16 de diciembre 2018 - 5:00hs

El escenario es otro. El director de Los Pinos, Pablo Bartol, recibe a El Observador en la casa del Partido Nacional y no en el centro educativo que dirige en Casavalle. El lugar no fue elegido por casualidad. Bartol  pondrá en pausa su rol social como educador para pasar a la política y hacer campaña con Luis Lacalle Pou, con el objetivo de encabezar el Ministerio de Desarrollo Social a partir del 1° de marzo de 2020. Que el líder del sector Todos le haya pedido a Bartol que recorra el país contando sus ideas muestra la preocupación del candidato con la “integración social”, según entiende el director de Los Pinos. De ser ministro, le gustaría tener su oficina en Casavalle  porque cree  que “es dar una señal política de estar al lado de los que están en el foco de la violencia”. Ya con su mente en la campaña afirma que el Estado se ha dedicado a “denigrar” a las personas vulnerables, que se requiere de un sistema de mentores locales formados por técnicos para que cumplan funciones sociales en los barrios carencidos y que el Frente Amplio aplica “remedios de 1940” para hacer frente a una fractura social que entiende que trajo una violencia inédita en el país. 

¿Por qué decide dar el paso a la política? 
Luis Lacalle Pou me convenció de que hay un aporte para hacer al país. Aquello de “lo que hiciste acá en este barrio, que de alguna manera es cambiarle el chip a la gente”. Es pasar de un pensamiento derrotista a que la gente se haya puesto en una buena. Creen en sus hijos y lo que se está haciendo en Los Pinos (Casavalle), hay referentes que están transformando al resto de los jóvenes.  No sé si es solo hablándolo con Luis o con mucha gente más que una y otra vez me decían que lo que pasó en Los Pinos estaría bueno que pasara en todo el país. Quiero que el muchacho de Casavalle vea a esa señora que va caminando por Pocitos como si estuviera en su barrio, como si fuera su madre. No solo se tiene que generar sentido de pertenencia con el barrio, con lo propio, sino que se genere sentido de pertenencia con todo el país.

¿Cómo piensa pasar de lo micro a lo macro?
Eso lo vi aplicado en Colombia. Tienen un sistema llamado de “cogestores”, que es una especie de mentor de familias, que hacen un seguimiento de aquellos que tienen un mayor grado de vulnerabilidad. Son personas que los orientan a captar oportunidades. Muchas veces las personas que están en una situación de marginalidad es porque no saben aprovechar los recursos que hay. 

¿No saben aprovecharlos o el Estado no logra que los conozcan?
Las dos cosas. El Estado no logra llegar a esas personas que están últimas en la fila. Muchas veces llega a esas personas que tienen capacidad de reclamo pero no al que ya perdió la esperanza, al que ya se desenganchó de la sociedad,  que se siente derrotado.  Este sistema de mentores, que es para nivel nacional y cada uno tiene 120 familias a cargo, implica que cada uno sea una especie de padrino que los va orientando. Muchas veces todos nosotros hemos dado saltos en nuestras vidas cuando vino alguien y nos dijo algo muy concreto que nos acordamos de por vida. Es el “no puedo, esto es mucho para mí” y vino alguien y nos dio ese empujón. 

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¿La idea es, en síntesis, trabajar con mentores, personas que sigan de guía?
Exactamente y tienen que ser referentes locales. 

Entonces hay que ir a buscarlos y formarlos.
Por supuesto. El técnico (trabajador social) podrá formar al mentor. Pero la persona que piensa que no está para las ocho horas no lo va a sacar alguien que se formó en la universidad como trabajador social, lo va a sacar el que está a su lado en el barrio.

¿La idea es que sean voluntarios?
Tiene que tener algún tipo de remuneración porque tiene que cumplir una serie de metas. Hay unas pautas de cumplimiento donde tenés que ir registrando y comunicando a los servicios públicos. Es un trabajo estable pero no de tipo técnico esencialmente, sino de acompañamiento. Yo estoy trabajando con Lacalle Pou toda esa línea de integración en un país que sufrió una fractura que nunca tuvo en su historia. Por más de que hemos pasado muchos momentos de crisis, nunca habíamos tenido esta fractura social. Es un grupo de gente que se desenganchó del resto de la sociedad y no se siente que pertenece y eso queremos ayudar a resolver.

Diego Battiste

¿Lo arman pensando que en caso de llegar al gobierno usted sea el ministro de Desarrollo Social o no lo tiene confirmado?
Todo en política es “y si se da”. Hay negociaciones políticas, muchas etapas, habrá que ver si el Ministerio de Desarrollo Social queda en el sector Todos en caso de que ganemos. Pero queremos comunicarle al país que hay una solución. Hay un ambiente de derrotismo en el gobierno cuando dicen que esta sociedad es la que tenemos y está para quedarse. 

