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¿Por qué Uruguay está importando los alimentos que produce?

Atraso cambiario con países vecinos provocó fuerte ingreso de carne brasileña en lo que va del año e inusual compra de leche 

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30 de septiembre de 2018 a las 05:00

La mayor apreciación del dólar en países vecinos generó en los últimos meses la preocupación de los exportadores. La disparidad con el comportamiento de la moneda a nivel local –donde se fortaleció pero a menor ritmo–, volvió a los productos uruguayos menos competitivos. Pero esa diferencia ya no solo afecta a las ventas hacia el exterior; también empieza a notarse en las importaciones. Y ocurre en agroalimentos, donde Uruguay es un fuerte productor histórico.   

En los primeros nueve meses del año la importación de carne vacuna tuvo un marcado crecimiento respecto al mismo período del año anterior. Las compras externas fueron básicamente en Brasil, pero también llegaron cortes desde Paraguay. 

 A su vez, días atrás se produjo la importación de otro producto que usualmente no se adquiere en el exterior: leche larga vida barsileña. La fuerte devaluación del real brasileño frente al dólar que alcanzó el 21,7% en lo que va del año –en Uruguay fue de 14,5%– provocó que los exportadores de ese país tengan precios más competitivos que los locales, en un rubro en el que tradicionalmente Uruguay es más competitivo que su vecino. 

Es por eso, que en poco tiempo habrá una partida de leche larga vida importada en las góndolas de los comercios. Y ya hay carne originaria del Mercosur a disposición del público, algo que preocupa a las plantas de faena que destinan su producción al mercado interno. 

Entre enero y fines de setiembre, se importaron 11,7 millones de kilos de carne vacuna fresca, refrigerada o congelada, según datos aduaneros. En el mismo período de 2017 las compras externas fueron por 3,7 millones de kilos. 

En este año, el 76% de los cortes importados provinieron desde Brasil y después se ubicó Paraguay con el 17%. Las compras en ese período fueron por US$ 46,5 millones. Solamente entre agosto y setiembre ingresaron más de 3 millones de kilos de carne, prácticamente la misma cantidad que durante todo el año pasado.  

“La libre importación de la carne de Paraguay y de Brasil ha destrozado al mercado interno; literalmente lo destrozó”, dijo la pasada semana el representante de la Asociación de Plantas de Faena del Mercado Interno en la Junta del Instituto Nacional de Carnes (INAC), Carlos Pagés, a radio Carve.  Añadió que debería exigirse que la carne que ingresa al país esté libre de hormonas y de antibióticos como ocurre con la local. Su inquietud tema fue planteada ante la junta del INAC.

Precisamente, el presidente del INAC, Federico Stanham, indicó a El Observador que la propuesta será analizada. Igualmente, sostuvo que se debe diferenciar la producción local de la importación. En ese sentido, expuso que exigirle a los productos locales que críen el ganado sin hormonas no significa que deba prohibirse el ingreso de carne desde países que sí las utilizan. 

La llegada de esa proteína no preocupa a los carniceros. “Siempre entró carne importada”, dijo a El Observador el presidente de la Unión de Vendedores de Carne, Hebert Falero. Aclaró que el porcentaje de ese producto en las carnicerías es mínimo. La explicación del comerciante para adquirir esa carne desde el exterior es clara y pasa por el precio. 

“En poszafra los frigoríficos no faenan para exportar, salvo algún pedido extraordinario, y están llenos de carne; entonces el precio para el mercado interno se dispara a niveles que no son normales”, explicó. Falero marcó que la carne que ingresa de Brasil no tiene diferencia con la uruguaya. “El ganado de Río Grande do Sul es igual al nuestro y además en esa zona tienen mejor clima”, indicó. Por último, añadió que Paraguay también ha mejorado notoriamente su producción y ofrece valores muy competitivos.

Gana el consumidor  

Después está la mirada de los consumidores. “En la medida que los frigoríficos sigan exportando como lo hacen, el que se beneficia con la importación es el consumidor al comprar carne más barata”, dijo a El Observador el economista Pablo Moya de la consultora Oikos. Complementó que “si en el exterior se paga más por lo que se produce localmente y se puede importar lo mismo más barato de alguna manera se gana por los dos lados”. 

A su vez, el economista de CSC Consultores Marcos Soto señaló que “la disparidad cambiaria tiene varios efectos. Uno es el de la competencia a nivel internacional de iguales productos; otro es la entrada de mercadería más barata que compiten directamente con la local”. 

Lácteos y otros

Esta semana, se produjo la importación de 300 mil litros de leche proveniente de Brasil, una operación muy poco usual en el país. La multinacional Parmalat, que tiene plantas de elaboración en Rio Grande do Sul,  fue quien efectuó la operación. El tipo de cambio también tuvo su incidencia en este caso y también pesó que la mercadería fuera producida por la misma multinacional.

Soto explicó que Brasil está teniendo precios competitivos no solamente en productos como la carne y los lácteos. “Otro tipo de alimentos y también la vestimenta pueden llegar en gran escala a competir con productos locales”, vaticinó.

“Hay importadores de productos de consumo masivo que lo están ratificando. Hay una buena oportunidad para ellos por el tema cambiario y los consumidores que optan por los precios seguramente se vuelquen a esas opciones más económicas”, comentó el experto. 

 

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