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¿Qué tan bien le fue a la economía uruguaya tras la recuperación democrática?

Desde la salida de la dictadura, en los últimos 30 años la tasa de crecimiento económica de Uruguay fue 3,7 veces mayor que la de las tres décadas anteriores

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26 de mayo de 2018 a las 05:00

El ministro de Economía, Danilo Astori, ha señalado en varias oportunidades que desde que se llevan registros estadísticos en Uruguay, el país nunca tuvo una etapa tan larga de crecimiento económico como la que se ha dado desde el año 2004. Y los números lo avalan. En los últimos 15 años Uruguay registra un crecimiento acumulado de 57%, con una tasa de expansión anual promedio de 4,6%.
 
Sin embargo, si se intenta escapar de los intereses y las discusiones político-partidarias o ideológicas, y se mira la macroeconomía uruguaya con una perspectiva a más largo plazo, Uruguay ha crecido notoriamente más desde el año 1985 a la fecha, que lo que lo hizo en los 30 años anteriores, o en cualquier otro período de su historia.
 
En un estudio realizado por el doctor en historia económica y socio de la firma CPA Ferrere, Gabriel Oddone, se señala que entre los años 1985 y 2016 la tasa de crecimiento del país fue 3,7 veces mayor en comparación al período 1953-1984. Aunque esta tendencia puede interpretarse que se da también a nivel global, las cifras del Banco Mundial apuntan que el mundo creció a menor ritmo entre 1988-2015 que lo que lo hizo de 1960 a 1988.
 
En este sentido, varios economistas consultados por El Observador destacaron que en Uruguay hubo políticas llevadas a cabo a lo largo de las últimas décadas que lograron corregir una serie de desequilibrios que habían caracterizado al país durante varios decenios, a partir de que se logró cierto consenso desde la academia –y también en la política– sobre favorecer la apertura comercial, bajar sustantivamente el déficit fiscal y combatir la inflación, lo que se tradujo en términos macroeconómicos en una mayor disciplina fiscal.
 
La inflación en Uruguay entre los años 1968 y 1998 promedió un 63%. A partir de ese año se logró bajar a un dígito, ubicándose en 8,63% a finales de la década de 1990. En 2017 los precios al consumo subieron 6,55%, según datos del Instituto Nacional de Estadística.
 
Reformas estructurales como la ley forestal de fines de los 1980, la de zonas francas, la reforma portuaria, la desmonopolización de los seguros, la creación del Mercosur, la reforma del sistema de seguridad social de 1996 y la reforma tributaria de 2007, así como el manejo de la deuda externa pos crisis 2002, son algunas de las medidas que han llevado a cabo los tres diferentes partidos políticos que han gobernado el país desde la salida de la dictadura y que impulsaron a Uruguay a tener en estas últimas décadas un desempeño de su economía sustancialmente mejor que en los decenios anteriores.
 
Basado en los números de su estudio, Oddone consideró que a pesar de que el mundo mejoró, en Uruguay se tomaron muy buenas decisiones y ningún partido en particular puede adjudicarse los buenos desempeños. Para el economista, "la generación uruguaya que ha vivido en los últimos 30 años tiene para decir que esta sociedad ha hecho mejor las cosas de lo que lo hicieron quienes tomaron decisiones hasta mediados de los 1980".
 
 
Mientras en los años 1960 y buena parte de los 1970, el déficit del sector público rondaba el 8% y llegó a alcanzar con la crisis de la "tablita" en 1982 un pico de 15%, la emisión monetaria era un recurso común para financiar el déficit fiscal, lo que desembocó en altos índices inflacionarios, que llegó a ser de 135% en 1967. De hecho, el promedio de la inflación desde ese período a 1998 fue del 63%, año en que se logró bajar finalmente a un dígito, tras un exitoso proceso de desinflación a finales del siglo pasado después de que se dieron algunos años de hiperinflación.
 
Según Oddone, las decisiones que se tomaron con el neobatllismo implicaron que en la década de 1960 un país de tres millones de habitantes empezara a ejecutar una política de sustitución de importaciones, sin mercado interno y desconectado del "planeta tierra", consolidando así una economía dirigista con excesos regulatorios que llevaron a un estancamiento económico con alta inflación desde 1958 a 1968, que introdujo al país en una situación muy complicada desde el punto de vista económico.
 
"De 1955 a 1985 la historia es muy mala. A pesar de que era el país de Maracaná que la gente idolatra, se tomaron algunas decisiones nefastas a partir de un mal diagnóstico que pretendió seguir un modelo de desarrollo como el de la región, que era completamente inadecuado. Se configuró todo un esquema de regulación y de funcionamiento de la economía sumamente dirigista, con fuertes intervenciones en el mercado y fijación de tipos de cambio múltiples. Además, se dieron avances del Estado en las esferas de los negocios con objetivos confusos", aseguró el economista.
 