¿Qué valoración hace de los esfuerzos del Frente Amplio por atender a esa población que usted dice que no se sienten parte de la sociedad?
El ejemplo concreto es cuando te dicen que las personas en situación de calle tienen derecho a estar ahí. Lo que tienen son sus derechos vulnerados, perdieron su libertad, se vinieron abajo como personas porque no pudieron acceder a determinados servicios y se han roto todas sus redes de contención social. Hay que reconstituir esas redes de contención. Es la expresión grande de derrotismo, de haberse vencido. Es como cuando dicen que los jóvenes que se matan entre ellos son “ajustes de cuentas”.

“Quiero que el muchacho de Casavalle vea a esa señora que va caminando por Pocitos como si fuera su madre”

Decía en una charla con jóvenes de la lista 404 que el término “que se maten entre ellos” se suele vender como la solución cuando es el origen del problema. ¿Cómo se puede modificar esa forma de pensar que está tan inserta en la sociedad?
Muchas sociedades han pasado por estos procesos de fractura social y divisiones y han vuelto atrás; no es un proceso de que quedamos divididos para siempre. Nos espera y nos merecemos una sociedad mucho mejor que la que estamos viviendo, de eso estamos convencidos. A mucha gente se la ha abandonado. A los jóvenes se los abandonó en las cárceles, dejándolos a merced de una violencia inusitada, como diciendo “que se arreglen entre ellos”. Un muchacho abandonado en una cárcel que se queda todo el día en su celda es un desastre para él y para su entorno. Es muy difícil ver la derrota y volver a tu casa y querer algo mejor para tus hijos. Ver eso nos hace sentir a todos un poco peores y lo que necesitamos es mucha más unión. Que quien trabaja en una cárcel vuelva a su casa contento de que algún muchacho dio un paso adelante, que quiso salir de una situación de abandono.

¿Cuánta responsabilidad de esta realidad de “dejadez” que describe le atribuye a los gobiernos del Frente Amplio y cuánto cree que viene de gobiernos anteriores?
No me importa de quién es la culpa ni cómo llegamos hasta acá. Lo que estamos proponiendo es una solución país. Vamos hacia una sociedad mejor porque ha sufrido una fractura pero va a lograr resolverlo. Si nunca hubiéramos tenido ningún problema, seríamos una sociedad simple que no superó desafíos. Uruguay sufrió la fractura de la violencia política que terminó muy mal y la hemos logrado sobrevivir. Tenemos una democracia plena, que es ejemplo de toda la región, cuando tuvimos una época de enfrentamiento político que llevó a la violencia entre gente de la política. Sobrepasamos ese proceso. En este momento tenemos un proceso de fractura social que está llevando a una violencia que el país no conocía y lo vamos a resolver. Parte de la fractura es que vemos como enemigos a quienes no tienen nada que ver con nosotros, que no nos hicieron nada.

¿Cree que hay un proceso de deshumanización en la sociedad?
Así como por momentos podemos pensar que la gente en las cárceles no merece los mismos derechos humanos que los que estamos fuera, la reacción del otro lado es pensar que los que estamos gozando de una vida “simpática” no somos personas dignas de derechos.

“Estoy trabajando con Lacalle Pou toda esa línea de integración de las personas en un país que sufrió una fractura que nunca tuvo en su historia”

Todo lo que menciona tiene que ver con políticas sociales pero se vincula directamente con mayores niveles de inseguridad. ¿Se siente más cómodo encarando esta situación desde el Mides o desde el Ministerio del Interior?
Totalmente desde el Mides porque es lo mío, lo que sé hacer. Obviamente que un Estado debe tener un equipo de gente que se encargue de solucionar los problemas de violencia con la represión del delito, pero mi lugar siempre ha sido el de la integración. En el caso de que Lacalle Pou llegue al gobierno y de que yo llegue a estar en algún rol en el Mides, voy a estar el momento de la represión tratando de sanar lo que quede. Lo mío siempre ha sido estar en el fuego del volcán y va a ser estar ahí si estoy en el gobierno. Donde hubo represión del Estado porque no hubo más remedio, quedan personas por el camino. Hay que sanar heridas e integrar a familias enteras que quedan indefensas.

¿Cree que el Mides estuvo ausente en los operativos en barrios como Casavalle?
El caso emblemático es que la gente a la que grupos delictivos echaron de sus casas tenía una oficina del Mides a dos cuadras. Es obvio que el Mides ha estado ausente de los procesos de restitución de derechos y de tratar de sanar heridas donde hubo violencia. Ellos no están en el corazón del volcán, miran todo desde 18 de Julio. 

Diego Battiste

Lacalle Pou suele decir que le gustaría trasladar la sede del Mides a Casavalle, ¿concuerda?
Me encantaría que la oficina del ministro estuviera en Casavalle y después ver quién más viene. Es dar una señal política de que vamos a estar al lado de los que están en el foco de la violencia.

