Juan José Fleitas, más conocido como Lico, es uno de los responsables de que diciembre tenga perfume de jazmín en Montevideo.
Fleitas, tercera generación de floristas en la capital, tiene 42 años y trabaja desde hace más de 32 en la clásica esquina pocitense de avenida Brasil y Benito Blanco.
Junto a sus 10 hermanos, todos floristas como él, cubren una buena parte del área urbana para que la memoria emotiva nuestra recuerde en cada inspiración que las fiestas están por llegar, que el año se acaba y que, en casa o en el trabajo, debe reinar la flor de pimpollos apretados o de pétalos blancos desplegados.
El Bocha está en 21 de Setiembre y Ellauri, Martín en 26 de Marzo y Pereira, Graciela en 8 de Octubre y Garibaldi, Jorge en 8 de Octubre y Propios; Julia en Grito de Asencio y Agraciada, Carina en General Flores y Garibaldi, y Fausto en 18 de Julio y Tristán Narvaja, por citar a algunos de los Fleitas.
Cada puesto se abastece, como el resto de los muchos que brotan en Montevideo por esta época, de los dos mayores productores de jazmines del Uruguay: la empresa Caputto, de Salto, y la empresa Guarino, de Manga, Montevideo.
Los jazmines del norte florecen antes (este año comenzaron a hacerlo el 25 de octubre) y hasta mediados de diciembre. “Los del sur resisten más porque no se enfrían. Son los que llegan a Navidad. Este año florecieron el 20 de noviembre”, explica Fleitas a El Observador en su puesto de Pocitos.
De la rama al florero
Al jazminero hay que regarlo tres veces al día y se alimenta con urea. Cuando florecen los del norte, se les cortan los pimpollos verdes, se envuelven en diario y se colocan en cámaras de frío, donde pasan dos semanas. Llegan a una distribuidora en el Mercado Modelo y luego se reparten para la venta callejera.
En una buena zafra se venden entre 8.000 y 12 mil chatas de 120 flores de los jazmines del norte y unas 3.500 chatas de los del sur. El total supera con amplitud el millón de jazmines.
Como en toda industria agrícola, existen costos de procesamiento, envasado y traslado que afectan el precio final al consumidor. Los jazmines se venden sueltos, a un precio de $ 10 o en ramos de seis flores, por entre $ 40 y $ 60.
Aunque no lo parezca, hay diferencias en las ventas según la zona de la ciudad donde esté el puesto. Por ejemplo, en el Centro de Montevideo se vende más que en los barrios residenciales.
“El jazmín es una flor de poca duración. Se vende más en el Centro, por las oficinas. Con agua aguanta dando aroma entre tres y cuatro días”, dice Fleitas.
Para marcar la diferencia, el florista explica que se venden en promedio unas 40 docenas al día en Pocitos, mientras que en el Centro se comercializan por estos días entre 60 y 70 docenas.
¿Quiénes son los clientes? “Hay de todo, pero básicamente gente mayor. Que un guacho te compre un jazmín o una rosa es raro. Un veterano, no”, agrega Fleitas y recuerda que el pico de ventas de flores en Uruguay se produce con motivo de San Valentín, cada 14 de febrero.
Una historia de siglos
El jazmín es una planta oriunda de Asia, que llegó a Occidente a través de los árabes, que a su vez lo conocieron por los persas. Y esos rastros están detrás de la etimología de la palabra, que viene del árabe hispánico yasamín y este del persa yasamán, según consigna el diccionario de la Real Academia Española.
Con la conquista americana llegó a estas tierras, donde crece desde entonces y perfuma cada fin de año con su aroma dulzón y, cuando comienzan a marchitarse los pétalos marfileños y se vuelven marrones por la oxidación, empalagoso.
La floración marca las fiestas, el cambio de fecha, las esperanzas de renacer en un nuevo año aunque su brevedad nos recuerda también lo transitorio de las cosas.