Llegaron las fiestas, el pan dulce, la sidra y las interminables horas de Nochebuena con las estrellas en la televisión. Pero esto último puede ser cambiado, puede usted disfrutar de una buena película navideña y así combinar un buen rato con el espíritu festivo que inevitablemente aparecerá por su casa, quiera o no. Aquí, 10 ejemplos en que la Navidad, en mayor o menor medida, ocupa un lugar relevante en películas muy recomendables.
¡Que bello es vivir! (Frank Capra, 1946)
Probablemente la película navideña por antonomasia, a partir de las innumerables repeticiones desde su año de estreno hasta nuestros días en dichas fechas. Pero sería injusto reducir esta obra maestra simplemente a “una de Navidad”, ya que estamos hablando de una de las mejores películas jamás hechas. La historia de George Bailey (un insuperable James Stewart), un hombre que a punto de suicidarse recibe a través de un ángel que todavía no se ha ganado sus alas la oportunidad de ver cómo sería su mundo si él nunca hubiera existido, es de los relatos más emotivos que Hollywood jamás ha contado. Todo transcurre la noche de Navidad, claro, y el final es con arbolito, villancicos, abrazos y todo.
No somos ángeles (Michael Curtiz, 1955)
En la Isla del Diablo (que pertenece a alguna colonia francesa a principios del siglo XX) se instala una cárcel para peligrosos criminales, pero también un sector comercial con honestos trabajadores. En vísperas de Navidad, la cárcel tiene el extraño proceder de permitir a sus presos recorrer la isla para que vuelvan a la noche. Ese no es el plan de nuestros tres protagonistas, quienes planean robar y asesinar a alguno de los comerciantes para darse a la fuga después. Pero tienen la mala fortuna de conocer a una familia en extremo bondadosa, por lo que irán cambiando sus planes cada vez más, hasta francamente hacer de todo por ayudarlos. Una clásica comedia de Hollywood, donde se muestra la maestría de Curtiz (autor de la legendaria Casablanca), que es tan genial que no siente el paso de los más de 50 años que tiene encima. El trío protagónico de Humphrey Bogart, Peter Ustinov y Aldo Ray descolla en diálogos breves y rápidos, muchísima química en común y unas secuencias sencillamente hilarantes.
Una Navidad con Mickey (Burny Mattinson, 1983)
De todas las versiones que existen de Un cuento de Navidad de Charles Dickens, esta es por lejos la más breve. Pero también en su encarnación de
Disney clásico tiene un encanto que muchas de las otras no, y no cabe duda de que transformar a Ebenezer Scrooge en el avaro Rico McPato es un éxito absoluto. La historia no puede ser más conocida: Scrooge, cruel y triste, enfrentará a los fantasmas de las navidades pasadas, presentes y futuras hasta entender el verdadero sentido de las fiestas, que no es otro más que el cariño, la amistad y la solidaridad. Sonará todo lo cursi que quieran, pero con Mickey, Donald, Pluto y Rico McPato funciona a la perfección.
Gremlins (Joe Dante, 1984)
La época navideña también trata de regalos. Y una mascota puede ser un buen regalo, ¿verdad? El problema de esta mascota –que se llama Mogwai y no Gremlin como se cree comúnmente– es que para tenerla hay que cumplir tres simples reglas: no exponerlo a la luz (especialmente al sol); no mojarlo ni darle de beber agua y muy especialmente no alimentarlo pasada la medianoche. Por supuesto, no se cumple ninguna de las reglas y terminamos teniendo una víspera de Navidad cargada de monstruitos capaces de arrasar un pueblo. En un cuidadoso balance entre horror y comedia, Joe Dante generaba aquí un clásico moderno que sigue siendo tan mirable como el primer día.
