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¿Por qué les tememos a los murciélagos y cuál es la amenaza en Uruguay?

Un biólogo alertó sobre el peligro que representan para estos animales los mitos que se han construido en Uruguay

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23 de julio de 2019 a las 05:02

Por Bruno Gariazzo - Especial para Cromo

“Los dientes puntiagudos, los labios voluptuosos, manchados de sangre… Todo ello era suficiente para producir escalofríos de terror, y su cuerpo sensual, visiblemente carente de alma, era como una burla diabólica de lo que fuera en vida el cuerpo de Lucy”. Estas palabras preceden al asesinato del personaje de Lucy en la novela Drácula, de Bram Stoker, personaje que se transforma en un ser abominable e inmortal luego de una mañana en la que dos orificios rojos son encontrados en su cuello.

Aunque los vampiros no representan más que una ínfima parte del enorme grupo de los murciélagos, las historias como la de Stoker han sido suficientes para infundir un profundo miedo hacia estos animales en nuestra cultura. El pasado jueves 4 de julio, el biólogo Santiago Chitaro brindó una charla en el Museo de Historia Natural sobre la importancia de la conservación de los murciélagos en nuestro país. En diálogo con Cromo, explicó en qué sentido el temor hacia estos mamíferos voladores es totalmente infundado.

Un terror que aletea en la noche

Chitaro –integrante del Programa para la Conservación de los Murciélagos de Uruguay– se encuentra muy vinculado a los exploradores de cavernas del Centro Espeleológico Uruguayo Mario Isola. Considera que el terror que envuelve a sus objetos de estudio parte principalmente de la superstición.

En las culturas occidentales, la asociación de los murciélagos con las tinieblas y el peligro aparece reiteradas veces tanto en forma de relatos orales como escritos. Más allá de la sombra del conde Drácula y su séquito de seres chupasangre con fobia a la luz del sol y a las estacas, los murciélagos son proyectados en la Biblia como “aves inmundas”, y en El paraíso perdido de John Milton el propio Satanás aparece representado en una ilustración de Gustave Doré con las alas de estos animales. El Caballero de la Noche –mejor conocido como Batman– utilizaba a su favor el profundo pavor de las personas hacia estas criaturas para luchar contra el crimen. Saliendo de nuestra cultura, los mayas asociaban a los murciélagos con el dios Camazotz, dios de la noche, la muerte y el sacrificio.

Dentro de la mitología china, suelen estar relacionados con las hadas y ser símbolos de buena suerte, longevidad, salud, felicidad y prosperidad. Esta visión oriental agrada a Chitaro, quien considera que la negatividad que recae sobre los murciélagos es injusta. Entre las 1.100 especies que existen, solo tres pueden considerarse “temidas”, ya que son especies vampiro.

En efecto, más del 70% de las especies de murciélagos del mundo son insectívoras y frugívoras, es decir que se alimentan de insectos y frutas. Las hay polinívoras (se alimentan de polen), carnívoras (de carne) y piscívoras (de peces), pero solo una ínfima parte es hematófaga: son las bebedoras de sangre, las responsables de las historias de vampiros y de las interpretaciones demoníacas de la existencia de estos seres voladores tan diferentes al resto de las aves.

Para las antiguas culturas humanas era difícil explicarse qué eran esas extrañas criaturas nocturnas, en apariencia ciegas pero que de alguna forma lograban guiarse en la penumbra. Hoy se sabe que se guían a través de lo que se conoce como “ecolocación”: gracias a las contracciones de una laringe más ancha que la de otros mamíferos, los murciélagos son capaces de emitir ultrasonidos (sonidos de alta frecuencia) que, al rebotar en objetos o presas y llegar hasta sus oídos, les aportan información acerca de las distancias que los separan de estos. Así logran construir verdaderos mapas tridimensionales de los espacios en los que circulan.

Aunque para Chitaro el aspecto de los murciélagos está lejos de ser amenazante, considera que las facciones podrían explicar parte del rechazo que sufren. Por otro lado, la mordedura de un murciélago vampiro es particularmente temida desde el descubrimiento del virus de la rabia, ya que estos mamíferos, al igual que muchos otros, son transmisores de la enfermedad. Pero, según Chitaro, las probabilidades de que un murciélago muerda a una persona son ínfimas, y más ínfimas aún son las posibilidades de que justo ese murciélago sea portador del virus de la rabia.