A partir del nombramiento como ministro de Economía de Alejandro Végh Villegas en 1974 por parte del presidente Juan María Bordaberry –ya en su época de gobierno dictatorial–, con algunas reformas de tinte liberal como la liberación del sistema financiero y la desregularización del sector ganadero –que había estado décadas estancado también por límites alcanzados por las praderas naturales–, entre otras, Uruguay revirtió, aunque de forma parcial, su economía dirigista que se había consolidado a partir de la década de 1940, para apuntar a un horizonte más aperturista.
 
Desde entonces, la economía uruguaya mejoró en el frente fiscal hasta 1980, aunque la inflación seguía presentando problemas, por lo que como plan de estabilización se fijó un tipo de cambio que se anunciaba con meses de anticipación ("la tablita"), de forma de controlar la tasa de devaluación y el aumento de precios.
 
Aunque la política económica llevada adelante logró su cometido los primeros años, se produjeron nuevos desequilibrios macroeconómicos que tuvieron su origen en el aumento del gasto público (en el contexto internacional hubo flujos de capitales hacia los países emergentes que facilitaron el endeudamiento de los países de la región), que llevó al país a una nueva crisis de la que no se saldría hasta el retorno a la democracia. También durante esos años la abundancia de dinero provocó importantes inversiones en infraestructura (represas y rutas) y un "boom" en la construcción, destacándose de forma particular Punta del Este.
 
Sobre este punto, el economista Javier de Haedo opinó que efectivamente Uruguay mejoró considerablemente su tasa de crecimiento económico en las últimas décadas. "En el primer período hay una gran incidencia negativa del cierre de la economía debido a la política de sustitución de importaciones, uno de los grandes errores históricos en materia de políticas públicas en nuestro país, mientras que en el segundo período hay una incidencia positiva de sucesivos factores: las políticas pro mercado de los 1970 y 1990, el fin de la inflación crónica y la reforma previsional. La sucesión de gobiernos de tres partidos diferentes no impidió la continuidad de políticas que mantienen la reputación del país", apuntó de Haedo.
 
 

Las reformas de los 1990

La alta inflación que se registraba en Uruguay –que llegó a principios de los 1990 a 129%– permitía que un conjunto de actividades subsistieran por el solo hecho de este desequilibrio. En el caso de las actividades de acumulación de stock, por ejemplo, se podía "comprar hoy y vender mañana", lo que implicaba una especulación que representaba ganancias financieras.

A su vez, según coincidieron los especialistas, una economía cerrada con impedimentos para importar y tipos de cambio múltiples, permitió que ciertos negocios industriales y comerciales fueran florecientes, dado que la economía contaba con elevadas tasas de ineficiencia asociada a la alta inflación.
 
 
Cuando el dólar comenzó a flotar libremente y la economía comenzó a abrirse, le generó un problema a los empresarios en la fijación de precios. Eso supuso reducir costos y volverse más eficiente, lo que terminó afectando severamente a la industria y al empleo sectorial. Puntualmente, a la manufacturera que todavía vivía al amparo de una economía cerrada y una alta inflación.
 
El doctor en historia económica, Javier Rodríguez Weber, señaló que esas reformas provocaron que en el país desaparecieran las ramas industriales menos productivas. "Es como que en los 1990 se amputó cierta parte de la economía, quedando un país más liviano y productivo. Se da en esos años un crecimiento económico con aumento del desempleo a la vez. Eso significó dos cosas: que aumentó la productividad (más producción con menos trabajadores) y que hubo un montón de gente que quedó afuera. Cayó mucho más el empleo industrial que el valor agregado. En el proceso 90 mil personas perdieron su fuente de trabajo formal, pero es cierto que cuando llega 2005 tenías una industria más productiva que la de 1990. El boom de los commodities te hubiese empujado igual, pero está claro que algunos países lo aprovecharon mejor que otros", indicó.
 
A su vez, los economistas consultados por El Observador dijeron que esa series de reformas que tuvieron impactos sociales y laborales múltiples, permitieron también que cuando las oportunidades aparecen en 2004, una de las razones por la que el rebote económico se logró tan rápido fue porque a pesar de la crisis de 2002 (que dejó lecciones en manejo de deuda, regulación y supervisión bancaria), Uruguay tenía una economía más ordenada y un tejido empresarial y económico que era de mucho mejor calidad.
 
