parte importante de nuestra historia, fuimos parte del Virreinato del Río de la Plata, peleamos juntos por la independencia, nos peleamos entre nosotros, tenemos una inmigración muy parecida, hablamos la misma lengua, solo nos separa un río (o dos), disputamos de una intensa rivalidad futbolística, miramos sus programas de televisión en vivo y en directo. Pero los hechos, los tozudos hechos, se acumulan y se empecinan en enviarnos su mensaje de que quizá conozcamos sus costumbres y su gente, pero no conozcamos su gobierno y la forma en que operan los distintos poderes.

Esta semana que termina tuvo muchas variaciones. Por el lado argentino, el domingo, el gobierno de CFK recibía una severa derrota en las urnas, pero el martes recibió la bendición del fallo de la Suprema Corte de Justicia declarando constitucional la Ley de Medios y otorgándole a Cristina una de sus victorias más deseadas. Por el lado uruguayo, tenemos la prohibición decretada por Argentina (¿será con conocimiento y aprobación de su convaleciente presidenta?), para el transbordo de mercaderías que salen del puerto de Buenos Aires y que se realicen en países del Mercosur con los que no tiene acuerdos marítimos, algo que constituye un golpe muy duro al puerto de Montevideo. Muchos se preguntan: ¿una represalia por la decisión uruguaya de autorizar el aumento de producción de UPM, o un episodio más de la bicentenaria guerra de los puertos rioplatenses, cuya rivalidad nació en épocas de la dominación española y continúa aún en nuestros días? En cualquier caso una medida inamistosa, si las hay. El propio presidente José Mujica, abanderado de llevar adelante una política de amistad a toda costa con el gobierno de Cristina, llegó a afirmar en su programa radial que Argentina “hace añicos el Mercosur”.

Pero, ¿es que no nos dábamos cuenta que desde hace años Argentina viene haciendo “añicos” el Mercosur? ¿Qué pensábamos de todas las trabas para importaciones que puso el sumiso secretario de Comercio Guillermo Moreno a importaciones de países del Mercosur?, ¿qué pensábamos de los cepos cambiarios que ha inventado el gobierno K en los últimos dos años?, ¿qué pensábamos de las rémoras argentinas para firmar tratados de libre comercio con la Unión Europea y cualquier otro país? Argentina no está haciendo “añicos” el Mercosur con esta medida sobre los puertos, sino que, de hecho, se ha separado del Mercosur al violar e ignorar el artículo 1° del Tratado de Asunción que establece la libre circulación de personas, bienes y servicios. Si nos atenemos a los hechos, Argentina “se fue” del Mercosur hace tiempo. Solo sigue asistiendo a los actos protocolares e interviniendo en decisiones políticas, como la suspensión de Paraguay. Pero en lo comercial y en lo económico, Argentina “se borró” hace tiempo.

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Sin embargo, seguimos a veces encandilados con lo que de allí viene. Como acaba de pasar con el pedido de allanamiento del juez Oyarbide, muy funcional al matrimonio Kirchner, en las oficinas del Royal Bank of Canada. Con inusual prepotencia, se presentó en la sede judicial uruguaya para “exigir” ese allanamiento. Aquí se realizó con diligencia y escaso control judicial. Esta semana, la Cámara Federal argentina anuló el procedimiento de Oyarbide, lo apartó de la causa por las endebles pruebas con las que trabajó allá y que son las mismas que mostró aquí para justificar el allanamiento.

Mientras tanto, el Royal Bank of Canada decidió irse de Uruguay, 40 empleados perdieron su trabajo, nuestra imagen de país serio fue dañada y varios altos funcionarios del gobierno, que habían justificado el allanamiento y festejaron la retirada del banco canadiense, estarán pensando si no habrán hablado demasiado pronto y sin conocimiento de causa. Quizá cabría preguntarse si esos funcionarios conocen cómo se maneja buena parte de la Justicia en Argentina y en especial el juez Oyarbide.

Es bueno que nuestro presidente reconozca que Argentina está haciendo “añicos” el Mercosur y sería bueno que quienes defendieron al juez Oyarbide se desdijeran de los dicho sobre el RBC. Pero sobre todo, sería muy interesante que nuestros gobernantes conocieran a fondo la realidad política argentina. Nos ahorraríamos darnos muchos golpes contra la pared y no soñaríamos con cuentos de hadas.

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