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¿Qué tan culpable debes sentirte de volar?

Lo llaman “flygskam” o “vergüenza por volar”, el movimiento que anima a las personas a dejar de tomar vuelos para reducir su huella de carbono

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22 de octubre de 2019 a las 15:41

Por Hiroko Tabuchi

Los suecos lo llaman “flygskam” o “vergüenza por volar”, el movimiento que anima a las personas a dejar de tomar vuelos para reducir su huella de carbono.

¿La mayoría de los estadounidenses debería sentirse avergonzada de subirse a un avión para ir a ver a su abuela en la temporada de festividades?

La respuesta breve: quizá no. Si tus vuelos son solo un lujo, esa es otra cuestión.

Un pequeño grupo de viajeros frecuentes, el 12% de los estadounidenses que realizan más de seis viajes redondos en avión al año, son responsables de dos tercios de todos los viajes aéreos y, por lo tanto, dos tercios de las emisiones de la aviación, de acuerdo con un nuevo análisis del Consejo Internacional de Transporte Limpio, un grupo de investigación sin fines de lucro.

En promedio, cada uno de estos viajeros emite más de tres toneladas de dióxido de carbono al año, una cantidad importante, sobre todo conforme a los estándares globales. Además, los viajeros más frecuentes, los que realizan más de nueve viajes redondos al año, emiten el porcentaje más alto.

Si todos los estadounidenses viajaran más de seis veces al año, el uso del combustible de aviación aumentaría seis veces, y los aviones fácilmente superarían a los autos de pasajeros como la fuente más grande de emisiones de dióxido de carbono, según calcula el Consejo Internacional de Transporte Limpio.

“Nuestro clima simplemente no puede tolerar los vuelos frecuentes de uso extendido”, dijo Dan Rutherford, quien dirige el programa de aviación del consejo. “En algún nivel debemos averiguar de manera colectiva qué vuelos son necesarios, y cuáles son lujos”.

Impacto relativo 

Volar no conforma gran parte de la huella de carbono del estadounidense promedio. De hecho, alrededor de la mitad de los estadounidenses no vuela en absoluto, en general. Otro tercio voló hasta cinco veces al año y fueron responsables por casi un tercio de todas las emisiones.

Eso significa que la mayoría de los estadounidenses debería estar más preocupada por las emisiones de los autos o de los sistemas de calefacción o de aire acondicionado en sus casas.

Los datos proporcionan un panorama más claro de quién es responsable de las emisiones de viajes aéreos en Estados Unidos, que conforman un cuarto de las emisiones globales de aviación, más que cualquier otro país.

Una nota: debido a que muchos estadounidenses no vuelan, las emisiones estadounidenses per cápita son mucho menores, pues ocupan el lugar número once, tras otros países de altos ingresos como Singapur, Finlandia e Islandia. Además, parte del crecimiento más veloz se ha dado en países en vías de desarrollo, como India y China, donde los ingresos están aumentando, y es más probable que la clase media viaje en avión.

Las emisiones de las aerolíneas también podrían reducirse con aviones que consuman menos combustible, desde luego. Los fabricantes de aviones como Boeing y Airbus han competido para reducir el uso de combustibles en sus modelos.

El problema es que los viajes aéreos están aumentando mucho más rápido que las ganancias que aporta el ahorro de combustible, lo cual contrarresta las mejoras en esa materia. Mientras tanto, la adopción de combustibles con bajo contenido de carbono que pueden reducir las emisiones, como los biocombustibles, ha sido lenta.

Debido a esto, las emisiones de los viajes aéreos están creciendo más rápido de lo que se predecía en proyecciones anteriores. La aviación civil global conformó 918 millones de toneladas de dióxido de carbono en 2018, lo que es equivalente a aproximadamente las emisiones anuales totales de Alemania y los Países Bajos, combinadas.

Impuesto progresivo por vuelos 

¿Entonces qué debe hacerse para frenar los vuelos frecuentes? Una idea, propuesta por un grupo en el Reino Unido llamado A Free Ride, impondría impuestos a los viajeros de manera progresiva: todos tendrían un vuelo de regreso libre de impuestos cada año, y comenzaría a sumarse un impuesto mínimo a partir del segundo vuelo. Después los impuestos aumentarían por cada vuelo adicional de ese año.

“No estamos tratando de evitar que la gente común y corriente tome las vacaciones que con tanto trabajo se ganaron”, dijo Leo Murray, fundador del grupo.

“Las vacaciones anuales familiares no son el problema aquí. Aún podemos combatir el cambio climático, y todos salir de vacaciones a la vez”, comentó. “Estamos hablando de un grupo pequeño y adinerado de viajeros aéreos de élite”.

Tan solo este mes, una comisión con sede en el Reino Unido recomendó prohibir los programas de kilómetros aéreos y de viajeros frecuentes para que las aerolíneas no “agreguen incentivos a los vuelos excesivos”. El informe cita datos que muestran que los viajeros frecuentes “suelen ser más adinerados y menos sensibles respecto de los precios de manera importante”, y recomienda que “se les impongan fuertes impuestos de manera progresiva para desanimar los vuelos adicionales”.

Los grupos de la industria se oponen a estas medidas. “Las aerolíneas estadounidenses están comprometidas con reducir las emisiones de carbono aún más”, comentó Carter Yang, portavoz del grupo industrial de aerolíneas Airlines for America. “Ese esfuerzo se vería afectado, y no apoyado, por las propuestas que destinarían a las arcas del gobierno los fondos necesarios para seguir invirtiendo en aviones nuevos que consuman menos combustible” y otras innovaciones, comentó.

Desde luego, muchas personas viajan frecuentemente debido al trabajo. Los viajes de negocios conforman aproximadamente el 30 por ciento de los viajes aéreos en Estados Unidos, de acuerdo con datos de Airlines for America, un grupo comercial que representa a las aerolíneas. Sin embargo, algunas corporaciones están comenzando a cuestionar si todos esos viajes en realidad son necesarios en la época de los correos electrónicos, Slack y las videoconferencias. En Europa, las compañías están comenzando a darles tiempo adicional de descanso a los empleados que eligen viajar por tren u otras opciones menos contaminantes para salir de vacaciones.

El informe de la comisión británica también recomienda que las aerolíneas especifiquen sus datos de emisiones de cada vuelo, así como muchos restaurantes proporcionan el conteo calórico en sus menús, para que los viajeros puedan realizar decisiones más informadas. Las aerolíneas menos eficientes consumen entre un 26 y un 60 por ciento más combustible que sus colegas más eficaces en vuelos similares, de acuerdo con investigaciones del Consejo Internacional de Transporte Limpio.

Por ahora, incluso los viajeros frecuentes pueden tratar de minimizar las huellas de aviación eligiendo rutas con aviones más nuevos. Podrían optar por rutas con el avión más eficaz A320neo, el aeroplano de bajo consumo de combustible que anunció Airbus en 2010. También podrían tener en mente que los asientos de primera clase generan muchas más emisiones que uno económico debido a las cabinas más espaciosas. Los viajeros también pueden elegir compensar las emisiones de carbono de un vuelo.

Y, desde luego, también podrían pensar bien si de verdad necesitan volar por novena ocasión este año.

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