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¿Qué hacer con el emprendimiento en Uruguay?

Análisis de los aspectos más relevantes del emprendimiento en nuestro país a partir del Global Entrepreneurship Monitor y algunas consideraciones respecto de su futuro.

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29 de noviembre de 2020 a las 05:02

Por Leonardo Veiga
Responsable del GEM Uruguay y profesor del IEEM

Análisis de los aspectos más relevantes del emprendimiento en nuestro país a partir del Global Entrepreneurship Monitor y algunas consideraciones respecto de su futuro.

 

Desde 2006 Uruguay es parte del Global Entrepreneurship Monitor, lo que ha generado más de una década de información sobre la actividad emprendedora nacional y nos permite medir su evolución en una multiplicidad de dimensiones a lo largo del tiempo, al mismo tiempo que realizar comparaciones con otros países. La información detallada se puede encontrar en el último Reporte Nacional[1]. Acerco los aspectos más relevantes.

 

Lo bueno

La actividad emprendedora tuvo un salto importante en 2011, cuando la actividad emprendedora total temprana (emprendimientos que no han pagado sueldos por más de tres años y medio) saltó a 16,7 %, desde el 11,7 % del año previo. Esa tasa se ha mantenido oscilando en torno a ese nuevo nivel, habiendo sido de 15,7 % en 2018. Esto significa que cada 100 uruguayos entre 18 y 64 años, aproximadamente 16 emprenden. Ese salto en la actividad emprendedora se explica por un aumento de los emprendedores por oportunidad, esto es, quienes lo hacen porque encontraron algo prometedor. El emprendimiento por necesidad —quienes emprenden porque no tienen opciones de sustento— llegó a estar en 1,9 % en 2011 y ha subido a 4,6 % en 2018, el máximo nivel registrado. En materia de edades, encontramos que el peso del grupo de los emprendedores de entre 18 y 34 años de edad es muy similar al de aquellos de entre 35 y 64 años, habiéndose mantenido esta equivalencia a lo largo de todos los años considerados.

 

Lo malo

La deseabilidad de la carrera emprendedora está en picada entre la población desde hace unos diez años, no habiendo diferencias significativas entre hombres y mujeres al respecto. Este declive ha venido acompañado de un deterioro paralelo de las mediciones en cuanto a la percepción del prestigio y la respetabilidad de los emprendedores en nuestra comunidad.

 

La actividad emprendedora en Uruguay es predominantemente de hombres de nivel de ingresos altos. En 2018, los emprendedores de ingresos altos representaron el 4,9 % de la población, y los de ingresos medios el 2,8 %. Sumados constituyen prácticamente la mitad de todos los emprendedores del país. La gran desigualdad en el género se da entre aquellos de ingresos altos: las emprendedoras son el 2,3 % de la población. La relación es más del doble entre hombres y mujeres.

 

La actividad intraemprendedora, esto es, los que realizan un trabajo de carácter emprendedor dentro de la empresa en la que trabajan, tuvo un máximo en 2011 de 16,4 %, y a partir de allí comenzó una caída con oscilaciones. En 2018 esa tasa fue de 7,6 %.

 

Los emprendimientos que sobreviven alimentan la renovación del conjunto de unidades empresariales del país. El nivel de la tasa de dueños y administradores de negocios depende de la cantidad histórica de empresarios, a la que se suman los emprendedores que pasan a la condición de empresarios (después de haber pagado sueldos por más de 42 meses) y de la que se deducen aquellos que descontinúan sus negocios, ya sea porque cierran o porque son absorbidos por otras empresas. Los datos indican que la cantidad de empresas que desaparecen y los emprendimientos que no sobreviven no se compensa por las nuevas empresas que aparecen. Los dueños y administradores de negocios establecidos en 2018 fueron 5,6 %.

 

El futuro

 

En materia de políticas públicas referidas a emprendimiento se suele distinguir aquellas que son políticas sociales de las que son políticas de desarrollo. Las primeras procuran apoyar a grupos dentro de la sociedad que adolecen de problemas de inserción laboral. Muchos de los programas del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) son de ese tipo. El otro tipo de políticas apuntan a los emprendimientos dinámicos, los cuales las investigaciones han demostrado que son un grupo muy reducido dentro de los emprendimientos, pero con el potencial de mover los números de una economía, fruto de su crecimiento explosivo. Muchas de los instrumentos de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) y de la Agencia Nacional para el Desarrollo (ANDE) están dentro de esta categoría.

 

Considero que hoy en el país hay necesidad de un tercer grupo de políticas: las de consolidación social. En las economías de mercado, la promesa básica del sistema es la posibilidad de la movilidad ascendente. Esa promesa se implementó por la vía de la educación, la que permitió la consolidación de una clase media que ha sido la base de la estabilidad del sistema democrático. El problema al que nos enfrentamos es que el cambio tecnológico está alterando drásticamente la relación entre mercado y empresas a favor del primero, y modificando los perfiles de aquellas personas que las empresas reclutan. Probablemente la educación ya no pueda por sí sola cumplir la promesa del ascenso social, quizá ni siquiera pueda garantizar evitar el descenso. En este nuevo escenario, el emprendimiento pasa a jugar un papel completamente distinto que en el pasado. En una sociedad en la que muchas de las actividades que antes eran realizadas por la clase media serán automatizadas, el emprendimiento (creatividad aplicada a la generación de valor social) se encuentra a salvo. En una economía en la que las nuevas tecnologías permitirán implementar soluciones por la vía del mercado en el que antes solo se podía optar por las soluciones empresariales, se necesitará a muchas personas que sean capaces de participar activa y creativamente en esos mercados.

 

Se aproxima aceleradamente una realidad en la que el saber emprender pasará a ser una capacidad habilitante para una integración plena en la sociedad. Dentro de las herramientas que habrá que aportar a los ciudadanos está la habilidad y los conocimientos para reconocer las oportunidades para generar valor, los instrumentos y el temple para administrar la incertidumbre, la resiliencia y la búsqueda del difícil equilibrio entre la prudencia y la audacia.

 

[1] Lo pueden encontrar en la sección Noticias de la web del IEEM: www.ieem.edu.uy/noticias

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