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¿Y cómo estás de inteligencia emocional?

Sin este componente, no será un gran líder; sepa cómo impactan las emociones en el entorno y en los resultados obtenidos

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25 de septiembre de 2018 a las 05:03

Por Graciela Foggia*

Parecería ser que lo primero que se resalta en una persona es el coeficiente intelectual. ¡Qué inteligente que es Juan! Todos recuerdan que Juan era el abanderado del colegio y que se graduó en la Universidad sin perder un solo examen. Hizo un MBA en tiempo récord y llegó “La” oferta en una corporación. Transcurrido su primer año como supervisor de Operaciones, tuvo su primera evaluación de desempeño. Su jefe le comentó: “Tu trabajo técnico es de excelencia y podrías haber logrado aún mejores resultados si no se hubiese incrementado la rotación en tu área. Vengo observando desmotivación en tu equipo”. Juan tenía que mejorar su nivel de comunicación con su entorno profesional, como así también cuidar sus reacciones.

La historia de Juan se repite muy a menudo en los procesos de coaching ejecutivo en los que intervengo: altos ejecutivos que no consiguen los resultados esperados. No es por falta de IQ o Coeficiente Intelectual, por algo llegaron hasta ese lugar. Lo que hace falta es trabajar en el desarrollo de su IE o Inteligencia Emocional. En investigaciones realizadas en EEUU se determinó que en altos ejecutivos la importancia de IE en relación al IQ es del 85% vs el 15% . Sin Inteligencia Emocional no será un gran líder. Las miradas no están puestas tanto en lo que hacen sino en cómo lo hacen. ( Daniel Goleman, Inteligencia Emocional)

A veces no somos conscientes de cómo impactan nuestras emociones en nuestro entorno y en los resultados que obtenemos. El miedo, la alegría, la culpa, el enojo, etc, etc, nos impulsan a tomar acción en un sentido o en otro. Cuando estamos atentos y las decodificamos, podemos, de forma intencional hacer que trabajen a nuestro favor.

El eje de todo el proceso es el autoconocimiento. Si no sé cuales son mis fortalezas, oportunidades de mejora, impulsos ante diferentes situaciones y carezco de confianza en mí mismo, no voy a saber, cuando frenar ante determinadas situaciones, cuando avanzar, que tan capaz soy de lograr lo que me propongo, en que cosas puedo apalancarme en mí y en cuales tengo que pedir ayuda. 

En la medida que voy descubriéndome, comienzo a desarrollar la habilidad de regularme. Si sé que hay una situación X que saca lo peor de mi, puedo planificarme adecuadamente. De lo contrario, seguirá sacando lo peor y aún más …fuera de mi control. Es así que luego aparecen frases como por ejemplo: “ No quise decir eso” “No quise reaccionar así”. Por otro lado al autorregularme puedo estar atenta a mi motivación y automotivarme cuando las cosas no salen como yo esperaba.  ¡La información es poder!

Una vez que empecé a transitar esas dos primeras etapas de aprendizaje, que duran toda la vida, comienzo a a interpretar qué sienten y qué piensan los demás. Empatizar es mucho más que el clásico “ponerse en los zapatos del otro”. Implica saber de qué manera eso que estoy viendo en el otro me afecta a mí y como puedo hacer para que, a pesar de esto, comprenda al otro, sin necesariamente estar de acuerdo. No es mimetizarse.  Es comprender, aceptar que hay otros puntos de vista. 

Me comunico asertivamente en la medida que me conozco, sé lo que quiero, qué puedo ofrecer, cómo me regulo e interactúo con los demás. Intuir quien es mi interlocutor y de qué manera me comunico es clave para llegar al mundo del otro de una manera directa y simple.

*Directora de Up Team & Executive Coaching. El próximo 5 de octubre brindará el seminario Potencia tus resultados con inteligencia emocional. Por más información, escribir a la siguiente dirección: info@upcoaching.com.uy

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