26 de junio de 2012 22:41 hs

El experto brasileño en temas de seguridad y convivencia, Marcelo Zacchi, aseguró que el paradigma estadounidense de erradicación de las drogas fracasó y frente a esa situación el debate que planteó el gobierno uruguayo para legalizar la marihuana le parece válido. Está en Uruguay invitado por el gobierno para asesorar al Ministerio del Interior y disertar en el seminario organizado por la Junta Nacional de Drogas y Fesur en el marco del Día Internacional de Naciones Unidas sobre el Problema Drogas.
Zacchi opinó que por los pocos datos que arroja el consumo de una sustancia prohibida “hay disenso científico”, pero lo que ocurrió en otros países demuestra que intentar el cambio puede ser positivo.

¿La pacificación de las favelas en Río de Janeiro ha logrado combatir el narcotráfico?
Río vive no solo con altos niveles de criminalidad y violencia, sino que parte de la ciudad es controlada por grupos armados y criminales. Hay barrios en los que a las tres de la tarde los niños patrullan las calles con fusiles, administran la ley y controlan quien entra y quien sale a esos territorios. Eso significa: ausencia de Estado democrático y erosión de los derechos humanos fundamentales. Entonces el primer paso ha sido la recuperación del territorio. Y eso se hace, primero, con un movimiento de ocupación por parte de la Policía y, segundo, implementando el Estado en sentido pleno. El narcotráfico se alimentó en un contexto de ausencia del Estado y de la Policía. Una vez que ya no es así y está la Policía de corte comunitario, se puede dar la venta y consumo de drogas pero no con el agregado de la violencia anterior. El problema se vuelve entonces más ubicable y limitado.

¿Pero una vez limitado es posible erradicarlo?
El narcotráfico es solo una entre muchas otras dinámicas criminales de violencia. Río fue una de las ciudades que más sufrió con la perspectiva de guerra, que establece que el problema principal de la violencia exterior se debe al comercio de drogas, y por lo tanto hay que enfrentarlo a cualquier precio: con la guerra, con muerte de inocentes, con desatención a otras dinámicas criminales, con aumento de violencia. Hubo cambios importantes en este paradigma, como recuperar los derechos fundamentales, como la vida y el tránsito.

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¿Cómo puede repercutir la regulación de la venta de marihuana en la seguridad ciudadana y en el narcotráfico?
El cambio de enfoque en la política de drogas que se da hoy en Uruguay y otros países de la región implica un cambio del paradigma estadounidense de erradicación, que orientaba todas sus políticas a conseguir un mundo libre de drogas. Décadas de intentos han demostrado que esa no es una meta factible. En todas las sociedades ha habido consumo de drogas distintas. Incluso en la nuestra hay drogas lícitas y otras ilícitas. Es parte de esta realidad. Entonces, es más lúcido y razonable reconocerlo y lidiar con eso a través de la regulación, la prevención y los tratamientos. Es mejor reducir los problemas que genera, que intentar erradicarla, porque las consecuencias colaterales de un abordaje de erradicación son muy costosas. Hay un eslogan que dice: “Las drogas son malas, la guerra a las drogas es peor”. Las consecuencias de enfrentar a la droga pueden ser mayores que la de la misma droga, porque genera narcotráfico y espacios para la delincuencia.

Sin embargo, el camino que recorre Brasil no es el de la despenalización de las drogas.
Es cierto. Pero en muchos países de América Latina se discute hoy esto.

¿José Mujica puede marcar la cancha en América Latina en este aspecto?
No sé si será el ícono de este movimiento. Creo que hay un movimiento colectivo de diversos países que empiezan a trillar caminos alternativos al combate al narcotráfico. Pero con este proyecto que anunció Mujica, por primera vez tenemos un modelo para cambiar esta política. En muchos estados de Estados Unidos está la venta legal de marihuana bajo autorización médica; ayuntamientos de España permiten el autocultivo legal de marihuana a través de clubes; en Portugal hay otros modelos. Se exploran cambios de la política en materia de drogas, pero en América Latina hasta ahora no había uno. Uruguay no solo plantea que hay que hacerlo, sino que además abre el debate sobre cómo hacerlo. Tenemos un modelo de política de drogas que no funciona ni logra su objetivo y que además genera consecuencias perversas. América Latina es posiblemente el rincón del mundo que más lo siente. Una revisión de ese abordaje, abrir el debate y la cabeza de forma racional es positivo.

Muchos especialistas, incluso psiquiatras, consideran que autorizar la venta de marihuana, en vez de disminuir el consumo de pasta base, lo aumentaría, por tratarse de la puerta de ingreso a otras drogas. ¿Esto es así?
Tenemos pocos ejemplos concretos para confirmar o rebatir esta hipótesis. En los casos de despenalización del cultivo o la venta de marihuana, como sucedió en California o en algunas regiones de España, no hay un incremento del consumo de otras drogas. Ni siquiera hay una explosión del consumo de marihuana. Entonces hay buenas razones para intentar modelos alternativos. También hay mitos, temor y desconocimiento en materia de drogas. Se plantean hipótesis, pero tenemos muy pocos consensos y conocimientos científicos sobre eso. Principalmente, porque con la prohibición resulta difícil hacer investigaciones serias a nivel social, y no solo patológico. Hay mucho disenso científico y las pocas experiencias concretas nos demuestran que es posible intentar el cambio sin mayores riesgos.


“En los casos de despenalización del cultivo o la venta de marihuana, como sucedió en California o en algunas regiones de España, no hay un incremento del consumo de otras drogas”

“Es mejor reducir los problemas que genera (la droga), que intentar erradicarla”


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