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El INE procesa cambios en la forma de medir sus principales indicadores.

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Del videocassette a Netflix: cambios en el IPC y medición "multidimensional" de la pobreza

El INE actualizará sus principales indicadores y comenzará a medir la pobreza más allá de los ingresos 

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30 de mayo de 2021 a las 05:00

Fabián Cambiaso.

El Instituto Nacional de Estadística (INE) está embarcado en un proceso de cambios de cinco de sus principales indicadores, entre ellos el Índice Medio de Salarios (IMS)  y el Índice de Precios al Consumo (IPC). En este caso la línea de base actual es del año 2010 y toma como punto de partida una canasta de consumo de 2005. 

El director del INE Diego Aboal dijo a El Observador que el cambio se procesará hacia fines de este año y pasará a tomar como referencia una canasta del año 2017. Las recomendaciones internacionales indican que se actualicen, como máximo, cada 10 años. 

El IPC estima la variación mensual de los precios de bienes y servicios que consumen los hogares, a partir de una batería que contiene desde productos de primera necesidad hasta vivienda, vestimenta o recreación. 

Lo que se hará, dijo Aboal, será actualizar la canasta, para lograr así una “foto” más cercana al momento actual, teniendo en cuenta que la vigente refleja el consumo de hace 15 años. 

Algunos elementos comunes en esa época, como el gasto en videocassettes, serán eliminados. En contrapartida incorporarán otros que en ese entonces no existían, como los gastos en acceso a tecnología, donde se registrarán los cambios más fuertes. En ese sentido la nueva canasta incluirá servicios hoy habituales, como Uber y Netflix.

Con respecto al IMS, que tiene una línea de base de 2008, se proyecta tenerlo actualizado en el primer semestre del año que viene. Lo mismo ocurrirá con el Índice de Precios de Productos Nacionales (IPPN), que viene del año 2010. 

Las modificaciones en el IPC tendrán su correlato en la revisión de la línea de pobreza por ingresos, un proceso de cambios que el organismo inició en 2019 y que sigue utilizando como base una canasta de consumo basada en la encuesta de 2006. 

Así, para agosto el INE proyecta tener una nueva línea de pobreza, basada en la Encuesta de Gastos e Ingresos de Hogares que se realizó entre 2016 y 2017. Por lo tanto, cambiará el umbral mínimo para que una persona no sea considerada pobre por los ingresos. 

Además, precisó el director, el objetivo es que este tipo de datos, que hoy se difunden con una frecuencia anual, sean publicados en forma semestral. 

De la mano de este proceso el instituto apunta a implementar, a mediados de 2022, un nuevo índice con indicadores de pobreza multidimensionales, que medirá determinados factores más allá del ingreso, como el acceso a la salud, el nivel educativo o la calidad de la vivienda.

Se trata de un criterio que trasciende a la posibilidad de comprar: dónde se vive, en qué condiciones, la capacidad de contar un servicios sanitarios de calidad o qué tipo de educación se logró obtener. Según explicó Aboal, constituyen elementos más profundos de bienestar que el simple hecho de tener capacidad de comprar alimentos para vivir. 

La correspondencia entre ingreso y bienestar, apuntó, no siempre es clara, ya que implica un concepto de bienestar que es limitado y muy sensible en el corto plazo. 

Además al basarse en una canasta fija de bienes y servicios no refleja cambios en los hábitos de consumo en cortos períodos de tiempo. 

La línea de pobreza por ingresos se basa en la actualidad en una canasta básica alimentaria y no alimentaria. A febrero de 2021 en Montevideo sus valores eran de $ 4.235 y $12.216 respectivamente. 

Por lo tanto, una persona para no ser considerada pobre en la capital debía tener ingresos superiores a $ 16.451. En el interior urbano ese valor era de $ 10.707, y de $ 7.213 en el caso de vivir en el interior rural.

El director del INE Diego Aboal explicó las modificaciones en las que trabaja el instituto

Como la premisa es que en las familias algunas cosas se pueden compartir, en términos de ingresos la línea de pobreza en un hogar de tres personas en Montevideo está fijada en unos $ 42.000. En el interior es de $28.000 y en el ámbito rural es de $19.400. 

Los dos índices, sostuvo Aboal, no serán excluyentes sino complementarios. Así, los uruguayos deberán acostumbrarse a leer dos tipos de cifras: una medirá la capacidad de compra, mientras otra estará vinculada a elementos más estructurales.  “Serán dos cifras distintas porque miden cosas distintas”, dijo. 

En ese marco las fluctuaciones que pueda tener el indicador de pobreza multidimensional serán mucho menores que el índice tradicional. 
 
El director del Instituto Nacional de Estadística aseguró que esto ubicará al país entre los pocos de América Latina que producen indicadores multidimensionales de pobreza. 

Por su parte, hace algunas semanas se concluyó la actualización de la línea de base del Índice de Volumen Físico de la Industria Manufacturera (IVFIM), que databa de 2006. 

Estos cambios serán acompañados por actualizaciones tecnológicas que mejoren los procesos de producción. 

Aboal explicó que trabajan para que la producción de índices esté en un sistema único que permita realizar una trazabilidad de todo el proceso. Actualmente, parte del trabajo se sigue realizando en planillas de Excel. 

Encuesta de Hogares: cambios históricos

Con un trabajo que por más de un año se realizó mayoritariamente vía telefónica, Aboal adelantó que “si la pandemia lo permite” en la primera quincena de julio el INE volverá al terreno con la Encuesta Continua de Hogares (ECH) que tendrá, aseguró, el cambio más significativo en los 50 años en que se viene realizando en cuanto a revisión y actualización. 

El cambio surgió a partir de una labor conjunta con la academia y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que le servirá al organismo para adaptarse a las últimas recomendaciones vinculadas al mercado del trabajo. 

Además de la tradicional visita al hogar y el llenado de un formulario, el encuestado será “seguido” durante un período de cinco meses por la vía telefónica, con preguntas concentradas en el mercado laboral. El organismo procurará indagar especialmente el impacto del teletrabajo. 

El INE incorporó a la ECH el Sistema de Monitoreo de Relevamiento (SMR) utilizado en otras encuestas y que permitirá organizar toda la producción de datos, desde su recolección en el terreno hasta su análisis. 

Para ello el organismo contó con el asesoramiento de su similar canadiense y, según Aboal, logrará reducir un tercio el margen de error en las estadísticas vinculadas al trabajo.

En particular porque se multiplicará por cuatro el número de encuestas relacionadas al mundo laboral, lo que permitirá efectuar estimaciones mucho más precisas. 

Aboal comparó los datos actuales del mercado de trabajo como un “electrocardiograma”, que no obedece a que haya saltos grandes mes a mes en desempleo, sino a que el margen de error es muy grande. 

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