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¿La victoria de Trump se debió al uso de información falsa?

Gran parte del mundo, políticos, comunicadores e intelectuales han expresado su preocupación sobre la proliferación de las noticias falsas

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22 de abril de 2019 a las 05:03

Últimamente, en gran parte del mundo, muchos políticos, comunicadores e intelectuales han expresado su preocupación sobre la proliferación de fake news (noticias falsas) y han propuesto medidas para combatir ese fenómeno. Aunque en principio su preocupación es compartible, corresponde hacer al menos tres observaciones críticas.

Primera. Con frecuencia se atribuye la culpa de las fake news únicamente a los políticos y al mal uso de las redes sociales, ignorando dos hechos obvios: a) muchos medios de comunicación social (y por lo tanto muchos periodistas) han difundido muchas noticias falsas; b) es insostenible presentar a todos los periodistas como víctimas inocentes en todos los casos. Un poco de autocrítica de los periodistas no vendría mal en este contexto.

Segundo. Con frecuencia los periodistas proponen vías de solución en las que ellos mismos son juez y parte en los casos de noticias falsas. Esto no suele funcionar muy bien. No pocas veces el fact checking (la verificación de hechos) es la continuación de una noticia falsa por otro medio. En definitiva, el juez principal de las noticias falsas es siempre el público.

Tercera. Muchas propuestas acerca de las fake news dan la impresión de estar sustentadas por una determinada intencionalidad política. Por ejemplo, en este contexto a menudo se ha dicho que las victorias electorales de Donald Trump en Estados Unidos y de Jair Bolsonaro en Brasil se debieron al uso de información falsa. Se podría sostener que esas afirmaciones, en sí mismas, constituyen una o dos noticias falsas. Dado que conozco mejor el caso de Trump que el de Bolsonaro, a continuación me referiré a la elección de Trump en 2016.

Casi todo el establishment cultural y económico de Estados Unidos (por ejemplo, más del 90% de las estrellas de Hollywood y de los CEO de las mayores empresas) rechazó al candidato republicano Donald Trump y apoyó a la candidata demócrata Hillary Clinton. Y casi lo mismo podría decirse del establishment político, ya que Trump sufrió una oposición cerrada no sólo del Partido Demócrata (lo que no es inusual), sino también de gran parte de los políticos republicanos: los llamados NeverTrumpers, porque su lema en las elecciones primarias era Never Trump -Trump jamás.

Trump obtuvo su victoria electoral pese a que la gran mayoría de los medios de comunicación social de su país se opusieron a él de un modo muy duro y constante. La cobertura periodística de la campaña electoral estuvo, en promedio, muy sesgada a favor de Clinton. Por lo tanto, cabe suponer que, si la campaña electoral hubiera sido totalmente limpia, sin noticias falsas, sin distorsiones ni exageraciones interesadas, la victoria de Trump habría sido aun más amplia.

En general, los medios uruguayos, siguiendo la línea de las agencias internacionales de prensa, tendieron a ser complacientes con Hillary Clinton y sumamente críticos de Trump. Eso explica por qué relativamente pocos uruguayos se enteraron, por ejemplo, de lo siguiente:

1. El libro Clinton Cash, de Peter Schweizer, reveló fuertes indicios de que, mientras fue secretaria de Estado, Hillary Clinton habría practicado un tráfico de influencias muy lucrativo, lo que podría explicar por qué violó la ley y puso en peligro la seguridad nacional usando sistemáticamente un servidor de email privado en el ejercicio de ese alto cargo, y por qué luego borró muchos emails relacionados con su trabajo.

2. Con autorización de una corte federal secreta, las llamadas telefónicas de un miembro del equipo de Trump fueron espiadas por el FBI bajo el gobierno de Obama durante la campaña electoral, en busca de evidencias de una posible colusión entre la campaña de Trump y el gobierno de Putin. La autorización de esas pesquisas secretas se basó principalmente en el famoso Dossier Steele, financiado (aunque usted no lo crea) por la campaña de Clinton y por el Comité Nacional Demócrata. Casi tres años después, las afirmaciones centrales de ese dossier no han sido verificadas. Hubo una interferencia rusa en las elecciones de 2016, pero fue relativamente pequeña, por lo que no puede haber alterado el resultado. Según el informe final de la investigación del fiscal especial Robert Mueller, no existió colusión de la campaña de Trump con Rusia.

3. Mucho mayor que la influencia rusa en esa elección fue, por ejemplo, la influencia de Google, que siguió una línea netamente contraria a Trump. Sobre este punto hubo muchas noticias reveladoras, pero solo tengo espacio para recordar una: la filtración de un video de la primera reunión semanal de los empleados de Google con la alta gerencia de la empresa (incluyendo a sus dos fundadores) después de la victoria de Trump. Ese video evidencia la gran angustia y el profundo desprecio de esa poderosa élite ante el resultado electoral y muestra su voluntad de comprometer a Google en la lucha contra el movimiento populista en Estados Unidos y en el mundo. 

Ojalá el combate contra las fake news no sea una calle de un solo sentido y se traduzca, en todos los medios de comunicación, en una mayor objetividad periodística y en un impulso contra la curiosa falta de curiosidad de la prensa frente a algunos fenómenos muy importantes.

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