"Tenías empresas más integradas al mundo, más competitivas, profesionales y eficientes, porque eliminaste aquellas que eran superfluas y vivían al amparo de la protección. La década de 1990 generó bases que cuando el mundo dio la posibilidad, el país estaba pronto para subirse", consideró Oddone.
 
En este sentido, el economista Carlos Steneri -uno de los gestores claves en la salida de la crisis de 2002-, dijo a El Observador que en política económica siempre lo correcto genera beneficio aunque tiene un costo muy alto a corto plazo. "Se empezó a entender que la protección generaba costos más altos para la sociedad en su conjunto. Es cierto que cuando bajas la protección hay algunos que se perjudican y otros que se benefician, pero el tema ahí es el saldo neto. Hoy hay menos desempleo que hace 30 años, por lo que la apertura a largo plazo no generó desocupación, sino todo lo contrario. Creció el comercio y permitió recibir artículos importados que mejoraron el bienestar de la población. Toda esa masa crítica de reformas generan un efecto que se percibe a nivel de generaciones", sostuvo.
 
 

 

La llegada de la izquierda

Si bien es cierto que cuando el Frente Amplio llegó al poder heredó estabilidad macroeconómica, también a partir de 2002 los niveles de pobreza (40%) y de indigencia se habían disparado, requiriendo de un quinquenio de políticas públicas para corregir esa situación.

Los gobiernos frenteamplistas mantuvieron y fortalecieron políticas de apertura, se mejoró la estructura de la deuda y se realizó una reforma tributaria con el fin de corregir una "estructura muy dispersa que no se terminaba por saber que incentivos generaba", explicó Oddone.

"La reforma la tendría que haber hecho cualquier gobierno con mayoría parlamentaria. Y se hizo bien, alineada a estándares internacionales sin provocar perjuicios. La izquierda llegó al gobierno manteniendo las cosas que funcionaban, corrigió algunas que era necesario corregir e innovó sin generar una economía dirigista. Como en el caso de la salud que fue cara pero necesaria, se lograron reformas de izquierda sin ser disruptivos en el orden macroeconómico", aseguró.
 
Los períodos de mayor crecimiento económico en Uruguay se dieron desde el año 1922 a 1928 y luego de 1934 a 1939. También hubo expansión económica entre los años 1944 y 1951 y entre 1973-1981, así como en el período 1989-1994. En estos últimos 15 años de crecimiento ininterrumpido Uruguay ha logrado bajar también los índices de desigualdad y de pobreza. Según el INE, 7,9% de los uruguayos se encontraba en situación de pobreza en 2017, mientras que el Índice de Gini –indica desigualdad de reparto del ingreso–bajó de 0,383 a 0,38 en el último año.
 
En tanto, el doctor en historia económica, Luis Bértola, coincidió en apuntar que después de unos cuantos años de gobiernos de izquierda y a pesar de contextos como la de la crisis de 2008 y de la región, ha quedado "demostrado que es posible controlar la inflación y que se puede expandir el gasto público sin generar enormes cales". "No es que no tengamos un desequilibrio, pero estamos lejos de tener una situación crítica y descontrolada", aseguró.

 

 

Los costos sociales

En referencia a la tasa de desempleo que en 1999 llegó al 12% y en 2002 trepó a casi el 20%, generando un fuerte impacto en lo social, Bértola sostuvo que en su opinión algunas de las reformas estructurales llevadas adelante pudieron haberse hecho "con otros contenidos", aunque reconoció logros en lo que tuvo que ver con la apertura económica, la inflación y el equilibrio fiscal.

Para el académico, si bien hay un consenso amplio sobre la necesidad de políticas de estabilidad, ese entorno no es un fin en si mismo, sino que es el ambiente para llevar a cabo otros cambios estructurales como abatir la desigualdad e incentivar políticas productivas con el Estado jugando un rol importante.
 
 
"El modelo de los años 1990 es relativo si miramos como terminó. Se pudieron hacer ajustes fiscales, pero a partir de una reforma como la de 2007, generando equilibrios sobre otras bases sociales y fiscales. Los países del Mercosur tuvieron una gran apertura, pero eso les provocó un enorme déficit de la balanza comercial. El comercio creció 27% en la región, pero hacia afuera las exportaciones apenas crecieron un 5%, mientras que las importaciones aumentaron 18%", explicó.
 
Rodríguez Weber, en tanto, consideró que habían industrias que tenían que desaparecer porque el capitalismo funciona y crece destruyendo. "La falta de destrucción creadora es como la paz de los cementerios. Si el capitalismo no funcionara así estarías en un estancamiento permanente, por lo que no es malo por sí mismo. La innovación implica destrucción de cosas y a la larga todos nos beneficiamos. El tema es que se hace con los perdedores", finalizó.

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