El gobierno menciona que el Estado debe recuperar el territorio que ganaron los narcos.
Cuando el problema era chico no se actuó, se dejó porque parecía que eran problemas de gente que  a ellos no les interesaban. Es como cuando dicen que los que duermen en la calle son pacientes psiquiátricos. Si lo son hay que atenderlos, pero falta que digan “no los mires y si les pasás por adelante, escupilos”. Como autoridad del Estado se dedican a denigrarlos en vez de ayudarlos. En Uruguay una persona murió dentro de una dependencia estatal comido por los perros. Es un gobierno que se dice progresista pero no cuidó al más débil.

El Mides tiene una serie de programas, como Jóvenes en Red, Uruguay Crece Contigo, supo tener el Plan Siete Zonas. ¿Se puede trabajar sobre esos programas o se necesitan nuevos?
Se puede pero ha faltado consistencia y perseverancia en el tiempo, porque todos los días estrenan un programa nuevo. El Mides tiene más de 70 programas y ninguno acaba de ser contundente y de conseguir resultados. Le tiran migas a cada uno y ninguno logra un efecto. Uruguay Crece Contigo es un brillante programa que se encarga de los primeros mil días de una persona, clave para su desarrollo, y en Casavalle ya no tiene ni operadores. Ahí es donde ves que no hay consistencia en las políticas sociales, hay fuegos de artificio. Esto es un cambio cultural donde la gente se tiene que empoderar, pero ese cambio necesita tiempo y madurez. Al Plan Siete Zonas lo hundieron.

“A los jóvenes se los abandonó en las cárceles, dejándolos a merced de una violencia inusitada, como diciendo ‘que se arreglen entre ellos’”

¿Le gustaría retomarlo?
Por supuesto. Es un plan de convivencia socio urbano que genera procesos de mejora que están totalmente comprobados. Apliquemos los fondos ahí y obtengamos resultados. 

Lacalle Pou también suele decir que los recursos con los que contarán en caso de llegar al gobierno se comparan con una frazada corta, fina y que tiene agujeros. ¿Van a tener que recortar en políticas sociales?
No, hay que ordenar el gasto. Yo me estoy reuniendo con gente vinculada al Mides y todos dicen que es dejar de dispersar recursos en programitas y cosas simpáticas. A casi ningún programa se le ha medido el impacto y como se aplican pocos recursos, no genera ningún cambio. La sociedad, para entusiasmarse con los cambios, tiene que tener un primer cambio. Pero el gobierno transmite a cada minuto una sensación de derrota.

¿Con quién del Frente Amplio le gustaría trabajar?
Dar nombres sería comprometerlos pero hay mucha gente de la izquierda técnicamente muy competente que no ha logrado que sus ideas prosperen en el actual esquema de las políticas sociales. Esa gente está deseando que haya un cambio y con ellos me estoy reuniendo. 

Parece que el diagnóstico de la situación ya lo tiene.
Y el tratamiento está aprobado en casos concretos. En una zona, en un barrio. Ahora hay que llevarlo al plano nacional pero que internacionalmente ya se ha aplicado. El FA está aplicando remedios del año 1940. Se avejentó en sus políticas sociales.

En la charla de la lista 404 decía que su proceso en la política era como pasar, de un día para el otro, de caminar en la rambla a correr una maratón. ¿En qué etapa de la maratón se encuentra?
Hice los primeros piques y no me faltó el aire. Hay buena sintonía con mis ideas y mucho con gente de izquierda. Están esperando la lluvia porque se dan cuenta de que se secó el pasto. 

¿Cómo reacciona ante propuestas sobre la seguridad que apuntan más a la represión?
Lacalle Pou me pidió que diga estas ideas por todo el país y es por eso que dejo Los Pinos a fin de año. A partir del 1 de febrero me involucro full time en la campaña porque no se puede estar de los dos lados del mostrador, pero con el ánimo de algún día volver. De lo que más hay campaña es para ministro del Interior y hacen todos fila para ver quién va a tener la medida más dura respecto a la seguridad. La represión al delito va a estar, pero si Lacalle Pou me pidió que me involucre en la campaña es porque se quiere dar la visión de que esa represión es inútil si no hay integración social.

Pero, como usted decía, hay mucha gente que reclama una represión más dura. ¿Cómo va a trabajar con eso?
Hay que salir a explicar que reclamar seguridad no tiene que llevar a querer que desaparezcan otras personas. Necesitamos integrar a esas personas que están en torno a la gente que está vinculada a la delincuencia. Si no, reproducís delincuentes. Así como hay un reclamo muy grande por represión, queremos el mismo reclamo por integración social. La represión resuelve el problema de corto plazo pero sin otras políticas lo agrava en el largo plazo. 

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