30 de abril de 2019 5:01 hs

La semana pasada, se reunió en Montevideo un grupo de referentes regionales en materia de inversión ángel, aquella que se recibe en etapas tempranas. Entre esos referentes estaba René Rojas, fundador y CEO  de HubBog, una aceleradora  colombiana que se maneja como un “campus de startups”. Rojas y sus colegas se juntaron para analizar y pensar la manera en que continuará Xcala, la plataforma para catalizar inversión en etapas tempranas a través de las redes de inversores ángeles en América Latina y el Caribe.

Xcala nació de una alianza entre el IEEM y el BID Lab (ex Fomin) del Banco Interamericano de Desarrollo. Como pasa en iniciativas de este tipo, el BID acompaña en las primeras instancias, y luego se retira. “Uruguay y Xcala se han convertido en  un nodo para un proceso de crecimiento exponencial. Hay que continuarlo. No podemos perder este esfuerzo”, señaló Rojas, quien con su HubBog ha logrado tener un modelo autosostenible (100% privado ). 

En HubBog han impulsado más de 230 empresas (“ 76% de ellas están vivas”), han invertido en 19 startups a través de un club ángel y están creando un fondo de capital de riesgo (que invierte en la etapa posterior a la de ángel). Fue pionero en Colombia en proponer un cowork, le importa en particular propiciar el networking y el capital social (el año pasado hicieron 200 eventos) y su academia está “lejos de lo tradicional y cerca del mercado”.
 

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¿Cual es el principal reto hoy para los inversores ángeles?

Para medir la inversión ángel y su desempeño hay que observar el comportamiento de los ecosistemas de emprendimiento y la diferencia de lo que es emprender hoy en relación a hace cinco, diez y quince años. Hoy los cambios son semanales, ya ni siquiera mensuales. Entonces emprender e invertir tiene hoy un reto que superar en términos de velocidad. Venimos de la escuela del “mida riesgos y haga muchos estudios y pienselo diez veces” pero en la actualidad hay que actuar rápido.

Hoy es mucho más estresante...

Total. Pero el estrés surge de aquel que lo quiere provocar en su interior, a partir del miedo al error. Ahí está el problema del inversor y del emprendedor. El que tiene mucho miedo no emprende y no invierte.

¿Antes había más maneras de asegurar que determinadas cosas pasaran de verdad?

Con los ladrillos y con la economía básica, sí. Pero hoy las más grandes empresas del mundo no son dueñas de ladrillos. Facebook, Google, Amazon. Su gran poder no está en  ladrillos. La riqueza está en la data, en los bits, en lo digital, y en el relacionamiento entre los seres humanos. El inversor de hoy es totalmente diferente y está evolucionando a nivel global. No es cierto que para ser buen inversor hay que estar en Silicon Valley. Hay que probar, equivocarse, aprender del error, que sea el error más barato posible. No es hacer la inversión de la vida, sino hacer muchas inversiones para que la vida vaya mejor. Hay una clase emergente de inversores que son personas que no son necesariamente ricas, ni con mucho dinero de sobra.  En la red de HubBog hay inversores que no tienen vehículo propio, ni casa propia, y hacen inversión ángel.

¿Cómo se supera el miedo a invertir? 

Yendo a las raíces. El emprendimiento menos riesgoso es aquel en el que el emprendedor conecta sus pasiones personales y del equipo. Como todos estamos llenos de miedos, tenemos que creernosla que somos capaces. Siempre pongo el ejemplo de los argentinos: cuando tu te la crees llegas a ser Papa. 
Tenemos un emprendimiento colombiano llamado Rappi que es de un chico talentoso de treinta y pico, más colombiano que la bandeja paisa (la comida más popular del país). Con esfuerzo logra una empresa que hoy es unicornio (las que consiguen un valor superior a US$ 1.000 millones en su etapa inicial). Hay muchos de esos en la región que necesitamos que se la crean. 

Necesitamos creernos más de que somos capaces de cambiar nuestro entorno. En principio no se necesita tecnología de alta sofisticación, simplemente observar el mercado, encontrar micro-problemas que resolver. El inversor, por su parte, debe aprender a medir no lo que le enseñaron en la escuela de negocios como la tasa interna de retorno, si las encuestas del estudio de mercado se hicieron bien, si las viabilidades técnicas, operativas, financieras y de todo tipo son las maravillas. No. Debe aprender a escuchar un pitch, a tomarse una cerveza con esa persona e identificar la pasión conectada con el proyecto empresarial y cómo se alínea con el proyecto de vida, si lo que está haciendo es por pasión o para sacarle a él un dinero. 

¿Cuales son las posibilidades de que inversores  de la región inviertan juntos?

Te voy a dar un ejemplo de un emprendimiento que aceleramos en Hobog, que se llama Lentes Plus. Está en Colombia, Argentina, Chile, México y está comprando una empresa en Brasil. Nació hace cuatro años y se ha expandido a través de inversión local. Para mí la co-inversión es un vehículo para generar procesos de expansión regional.  Pero la mayoría de los inversores los consiguieron ellos, no la aceleradora. Una aceleradora no es el papá, y un inversor no es la niñera. Lo que yo puedo hacer es llamar y decir “para allá va el muchacho, recíbelo” pero se supone que el muchacho no necesita pañales ni cuidados.

"Hay una clase emergente de inversores. No son necesariamente ricos, ni con mucho dinero de sobra. Son personas que a los 30 o 40 años prefieren invertir en un emprendimiento que comprar un auto”

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