12 de septiembre 2020 - 5:01hs

No es un plebiscito, no es una votación indirecta sobre el gobierno y su gestión, pero de alguna manera es un medidor de temperatura de opinión pública.
Está claro que se vota otra cosa, que la elección de intendentes es diferente a la de presidente y Parlamento, y que eso se ha visto con claridad cada vez que el votante tuvo la posibilidad de elegir en forma separada las autoridades nacionales y departamentales.

Cuando el mismo día se votaba todo junto y estaba prohibido el “voto cruzado”, el elector estaba obligado a sufragar por el mismo lema a presidente, senadores, diputados, intendentes y ediles (también a juntas electorales), y eso quitaba poder de decisión.

Podía ser que para mucha gente, o la mayoría, el voto estuviera determinado por el color patidario y esa votación forzada al mismo lema para todo no le pesara, pero quedó en evidencia cuando ambas elecciones se separaron en el tiempo, que una parte importante del electorado no está tan ligado a una camiseta o una ideología. Y esos optan por votar según lo que ven mejor para gobernar el país, y lo mejor para administrar las cuestiones de cercanía.
Había un antecedente de esto, cuando en 1946 se habilitaron lemas departamentales y la posibilidad de votar uno en lo nacional y otro en lo local. Así surgieron las “uniones vecinales” y otros similares.En 1946, por ejemplo, los lemas especiales que ganaron intendencias fueron “Pueblo Soberano” en Canelones; “Concentración Cívica Aparicio Saravia” en Treinta y Tres, “Gral. Aparicio Saravia por la Reconquista de la Intendencia” en Cerro Largo, “Unión Vecinal” en Rivera, Artigas y Soriano; “Arriaga” en San José, y “Unión de Tacuarembó” en el departamento homónimo.

En 1950, con lemas departamentales propios, ganaron la “Unión Blanca de Treinta y Tres”, el partido “Gral. Aparicio Saravia” en Cerro Largo, la “Concentración Blanca de San José” y el “Partido Blanco” de Lavalleja.

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Luego todo quedó atado a un mismo partido para todos los cargos.

Tras la reforma constitucional de 1996 las elecciones quedaron separadas en el tiempo, y las departamentales y municipales se hacen al año siguiente de las nacionales, y los datos muestran que hay sensibles diferencias en el voto.

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En octubre de 2014, el Frente Amplio fue mayoría en 14 departamentos (Artigas, Canelones, Cerro Largo, Colonia, Florida, Maldonado, Montevideo, Paysandú, Río Negro, Rivera, Rocha, Salto, San José y Soriano), pero en mayo de 2015 ganó solo 5 intendencias, lo que demostró cómo el elector distingue entre una y otra elección.

Entonces, el antecedente inmediato es de un resultado nacional con 14 victorias del Frente Amplio y 5 del Partido Nacional, y un resultado departamental con 12 triunfos nacionalistas, 6 del Frente, 1 del Partido Colorado.

En este 2020, la campaña electoral se da en medio de una pandemia que complica las movilizaciones y los encuentros con mucha gente, y con frialdad popular en general, salvo algunas localidades con mucha tensión por lo parejo que dan los sondeos de intención devoto.

El impacto del coronavirus y la postergación de la elección derivó en baja del interés de los votantes, porque además en muchos departamento se siente que hay un resultado anticipado, y en algunos casos hay cierta indiferencia si gana uno u otro.

Por ejemplo, para el frentista común –no el dirigente– en 2015 pesaba bastante que ganara Topolansky o Martínez, pero ahora no siente que es muy dramático que gane el Pelado, Villar o Carolina. A los que sí les pesa, a los que sí le hace la diferencia, esos son siempre muy “politizados”.

Volviendo al inicio, no es un plebiscito a favor o en contra del gobierno pero de alguna manera se pone en juego el peso político de oficialismo y oposición.
Los blancos y asociados tienen el desafío de consolidar la mayoría ganada hace un año, y los frentistas van por una revancha que muestre que octubre 2019 fue un tropiezo más que una caída.

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El Frente Amplio se ha hecho fuerte en la zona metropolitana y domina Montevideo y Canelones, mientras se deterioró en Maldonado, pero sigue fuerte en Rocha donde lleva tres gobiernos seguidos. La izquierda conquistó parte del litoral en la última elección y ahí es escenario de puja fuerte.

Hay otra puja no menor: la cantidad de municipios que fue 89 en 2005 y 112 en 2015, aumenta ahora a 125, y eso genera varias batallas locales. El resultado final será la suma de todo.

En la última elección, los blancos ganaron 68 municipios, los frenteamplistas 37 y los colorados 7 (en los nacionalistas se incluyeron 2 que fueron por la Concertación montevideana).

Cada partido precisa mantener sus bases, y trata de conquistar más. El presidente mueve sus fichas con prudencia, sin caer en groserías pero usando su capacidad gubernamental y una popularidad alta, que no era esperable en esa magnitud (aprobación del orden de 60%).

La incidencia política del jefe de Estado en una elección se dio desde el nacimiento de la república y logró marca personal en 1893, con un histórico mensaje al Parlamento del entonces presidente Julio Herrera y Obes: “Es indudable que el gobierno tiene y tendrá siempre, y es necesario y conveniente que la tenga, una poderosa y legitima influencia en la designación de los candidatos del partido gobernante, y entonces de lo que puede acusársele es del buen o mal uso que haga de esa influencia directriz, pero no de que la ejerza”.

Herrera y Obes lo decía para la búsqueda de un “delfín” político, un heredero, pero la expresión “influencia directriz” quedó como referencia a la incidencia del gobernante en tiempos electorales.

En este 2020, Lacalle Pou estuvo el lunes 7 en Salto, va el martes 15 a Rocha y el jueves 17 a San Carlos.

El blanco Albisu da pelea en Salto frente a la reelección del frentista Lima y la búsqueda de vuelta del colorado German.

En Rocha, el diputado Alejo Umpierrez (404-PN) tiene una parada dificil ante el intendente de reelección Anibal Pereyra (MPP-FA)

Y en Maldonado ganan los blancos, pero San Carlos es bastión frentista.

Hay mucho en juego el domingo 27.

Las urnas mostrarán el peso de los caudillos locales pero también marcarán la fuerza de cada partido, donde blancos y frentista pujan por poder, mientras que colorados y seguidores de Manini luchan por no salir muy mal de la instancia electoral, sabiendo que el escenario de polarización no les favorece.

No es un plebiscito, pero es una elección muy importante.

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