Tiene seis meses ya, pero sus vecinos siguen sin saber el sexo del bebé de Kathy Witterick y David Stocker. Es que el pequeño (¿pequeña?) Storm, nacido en Toronto, Canadá, está siendo criado sin género por sus padres.
Witterick y Stocker tomaron la decisión después de que sus primeros dos pequeños, Jazz (5) y Kio (2), ambos varones, fueran discriminados por llevar el pelo largo con dos trenzas o usar ropa rosada. Ninguno de los padres tienen vestimenta de estos colores.
Libertad y sociedad
Para Sally Munt, directora del Centro de Estudios Culturales de la Universidad de Sussex, Reino Unido, la decisión de este matrimonio canadiense “no es muy distinto a lo que hacen otros padres a la hora de imponer sus decisiones de género sobre sus hijos”.
Y ejemplificó: “En la actualidad se incita a las niñas a jugar al fútbol o llevar pantalones cortos y hace unas décadas esto hubiera sido considerado perverso y erróneo. Muchos padres tratan de que sus hijos no se vean constreñidos por el género y les permiten que lloren, expresen sus emociones o soliciten mimos”, publicó el Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC).
En este sentido, Munt dijo: “La relación entre sexo biológico y género es generalmente muy impredecible y difícil de precisar: hablamos de géneros en plural, puesto que hay muchos y no corresponden exactamente con el sexo biológico”.
Jugar a las muñecas o con autos, boxear o hacer gimnasia rítmica, usar celeste o rosado, nada quieren decir sobre el género de un pequeño. Son construcciones culturales.
En cambio, Paula Heinonen del Centro de Estudios Internacionales de Género de la Universidad de Oxford, dijo a SINC: “No creo que esto sea realizable. El niño no vive aislado, sino en sociedad. Sus hermanos conocen su sexo, ¿cómo van a lograr que niños tan pequeños guarden el secreto de forma sostenida? Y ¿cómo reaccionará cuando vaya a clase o tenga que rellenar documentos oficiales en los que lo primero que hay que decir es el sexo?”.
Por su parte, Jane Henrici, directora de Estudios para el Centro Internacional de Política para Mujeres de Washington, afirmó: “Si lo miramos de una forma optimista, también podemos interpretar que estos padres canadienses entienden que la sociedad en la que viven está preparada para enfrentar este desafío a los géneros; tratan de ayudar a que la sociedad cambie a través de la educación de sus hijos”.
Ya dirá Storm qué opina de su infancia “agenérica”.