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A 43 años de la revolución, Ortega mantiene presos a sandinistas que lucharon contra la dictadura de Somoza

El 19 de julio de 1979, el Frente Sandinista de Liberación Nacional tomó el poder en Nicaragua desalojando a la dinastía de los Somoza. A 43 años, Ortega sigue al frente del Estado, pero convertido en una figura autoritaria. Entre las personas perseguidas y detenidas se encuentra Dora María Téllez, quien fuera una combatiente de la primera hora

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19 de julio de 2022 a las 15:39

Las columnas guerrilleras sandinistas ingresaron en Managua el 19 de julio de 1979 y a 93 kilómetros de distancia, en León, la nueva junta revolucionaria de gobierno encabezada por Daniel Ortega se reunió para asumir el poder recién conquistado. Meses atrás un comando liderado por Dora Téllez, que por entonces tenía 23 años, encabezaba una victoria clave para derrocar a Anastasio “Tachito” Somoza.

Téllez fue arrestada en junio de 2021 junto con otros históricos sandinistas, opositores y los precandidatos presidenciales, quienes aspiraban a desafiar en las urnas a Ortega y a su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo.

La conmemoración de este aniversario de la revolución sandinista está marcada por la consolidación de un sistema de partido único, en el que la persecución y la cárcel van junto a la migración por pobreza desde hace años básicamente con destino a Costa Rica.

Los presos políticos de 2021 están en la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ), mejor conocida como El Chipote, convertida en una prisión para opositores, según figura en los registros de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la chilena y socialista Michelle Bachelet.

Junto a Téllez, en El Chipote estuvieron otras figuras históricas que Ortega y Murillo han encerrado, como el ex canciller Víctor Hugo Tinoco y el general retirado –también sandinista- Hugo Torres. Estos dos compañeros de Téllez ya no están en El Chipote porque el primero, Tinoco, fue enviado a su casa después de que Torres falleciera bajo custodia penitenciaria el 12 de febrero pasado.

En un artículo de El País de Madrid, se expresa que familiares de Téllez aseguran que Torres no recibió la atención médica requerida. Ortega, tras eso, puso en prisión domiciliaria a presos políticos que presentaban padecimientos delicados.

Quienes permanecen en prisión tienen autorizadas muy pocas visitas. Los 47 opositores de El Chicote recibieron condenas de entre 8 a 14 años por los supuestos delitos de “traición a la patria” y “menoscabo a la integridad nacional”, en juicios en los que no permitieron a los acusados el derecho pleno a la defensa.

“Lo que Dora (Téllez) no soporta es estar en la oscuridad todo el tiempo. Prácticamente no la sacan al sol y está traslúcida… Aunque se mantiene haciendo ejercicio y le da ánimo a otros presos políticos. La muere de Hugo Torres la golpeó muchísimo”, describe un familiar de la líder sandinista.

Mónica Baltodano es otra sandinista histórica exilada en Costa Rica que levanta su voz contra el estado actual de Nicaragua. “En El Chipote está Irving Larios, el padre César Parrales, que fue embajador de los revolución ante la OEA; también hay presas hijas de otros luchadores de la época del ochenta como Tamara Dávila, a quien mantienen incomunicada desde hace un año”, dice.

A 43 años del triunfo de la revolución, Baltodano ve pervertidos los ideales que llevaron a derrocar la dictadura de Somoza. Sobre todo al ver a sus compañeros de lucha en una prisión y no disfrutando de una vejez tranquila. A la exguerrillera le parece cruel que Ortega y Murillo practiquen la persecución a los opositores, muchos de ellos luchadores por un sistema justo y socialista, disfrazada de retórica revolucionaria.

“Daniel Ortega ha convertido al Frente Sandinista en un aparato a su servicio; un aparato electorero cuyos principios fundamentales ya son ajenos. El único objetivo y obsesión es el poder para defender los intereses y privilegios de su familia”, afirma Baltodano.

“Aquella fuerza que fundó Carlos Fonseca, con propósitos de justicia social, liberación y avanzar en la democracia, ya no existe. Ha sido pervertida por el orteguismo, así como lo ha hecho con el Ejército, la policía, el Poder Judicial y todas las instituciones. Todo funciona como una correa del poder familiar”, agregó Baltodano.

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