Los vampiros son pocos, se alimentan de la sangre del ganado y la presencia de personas suele ahuyentarlos, por lo que esta fobia a la transmisión de enfermedades por la mordedura de un murciélago lo único que trae como consecuencia es la matanza en masa de colonias enteras de animales inofensivos. “Creo que el miedo por trasmisión de enfermedades es más una excusa que una justificación, ya que son poquísimos los casos de contagio a otros animales, y muchísimo menos a humanos”, opinó el biólogo.

Su importancia ecológica (y humana)

Su apariencia podrá confundirnos, pero Chitaro afirma que los murciélagos presentan muchas más semejanzas que diferencias con los seres humanos. “Generalmente le tememos a lo que nos puede dañar, pero también a lo que no entendemos, nos resulta incómodo o es muy distinto a nosotros a primera vista. Con los murciélagos pasa algo parecido: son animales que si bien son distintos a los humanos en apariencia, no son más diferentes de lo que es un hombre de un conejo”, comentó.

El nombre científico de este grupo de mamíferos, Chiroptera (quirópteros), proviene de las palabras griegas cheir, que significa ‘mano’, y pteron, que significa ‘ala’. En efecto, el ala de un murciélago en verdad es un brazo y una mano modificada con dedos muy largos unidos por una membrana denominada patagio.

Al igual que los humanos, viven en grandes colonias de miles a millones de individuos que cooperan entre sí con comportamientos altruistas. Por ejemplo, el cuidado de crías por madres ajenas o la colaboración entre machos en la defensa de las hembras. Estos comportamientos sociales son aprovechados por humanos cuando desean deshacerse de una colonia de murciélagos: como comparten su comida y se acicalan mutuamente, a los exterminadores les basta con atrapar a uno, envenenar su pelaje y devolverlo a la colonia a la espera de que se extienda el veneno entre sus pares.

Sin embargo, la conservación de los quirópteros no es solo importante por la empatía que pueda significar el parecido que guardan sus sociedades con las nuestras. Su existencia aporta beneficios tanto a los ecosistemas que comparten con ellos los seres humanos como a la propia economía de nuestros recursos.

Como la mayoría de los murciélagos son insectívoros, ayudan a controlar las poblaciones de plagas que pueden afectar a los cultivos agrícolas, como es el caso de coleópteros (escarabajos) o dípteros (moscas), además de luchar contra insectos que comúnmente son transmisores de enfermedades, como los mosquitos. Estos animales también son importantes polinizadores de plantas que florecen durante la noche y, en otros países, también funcionan como dispersores de semillas fundamentales para la conservación de los ecosistemas.

“¿Quién sabe cuántos más beneficios estamos obteniendo de ellos sin que lo sepamos? –preguntó Chitaro–. He allí una de las razones por las que debemos seguir estudiándolos para poder entender las interacciones positivas que existen entre murciélagos y humanos”.

Existen actualmente 23 especies registradas de murciélagos en Uruguay, ocho de las cuales están catalogadas como vulnerables o muy vulnerables, por su escasa presencia en el país y su delicado estado de conservación.

Algunas de estas especies son el murciélago orejudo oscuro (Histiotus velatus), el murciélago dorado (Eptesicus diminutus), el murciélago de orejas anchas patagónico (Eumops patagonicus) y el murciélago de línea blanca (Platyrrhinus lineatus).

Las principales amenazas que hoy sufren los quirópteros son la perturbación de sus colonias, la destrucción y modificación de sus refugios y/o hábitats por la forestación o la exterminación (quema) “sanitaria”, la persecución por falta de información, los parques eólicos, que constituyen un  riesgo potencial por colisión, y el uso de agrotóxicos.

Como principal consejo para ayudar a conservar a este grupo tan particular de mamíferos, Chitaro recomendó informarse antes de actuar. “Es la clave para protegerlos. Lo demás va de la mano del respeto que debemos tener hacia estos animales como hacia cualquier especie en nuestro país”, indicó.

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