16 de mayo de 2026 17:01 hs

Cuando Donald Trump subió al escenario en un mitin de campaña en Indiana en 2016 dejó clara una cosa: China era el principal antagonista económico de Estados Unidos.

"No podemos seguir permitiendo que China viole a nuestro país", le dijo a una multitud en Fort Wayne. "Nosotros tenemos las cartas. No lo olviden".

A lo largo de una década de mítines, la retórica de Trump contra China no disminuyó, sino que la mantuvo en su campaña de 2024 y en su segundo mandato.

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Trump regresó a la Casa Blanca acompañado de aliados clave que han hecho de los ataques a China su sello distintivo.

El secretario de Estado, Marco Rubio; el vicepresidente, JD Vance; y el asesor económico principal, Peter Navarro, todos ellos están unidos a la hora de acusar a Pekín de "estafar" a Estados Unidos, robar tecnología a escala industrial e inundar las calles estadounidenses con fentanilo.

Poco después siguieron los aranceles, escalando del 10% en febrero de 2025 al 145% para mediados de abril, en el llamado "Día de la Liberación", que es como Trump denominó al lanzamiento de los aranceles a las importaciones procedentes de China y de decenas de otros socios comerciales de Estados Unidos.

China respondió con contundencia, imponiendo a Estados Unidos aranceles del 125% y bloqueando las exportaciones de tierras raras. La guerra comercial ya estaba en marcha.

Pero un año después, y tras muchas idas y venidas en la cuestión arancelaria, llegó la visita de esta semana de Trump a Pekín.

La visita de Trump a China

Trump pisó la alfombra roja en el Gran Salón del Pueblo ante cientos de niños que ondeaban banderas y una banda militar que interpretaba a todo volumen el himno nacional estadounidense.

"Es un honor estar contigo", le dijo Trump al presidente chino, Xi Jinping. "Es un honor ser tu amigo. Y la relación entre China y Estados Unidos va a ser mejor que nunca".

Trump pronto celebró los "fantásticos acuerdos comerciales", aunque no se confirmó ningún avance importante.

Según se informó, el fabricante de chips Nvidia recibió la autorización para vender semiconductores a 10 empresas chinas, y Boeing consiguió un pedido de 200 aeronaves.

Por su parte, Citi obtuvo la aprobación para operar un negocio de valores en China.

Pero entre la cortesía y los gestos suavizados, las posiciones de línea dura hacia China reflejan la postura tradicionalmente más intransigente del Partido Republicano de Trump.

El presidente de EE. UU., Donald Trump, sube al Air Force One antes de su partida desde el Aeropuerto Internacional de Pekín-Capital, en Pekín, el 15 de mayo de 2026.
Getty Images
Donald Trump definió a Xi Jinping como “amigo” en su visita a China.

Menos de una semana antes de la cumbre, el Departamento de Estado de EE.UU. sancionó a tres empresas chinas por suministrar imágenes satelitales a Irán para ayudar a atacar a las fuerzas estadounidenses en Medio Oriente.

Y siguen existiendo cuestiones pendientes, principalmente Taiwán, la isla autogobernada que Pekín considera una provincia rebelde.

Trump ofreció pocos detalles sobre el destino de una venta de armas a Taiwán por valor de US$14.000 millones que ha sufrido retrasos y que tanto demócratas como republicanos "duros" frente a China consideran esencial.

Antes de la visita, un grupo bipartidista de senadores envió una carta instando a Trump a seguir adelante con la venta y a "notificar formalmente" a su homólogo chino.

"En lo que respecta a Taiwán, [Xi] tiene una postura muy firme. Yo no hice ningún compromiso en ningún sentido", les dijo Trump a los periodistas a bordo del Air Force One, añadiendo que tomaría una "decisión en un periodo relativamente corto" sobre la venta de armas.

El dilema de Taiwán

El comunicado chino sobre la reunión convirtió a Taiwán en su punto central, argumentando que no abordar esta cuestión podría provocar "enfrentamientos e incluso conflictos, que pueden llegar a poner en grave peligro la relación".

El comunicado de la Casa Blanca no mencionó a Taiwán.

La declaración china fue interpretada por algunos de los que integran el amplio movimiento MAGA (Make America Great Again, "Hagamos a EE.UU. grandioso de nuevo") como una amenaza.

"Me sorprende que, dado que mucha gente quería presentar esto con un espíritu positivo, Xi comenzara con una amenaza", declaró a Politico el exestratega de Trump, Steve Bannon.

"Fue tan descarado y tan evidente, que lo colocaron como el punto principal", agregó.

Sin embargo, incluso los partidarios más fervientes de una línea dura contra China en el Capitolio y entre los aliados de Trump se mantuvieron en gran medida en silencio tras el viaje, ofreciendo pocas reacciones al tono amable de Trump y a sus declaraciones poco comprometidas sobre Taiwán.

El presidente de China, Xi Jinping, y el de Estados Unidos, Donald Trump.
Getty Images
Las declaraciones de China sobre Taiwán fueron interpretadas por algunos como una amenaza.

Para los expertos en China en Estados Unidos, la falta de reacción no resultó sorprendente.

"Si tuvieras 50 cumbres presidenciales en un mes o en un año, aun así no cambiaría el hecho de que hay temas en los que Estados Unidos y China simplemente nunca se pondrán de acuerdo", le dijo a la BBC David Firestein, presidente y director ejecutivo de la Fundación George HW Bush para las Relaciones entre Estados Unidos y China.

"Eso no significa que no vaya a ser una cumbre exitosa", añadió.

El tono y la retórica más moderados de Trump, agregó Firestein, podrían reflejar el reconocimiento de que las tácticas utilizadas en los años posteriores a su última visita en 2017 no han funcionado.

"Seguimos teniendo hoy los mismos problemas con el acceso al mercado, los derechos de propiedad intelectual, los subsidios… la lista continúa", afirmó.

"Ninguno de esos problemas se ha resuelto tras ocho años de la entrada en vigor de estos aranceles".

El gran interrogante

David Sacks, investigador de estudios asiáticos del Council on Foreign Relations, señaló que la moderación en el tono de Trump probablemente se trasladará a otros funcionarios, legisladores republicanos y a su base política en general.

"A diferencia del primer gobierno de Trump -y francamente de cualquier gobierno reciente- esto es mucho más de arriba hacia abajo", dijo. "Creo que quienes están en el gobierno están, en su mayoría, en un rol de implementación".

Los comentarios de Sacks fueron respaldados por Stephen Orlins, presidente del Comité Nacional sobre Relaciones entre Estados Unidos y China.

"Cuando Trump opina, la gente lo sigue", afirmó. "Y su base también lo sigue".

Sin embargo, Trump sigue enfrentando un dilema con Taiwán.

La presión continuará, desde ambos lados del espectro político, para que formalice la venta de armas pendiente por valor de US$14.000 millones antes de la visita prevista del presidente Xi a la Casa Blanca en septiembre.

"Creo que el Congreso seguirá enviando cartas para instar al gobierno a que apruebe la venta a Taiwán", dijo Sacks.

Hasta ese momento, cada vez que "altos funcionarios del gobierno comparezcan ante el Congreso, se les seguirá preguntando sobre el estado de la venta de armas a Taiwán", agregó.

Sin embargo, una decisión desde el Despacho Oval no está garantizada en absoluto.

"Una gran venta de armas estadounidense a Taiwán, entre ahora y septiembre, podría poner en peligro esa visita", añadió Sacks.

"El paquete de US$14.000 millones es ahora, de hecho, un gran interrogante".

BBC

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FUENTE: BBC

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