El objetivo autoimpuesto de Manuela da Silveira es hacer reír a todos. Para ello, la coconductora de Sonríe, te estamos grabando probará nuevamente su talento como comediante mañana en el estreno de su primer unitario en la Sala Teatro Movie. Con la dirección de Emilia Díaz y Angie Oña, el espectáculo titulado De buen humor será una mezcla de stand up de observaciones sumado a la presencia de varios personajes que Da Silveira ha presentado en su programa de televisión, tales como Niño Doblaje y personificaciones de Susana Giménez, Cristina Fernández, Shakira, entre otros. En esta etapa de su carrera, la comunicadora busca definirse en su rol como comediante mientras lidia con la tarea de generar carcajadas y aceptar el miedo y la ansiedad que la sobreexposición y el trabajo arriba de las tablas y frente a las cámaras le genera.
¿Cómo surgió la idea de realizar este espectáculo
Surgió en los camerinos de Las tres gracias, cuando estábamos por bajar de cartel. No tenía ningún plan para esta segunda mitad del año. Tenía ganas de volver, hace tiempo que estoy trabajando una cuestión de miedo escénico que me alejó del monólogo, y ya estaba como preparada. Hice mucho trabajo personal para superar la ansiedad escénica y agarré viento en la camiseta.
¿Se refiere a un miedo escénico suyo? ¿Estaba padeciéndolo?
Arranqué haciendo stand up desde un lugar muy inconsciente. Salía y era tremenda caradura. Si se reían o no yo seguía haciéndolo desde un lugar desfachatado. Empezaron a salir más eventos, shows, y el miedo a decir que no me llevó a agarrar un montón de eventos. Los que estamos en el medio tenemos miedo de que mañana se acabe todo y entonces hay que hacer una base o ahorrar un dinero. Fue un año que no pude procesar. Terminé fuera de mí y por un tiempo me dije que no me animaba a subir a escena, y me acostaba pensando “cómo nadie se rió”. Asumí que tenía cierto miedo y empecé a trabajarlo y a leer e investigar y me di cuenta de que el miedo escénico no se va a ir, está ahí. Pero me amigué mucho con ese miedo.
¿Miedo a qué?
Cuando te subís al escenario es difícil separar el trabajo de tu valor como persona. Pensaba “si soy mala comediante, soy mala hija, mala amiga, mala persona”. Empecé a poder separarlo y darme cuenta de que en mi cabeza todo es mucho más grave. El público siempre está disponible. A veces no es a través de una carcajada sino de una sonrisa, y eso es suficiente. Ahora me armé de herramientas. Faltan unos días para el estreno y estoy nerviosa como un hámster dando vueltas. Eso está, pero me prepara desde otro lugar. Llego al escenario con otra realidad, una realidad más festiva.
De buen humor será su primer unipersonal, pero hay cierto “apoyo” de varios personajes que aparecerán en escena.
Aprovechando el escenario de Movie, hicimos varios esquemas en los que vamos a proyectar videos mientras yo me cambio para representar a un personaje u otro. Está bueno para mostrar estos personajes que me gustan y me han hecho crecer en el humor. Estoy sola haciendo un monólogo pero al principio y al final hay cuadros con bailarinas, algunas de María Inés Camou, que aparecen conmigo, que estaré ócupando un lugar completamente ridículo.
Muchos de los personajes que hará los fue creando en Sonríe te estamos grabando. ¿Cómo decidió sacarlos afuera de la televisión?
Esos personajes pueden salir de la pantalla desde otro lugar. No con la improvisación de ponerse una peluca por arriba de la ropa que uso en el programa, sino de una forma más elaborada de maquillaje y caracterización. Me encanta hacer personajes.
En esa división de personajes reales pero interpretados en clave de parodia, como Cristina Fernández, así como otros ficticios, como Niño Doblaje, ¿cómo se diferencia el proceso de construcción de cada uno?
Cuando hago imitaciones en Sonríe... parto de parodias. Son pequeños juegos que tienen latiguillos que están en el colectivo de la gente y funcionan como un atajo rápido al humor. Si voy directo a un personaje que la gente ya conoce es más sencillo. Cuando hago personajes míos, como por ejemplo el Niño Doblaje, el mérito está en que tuvieron que instalarse en el colectivo del público. Hay que darles chance y a veces en la televisión es difícil. Hay que buscar una interacción con otros y darle una personalidad armada y que no dependa de elementos de la realidad.
En la comedia, ¿qué lugar ocupa el drama?
La premisa más importante es que haga reír a todos, siempre. Que no sea una lección, todo tiene que ser en función del chiste. Desde esa premisa yo tengo mis propios límites. A mí no me gusta hacer humor negro. Si está en un espectáculo el hijo, el primo, el hermano de esa persona que yo pueda nombrar y le arruino la noche con un chiste, este chiste no vale, y no lo vale. Prefiero ir por un camino que cueste más llegar al chiste. A veces me pueden decir que es un humor muy correcto, pero no me importa. En el escenario hay que sentirse cómoda.
¿Cómo se encuentra frente al estreno de mañana?
Tuvimos los últimos ensayos generales. Estoy en ese momento, cuando faltan pocos kilómetros para finalizar una carrera y ya quiero terminarla. Estoy entregada, pero absolutamente confiada en que di todo y que va a ser una fiesta. A mí me costaba decir que soy comediante. Ahora lo estoy aceptando y este es el primero de los muchos shows que quiero hacer para ser una.