5 de septiembre de 2014 20:10 hs

El tatuaje es un arte ancestral que ha cruzado océanos y fronteras para hoy convertirse en una tendencia que trasciende edades y estereotipos. Guzmán Tasende (www.guzmantasende.com.uy), comenzó a “dibujar sobre piel” cuando era un adolescente. En la actualidad es uno de los tatuadores más consolidados en el mercado local, y se ha convertido en uno de los impulsores de la Asociación de Tatuadores del Uruguay.
Entre decenas de dibujos, varios objetos vintage de colección y otras curiosidades, Tasende recibió a Café & Negocios, Emprendedores en su estudio ubicado en Carrasco.

¿Cuál fue su primer tatuaje?
Un Bart Simpson, espantoso.

¿Cómo comenzó su carrera?
A los 15 años. Me iba muy mal en el colegio, siempre repetía. Entonces mis veranos eran largos. Un verano fuimos a Santa Teresa y había una persona que tatuaba. Iba todos los días a mirar, y él siempre trabajaba sobre catálogo. Un día alguien le pidió un tatuaje que no estaba en su catálogo y me ofrecí para dibujarlo. Le gustó a la persona y se lo tatuó. Terminó el verano y yo seguí con el tema, hasta que cuando me quise acordar tenía un local de tatuajes.

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¿Cuándo se diferencia el arte del negocio?
Hay que separar las cosas, soy tatuador pero también tengo un negocio. Fuera del horario de atención soy artista, elijo el tipo de trabajo que quiero hacer; pero cuando tengo un local comercial, donde tengo que pagar impuestos, alquiler, luz, no puedo elegir qué trabajo hacer según mis gustos.

¿Cómo se creó la Asociación de Tatuadores del Uruguay?
La fundamos en 2001 junto con Eduardo Sasía. Hoy soy vicepresidente. El principal objetivo era exigir normas mínimas de seguridad, cosa que no existían antes. Salud Pública mostró gran interés por el tema, ya que había un vacío legal para abordar y se creó una ley donde se exigen determinados requisitos obligatorios para tener un local de tatuajes. Por otro lado también se hizo un curso de bio seguridad formado por cinco médicos, donde se capacitaba sobre temas de alergia, manejo de material estéril, bacteriología y todo lo que necesita saber alguien que trabaja en esto.

¿Han cambiado mucho las tendencias en el rubro?
Ha crecido mucho el mercado de los tatuajes, sobre todo gracias a la televisión. Hoy en día hay varios realitys (Miami Inc, Los Angeles inc). En la época de nuestros padres y abuelos el tatuaje era para prostitutas y marineros. Hoy en día el tatuaje trascendió, lo ves en personajes públicos como (el conductor argentino Marcelo) Tinelli o músicos. Está mucho más integrado a la sociedad.

¿Cómo es el proceso de trabajo con un nuevo cliente?
Cada persona es un trabajo totalmente diferente. Hay varios tipos de clientes, algunos vienen por lo simbólico y otros vienen más por lo estético.
Algunas personas vienen con una idea concreta y ya saben lo que quieren, a pesar de que a veces esa idea no es ‘tatuable’, (hay límites, no se puede tatuar la última cena, por ejemplo) y después hay otros clientes que lo usan más como moda -por ahí sabe el lugar del cuerpo que quiere tatuarse pero no sabe qué hacerse-.

¿Cuáles son los desafíos más grandes?
Lo más difícil es interpretar la idea que tiene el cliente en la cabeza para bajarlo a tierra, la comunicación con la persona es fundamental. Una vez que el diseño está plasmado en una hoja, para mi ya pasó lo más difícil.

No voy a hacer nunca un trabajo que considere que no va a quedar bien. Sí es por estética, va en gusto de cada uno, yo puedo dar opiniones (en qué lugar queda mejor), pero la última palabra la tiene el cliente.

¿Cómo se compone el equipo de su estudio?
El estudio es mío, pero por otro lado trabajan otros tres tatuadores a los cuales se les sub alquila. Con cada tatuador el arreglo es distinto, depende de varias cosas. Un tatuador normalmente maneja una unipersonal, puede tatuar en cualquier lugar.

¿Cómo se cotiza un trabajo?
Este rubro hay que pensarlo como el trabajo de un pintor. No es un producto que se arme y se venda. Rs tan personalizado que es imposible hablar de un costo generalizado. Cada tatuador tiene sus honorarios. No es lo mismo un tatuador que estuvo trabajando en Europa por años que uno que recién empieza, por ejemplo, o incluso influye también los pigmentos que usa o las máquinas.

Tampoco se puede cobrar por sesión, porque hay personas que quieren una sesión de una hora y otros con trabajos más complejos por ahí están tres horas.
Por ejemplo, un trabajo que ronde en la media hora, se cobra alrededor de $ 500, pero esto depende mucho del estudio, hay estudios que su mínimo es $ 1.000.

¿Es posible eliminar un tatuaje?
En Uruguay hace años que existe el método de laser con diamante, pero todavía no hay mercado para esto y las herramientas no dan los mejores resultados.


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