29 de noviembre de 2013 19:05 hs

Se enamoró del teatro cuando de niña acompañaba a su padre, quien hacía difusión para El Galpón, a ver obras como Fuenteovejuna y Julio César. De adolescente juntaba monedas para pagar la entrada al teatro Circular y se quedaba extasiada por el olor a pintura de la escenografía. “‘Quiero estar acá’, sentí. No sabía haciendo qué, porque no quería actuar. Después fue muy lindo en 1998 estrenar en el Circular”, dice la directora, dramaturga y actual directora artística de Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático (EMAD), Mariana Percovich. Su última puesta, Las descentradas, de Salvadora Medina Onrubia, arrasó el martes con las nominaciones en los Florencio, ya que es candidata a obtener nueve premios.

¿Qué significa el teatro para usted? “Es el centro de mi vida. Es el motor, es el lugar de la creación, yo no podría vivir sin el teatro, es el aire que respiro, es todo”, contesta Percovich, aunque, a juzgar por la forma en la que habla, la pregunta sea casi retórica. La directora recibe a El Observador en el interior de una casa de empapelados rococó y repleta de objetos, que al ritmo de los martillazos continúa siendo preparada para convertirse en el espacio que dé vida al universo de Felisberto Hernández (1902-1964).

En este inmueble sito en la calle Jackson se desarrollará durante 15 funciones, desde mañana y hasta el 15 de diciembre todos los días a la hora 21, Proyecto Felisberto. Se trata de una de las obras más ambiciosas de Percovich, que sube a escena el mismo día en que su directora cumple 50 años. Los cuentos de Hernández elegidos (Las Hortensias, El balcón, Nadie encendía las lámparas y El acomodador) fueron adaptados por los dramaturgos del grupo Complot Gabriel Calderón, Luciana Lagisquet, Santiago Sanguinetti y Alejandro Gayvoronsky. El equipo involucra, además, a 10 actores, la escenógrafa y vestuarista Paula Villalba, el iluminador Martín Blanchet y el músico Fernando Cabrera.

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Como en varios proyectos anteriores, Percovich hace uso de un espacio no convencional para la obra. Las escenas en Proyecto Felisberto se irán alternando por los diferentes cuartos de la casa, y el espectador podrá ver algunas escenas colectivas y otras más privadas, donde solo se admitirán unas 10 personas. El público cumplirá un papel activo, ya que deberá tomar decisiones. “La idea del proyecto surge hace muchos años, en la medida en que Felisberto Hernández me parece uno de los autores centrales y de una teatralidad increíble. En el año 2010 empecé a hablar con la Fundación Felisberto, ellos se entusiasmaron y empezó todo este proceso”, comenta la directora.

“El espectáculo habla de un Uruguay de casa cerrada, de ropa pesada, de mujeres encerradas. Es una zona que a mí me encanta para trabajar artísticamente y que me parece que el cine uruguayo tendría que trabajar mucho, porque siempre toca lo contemporáneo. Esto es como una prepelícula, porque vos entrás a un mundo en 3D en vivo. Queríamos recrear los que nos había generado la lectura de Felisberto. Son cuentos que terminan abruptamente, con comportamientos muy extraños, imágenes muy fuertes. Queremos recrearle al espectador esa vivencia y que después compare y, si nunca leyó a Felisberto, que vaya y compre el libro”, añade.

¿Qué sensación recuerda de sus primeras lecturas de Hernández?

Lo leí en el liceo y me impactó mucho. Después, cuando entré al IPA (es profesora de literatura), lo empecé a estudiar y me fascinó. De toda la literatura latinoamericana con la que me encontré, Felisberto fue el que atrapó la cabeza. Era una sensación llena de imágenes la que me dejaba.

¿Cómo fue la producción del espectáculo?

Diseñar la producción de esto fue una demencia, porque hubo que articular todo. Si no hubiéramos tenido el fondo de Fortalecimiento (de las Artes) que ganamos, nunca podríamos haber hecho este espectáculo. Nosotros no lo hacemos para ganar plata, sino porque creemos en lo que hacemos. Ganamos el fondo además para poder pagarle el sueldo a los actores (que están ensayando desde febrero). Ganamos $ 1 millón y $ 800 mil se van en sueldos. Hay costureras, herreros, sonidistas, hay un pianista en vivo todas las noches. Por eso el costo de la entrada es de $ 350 .

¿Este es su proyecto mas ambicioso?

Este y El vampiro en el Jockey, que fue gigantesco, era en 12 pisos.

¿Cree que hay que redefinir el rol del espectador en el teatro?

Hoy en día en el teatro y en el arte contemporáneas las categorías de espectador-obra separados se cayeron. Hay algo con la interacción que vos tenés en la computadora o el telefonito, algo de la recepción que cambió. Hay cierta forma de teatro que debe hacerse muy bien para que la magia vuelva a aparecer. Disfrutar la actuación en un primer plano revive el hecho teatral. Lo divertido de este tipo de teatro es que nunca es igual. Esta es la primera vez que incorporo la decisión del espectador en el armado del espectáculo.

¿Dónde radica la importancia de los espacios no convencionales y en cuál otro le gustaría trabajar?

Es importante porque obliga siempre al creador y al espectador a una renovación de la creencia. Lo audiovisual ha replanteado esto muchas veces y el teatro tiene una costumbre de cierto nivel de convenciones. Por otro lado, me encantaría hacer teatro en todo lo que veo en la ciudad. Siempre tuve el sueño de usar una gran piscina. Pero me he sacado gustos, porque hice teatro en estaciones de trenes, ferias vecinales, edificios.

¿Cómo realizó el clic de empezar a trabajar de esta manera?

Cuando empecé a ser espectadora de teatro me di cuenta de que había algo que no me estaba cerrando. Me acuerdo que vi un espectáculo en Buenos Aires que se llamaba Tamara, que tiene mucho que ver con este, y uno en San Pablo, El libro de Job, que era en un hospital desactivado, que me encantó. Ahora cada vez que viajo voy a ver directores que hacen este tipo de teatro.

En sus obras suele trabajar sobre la cuestión de género. ¿Qué presencia tiene este tema en Proyecto Felisberto?

Acá también está porque en Felisberto el tema género es fuerte. Ves esas mujeres frágiles, nerviosas o solteronas. Luciana Lagisquet trabajó sobre eso. Es muy fuerte cuando las ves en carne viva, porque te das cuenta de lo que eran esos personajes. En el proceso de ensayo las actrices se impactaron mucho

Como mujer, ¿le costó llegar, sintió algún condicionamiento?

No me ha costado llegar, pero sí que me señalen por feminista. Como levanto la voz, molesta, y entonces sos una feminista, dicho un poco despectivamente, o “qué loca que es”. Pero a un hombre que levanta la voz no le dicen loco.

El martes se anunciaron las nominaciones a los Florencio. ¿Qué obras destaca?

He visto poco este año porque he hecho mucho. No me interesa decir qué es lo mejor pero sí descubrir nuevas figuras en el teatro. Los sigo con disciplina partidaria. Me pasó hace unos años con Florencia Lindner, para mí fue de las figuras más importantes que aparecieron. De las últimas cosas que he visto, Bienvenido a casa fue de lo que más me interesó, me parece de lo más interesante que se ha hecho en los últimos tiempos. l

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