Hace dos años, Sonic Youth dio un sísmico concierto en Montevideo –el primero en su carrera– que permitió comprobar tanto la intensidad de la banda como las habilidades por separado de cada intérprete: la intensidad frenética de su líder Thurston Moore, la actitud de la sensual y siempre joven Kim Gordon, la contundencia del baterista Steve Shelley y la pulsión de los atemporales ramalazos de guitarra de Lee Ranaldo.
Llama la atención el estilo de los temas con el hecho de que Joe Agnello los haya producido. Uno pensaría que su fuerte son los discos con un sonido más intenso, más ruidoso.
No lo veo así, Joe es un productor muy versátil. Pero además de todo eso, es un amigo y una persona muy confortable para trabajar, que era lo que necesitaba en este momento y para este tipo de proceso.
¿Qué es lo que más disfruta del proceso de grabación? ¿Su imprevisibilidad?
Para mí es la enorme cantidad de posibilidades que puede tener una canción. Creo que lo mejor es ver cómo tus canciones van tomando vida después de comenzar de una determinada manera. Es decir, de cómo comenzaron a ir moviéndose de ese camino original a una cosa distinta dentro del estudio y también de cómo progresaron y mutaron de ahí en adelante, siendo tocadas en vivo. Creo que esto es algo que no había vivido con tanta intensidad antes. Es muy diferente a Sonic Youth, que es un lugar en el que nuestras canciones toman una forma y solo una forma. Aquí, yo creo que cada una tiene por lo menos tres tipos de encares diferentes. De hecho, en Holanda pude tocar una de ellas con un arreglo grande de cuerdas, o cosas por el estilo.
¿Es también una aproximación suya hacia un costado más confesional de canción?
En realidad, supongo que eso puede tener que ver con el tipo de disco que es, que es uno en un estilo cercano al de cantautor o songwriter, y con las influencias que veo aquí. Algunas de ellas vienen de la adolescencia, como, por ejemplo, Neil Young o Leonard Cohen, quizá Joni Mitchell. Creo que lo de ahora no es tanto una cuestión confesional de plano. Lo que sucede es que cuando uno compone solo una canción, en esta distancia con quien te escucha, le estás abriendo una puerta muy personal a quien te escucha. Que sepa qué sentís cuando componés una canción, o qué es lo que estás pensando. En ese sentido, creo que estaba buscando un tipo de registro muy personal.
Nels Cline, de Wilco, graba guitarras en este disco y eso hace que haya algún dejo del sonido de esa banda. ¿Qué es lo mejor que aporta él como guitarrista?
A mí me gusta mucho el estilo de composición de (el cantante y líder de la banda) Jeff Tweedy. Dicho esto, no creo que sea una influencia, o una que se haga muy presente. Conozco a Nels desde mucho antes de que entrara a tocar en Wilco. Obviamente tenemos nuestras cercanías con la banda, con la que giramos el año pasado, y algunos proyectos compartidos como un par de canciones que produje para la película sobre Bob Dylan I´m not there y en las que ellos aparecieron. Pero creo que una cosa que se logró es tener a gente como Nels y que el trabajo tuviera una identidad muy propia, así como pudimos sumar a John Medeski a tocar y lo suyo suena, pero en el marco del disco.
Hay canciones como Fire Island, que además de ser demasiado extensas como para encasillarse en el género pop rock, están incluso divididas en dos secciones.
Esa fue una de las canciones que me resultaron más entretenidas de armar. Tenía muchas ideas para esta canción, que apareció mientras tocaba en una pequeña casa que tengo cerca de la playa. El desafío con esta canción, para la que se me habían ocurrido muchas cosas, fue juntarlas a todas en un tema y tener la canción más esquizofrénica del disco. Algo más melódico, con una coda, con algunos espasmos de ruido. Se convirtió en una especie de cápsula entre esas canciones. l
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