Duro de matar (John McTiernan, 1988)
El policía neoyorquino John McClane (Bruce Willis) viaja en Navidad a Los Ángeles a reencontrarse con su esposa, de quien se ha distanciado. Ella trabaja en el Nakatomi Plaza, un edificio gigante donde se celebra la fiesta de la empresa, y McClane tendrá tan buen tino que llegará al mismo tiempo que un comando terrorista que tomará todo el edificio como rehén. Al mismo tiempo que Willis se consagraba en una estrella definitiva, esta película se transformaba en la vara con la que medir casi todo el
cine de acción de allí en adelante. Pocas veces se combinaría tan bien acción y humor (del más negro). Los chistes navideños, así como la canción Let It Snow de Vaughn Monroe, se transformarían en un clásico. De las mejores de esta selección.
Mi pobre angelito (Chris Columbus, 1990)
Y para hablar de clásicos, esta califica tranquila para todos los que pasan los 30 años. La familia McCallister se apresta a irse a pasar la Navidad a otra ciudad. Y al ser una familia numerosa, es natural que olviden alguna cosa en casa al salir. Se olvidan de Kevin, el niño más pequeño. Kevin (Macaulay Culkin lanzado a un éxito que resultó pasajero) se queda solo en casa pero cuenta con muchos recursos. Y los va a necesitar cuando una dupla de torpes ladrones (inolvidables Joe Pesci y Daniel Stern) decidan asaltar su casa. Una comedia que trajo de regreso el “golpe y porrazo” más virulento y que sigue siendo un placer de ver con niños.
El extraño mundo de Jack (Henry Selick, 1993)
Aquí se dan la mano una genial
animación, una historia novedosa y original y una banda sonora (de Danny Elfman) que brilla por sí sola. Jack Skellington es el Rey de Halloween, pero está aburrido de serlo. Programa entonces hacerse cargo de la próxima Navidad, poniendo a Papá Noel en el banco de suplentes. Claro que Jack hace las cosas de una manera… distinta. A partir de una historia de Tim Burton, Selick brinda una de las mejores películas animadas de fines de siglo XX, tan oscura como divertida. En general este director reluce (basta con ver Coraline), pero aquí alcanzó su punto más alto hasta el momento.
El día de la bestia (Álex de la Iglesia, 1995)
Un cura (Álex Angulo) recibe la noticia del advenimiento del anticristo en Madrid. ¿Cuándo? En Navidad, por supuesto. Con la ayuda (reluctante por momentos) de un conductor de televisión y un roquero satanista (Armando de Razza y Santiago Segura) hará todo por impedirlo, en una ciudad que deja sus calles vacías por los festejos. Humor del mejor en un estilo que De la Iglesia mantiene hasta nuestros días (con éxitos y fracasos) pero que aquí lograba la que probablemente sea su mejor película.
Bad Santa (Terry Zwigoff, 2003)
Muchas son las representaciones de Papá Noel en las películas navideñas y ninguna se parece a la que hace Billy Bob Thornton en esta comedia negrísima, con un Santa de shopping, fumador, bebedor empedernido, mujeriego y de dudosa moralidad. Junto a su socio, se dedica todas las navidades a robar los centros comerciales donde trabaja. Pero en particular la película gira sobre la singular relación que hace este desastre de tipo con un niño gordo y antisocial a medida que se acerca la noche del 24 y, con ella, el robo a realizar. No para todos los gustos, es necesario tener un sentido del humor especial para poder disfrutarla.
Feliz Navidad (Christian Carion, 2005)
Con apenas meses de iniciada la primera guerra mundial llegó la que sería la primera Navidad en las trincheras. Los enemigos, alemanes de un lado, franceses y escoceses del otro, tuvieron un inesperado acercamiento: durante la noche del 24, se negaron a dispararse e incluso cruzaron la Tierra de Nadie –la zona que separa las trincheras– para brindar y saludarse.
Basada en esta emotiva anécdota real, esta joyita (la menos conocida de esta lista, quizá) reconstruye esa historia de guerra, pero también de humanidad más allá de banderas, conflictos e intereses. Profundamente emocionante, garantiza lágrimas.