17 de mayo de 2013 18:52 hs

Lucía González funciona a ritmos diferentes del mundo frenético. Nacida en el seno de una familia de músicos, recién con 34 años lanza su primer trabajo. Sus canciones tampoco tienen ningún apuro. Se desarrollan y desenvuelven con la tranquilidad y languidez de una tarde de verano calurosa.

Desde chica, González tuvo la música alrededor suyo. Por eso parece seguir la tradición al llenar cada espacio de su casa con pequeños instrumentos musicales. Desde ukeleles rosados a pequeños pianos.

“Mis primeros recuerdos musicales son mi casa llena de gente ensayando. Todo el día mucho ruido”, dijo González a El Observador. “Mi padre ensayaba en un cuartito de atrás, mi hermana tocaba la flauta y mi hermano estudiaba percusión y estaba todo el tiempo con las tablitas. Era un ruido imponente. Nací inmersa en eso”.

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De chica comenzó a tocar el violín, pero el estudio a la larga le jugó en contra. “Era súper obsesiva y estudiaba pila de horas por día. En una época llegaba de la escuela y lo único que hacía era estudiar y leer”. La presión, sobre todo autoimpuesta, la superó. “Y lo dejé. También me di cuenta que si seguía con el violín, toda mi vida iba a estar orientada hacia eso, a tocar en una orquesta. Y no era tanto lo que yo quería”, afirmó.

El 2007 fue el año de quiebre. El año en el que finalmente González decidió ponerle ritmo a sus letras. Con la colaboración de Gabriel Casacuberta coprodujo el disco que estará presentando oficialmente hoy en Lindolfo.

“Estuve desde el 2000 al 2005 en Barcelona, trabajando y estudiando fotografía. Y me fue creciendo el sentimiento de querer hacer música”, contó González. “Gabriel se denomina a sí mismo como un facilitador”, dijo. “Él dice que yo ya tengo todas las herramientas y si hay cosas que no sé hacer, él me las facilita”.

La intención detrás de Lucía González es canalizar todas las cosas que la cantante vivió. “De muy joven perdí a mis padres. Y eso fue algo que me impulsó. Tenía cosas que decir, mucha angustia por lo que había pasado”.

¿Y volvió esa presión que sentía de chica? “Sí, en realidad sí. Pensaba que si no hacía esto ahora me iba a sentir mal. Si no iba a estar de vieja mirando videoclips y lamentándome de que yo podría haber hecho eso. Por suerte salió todo bien”, dijo entre risas.

Antes incluso de editar el disco, Please –su primer corte de difusión– sonó en una radio distorsionada, en una escena de la película La casa muda. Y una versión de su canción, Propergol, está sonando en todo el mundo, pero en el nuevo disco de Bajofondo. “Fue algo increíble. Gabriel invitó a comer a la banda y me invitó también a mí. Ahí él les mostró algunas canciones y yo me puse de todos colores”, contó. A Gustavo Santaolalla le gustó tanto que quiso versionarla para el disco. “Yo la escuchaba y no lo podía creer”, dijo González. Este, según su creadora, es un disco muy personal. Pero lo mostrará al público en vivo por primera vez hoy, con una banda completa que desenvolverá la intimidad de su disco para revelarlo ante los ojos del público.

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