2 de septiembre 2019 - 5:02hs

Cada día que pasa la situación económica de Argentina es peor. Los casi 60 días que faltan para las elecciones presidenciales parecen una eternidad en un país que, además, sufre una inestabilidad política por el resultado contundente de las elecciones primarias a favor del candidato kirchnerista, Alberto Fernández.

El fracaso de la política económica de Mauricio Macri sumado a la idea generalizada de que el opositor Fernández ya ganó la competencia presidencial ha sido un cóctel explosivo. La fragilidad de la economía se gestiona con un presidente muy debilitado y un líder opositor virtualmente ganador que genera desconfianza en los mercados.

En un escenario muy delicado, el gobierno aprobó medidas de control de cambio restringiendo la compra de dólares.

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Ayer autorizó al Banco Central (BCRA) a restringir las compras de divisas. Las personas físicas no podrán comprar más de US$ 10 mil por mes y se limitará a US$ 10 mil mensuales las transferencias de fondos al exterior. Los exportadores podrán vender las divisas dentro de un plazo muy acotado.

A ello se sumó otra resolución del BCRA, del viernes pasado, que limitó el giro de utilidades de los bancos a sus accionistas y, además, les exige una autorización para realizar dichas transferencias. 

Una carrera desesperada contra la devaluación, y los graves problemas de liquidez, explican que Macri haya terminado por aceptar medidas restrictivas con las que siempre estuvo en desacuerdo. Desde las primarias del 11 de agosto se han vendido US$ 2.010 millones de reservas internacionales.

El viernes, la agencia crediticia Fitch recortó la calificación de la deuda argentina a “default selectivo”. Y también Moody’s definió una baja de calificación (a Caa2) por la nueva medida del banco central y la incertidumbre política. Cada vez es más probable una reestructuración de la deuda luego de las elecciones, si no antes.

El politólogo argentino Sergio Berensztein advirtió en una reciente conferencia en Montevideo que el riesgo de Argentina es que está “danzando al borde del abismo” y “las cosas se pueden poner mucho peor”.

Es una muy mala noticia para Uruguay, cuya economía está sólida en materia de reservas, pero débil en el nivel de actividad, déficit fiscal y mercado de trabajo.

El equipo económico se muestra confiado y son muchos los que repiten como un mantra que tenemos una situación muy diferente a la de la crisis de 2002. Pero nunca es inocuo que el barrio regional esté revuelto; además, un revolcón de nuestro vecino tiene siempre el poder de hacernos trastabillar. 

Estamos más expuestos por el déficit fiscal de 4,9% y una desaceleración de la actividad económica que se hace sentir en los ingresos tributarios. Pensemos nomás en el golpe al PIB, a la recaudación impositiva y al empleo por una baja de una actividad turística que depende mayormente de los viajeros argentinos.

Es muy probable que Argentina empeore después del 27 de octubre. Ello nos obliga a ser más sabios en el período de transición hacia la asunción de un nuevo gobierno. Que no haya ninguna sorpresa en las cifras económicas para que el presidente ganador tenga tiempo de analizar la situación antes del 1º de marzo. Esa forma de proceder es parte de nuestro capital democrático que deberíamos cuidar más que nunca. 

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