Ya sea por ciertas ausencias, por circunstancias históricas, por causa del azar o, finalmente, por voluntad de los votantes, todo parece indicar que será Álvaro Delgado quien cargará sobre sus hombros con la principal responsabilidad a la hora de definir si la coalición multicolor permanece en el gobierno o si el Frente Amplio logra recuperar el poder. Y lo hace en una coyuntura única para el Partido Nacional.
Para empezar, sin los Lacalle –el padre ya retirado, el hijo sin posibilidad de reelección- y golpeado por la muerte de Jorge Larrañaga, los blancos enfrentan este período electoral con la ausencia de líderes indiscutidos, de esos que marcan época por sus triunfos o por el peso que tienen o tuvieron en la vida política. Además, por primera vez, el partido encara una disputa interna siendo gobierno, y a diferencia de pasadas contiendas, las encuestas dicen que hay un claro favorito, situación que por diversas razones condiciona a los precandidatos en pugna.
Por ejemplo, ¿cómo hará el exsecretario de la Presidencia para atender el corto plazo de las internas, sin decir o suprimir palabras que lo condicionen cuando en octubre, y eventualmente en la segunda vuelta de noviembre, tenga que vérselas con el candidato de la izquierda? La tarea no es sencilla para este hombre que, según la última encuesta de Cifra, tiene un 64% de la intención de voto de los blancos, seguido por Laura Raffo con 21%, y Jorge Gandini con 7%. En tanto, Opción le da 61% a Delgado y 19% a Raffo.
Estos números no deberían llamar la atención si se conoce que Delgado –impulsado por Aire Fresco, Espacio País, Futuro Nacional y los larrañaguistas de De Centro- es el preferido de Lacalle Pou, tiene todo el apoyo de la estructura de la Torre Ejecutiva y lo respaldan 12 de los 15 intendentes blancos. Como fue dicho, la aparente falta de competencia interna desafía a Delgado a asumir una posición nueva e inexplorada para los nacionalistas: campaña desde el gobierno y con una interna casi zanjada.
Desde que se instauró el actual sistema electoral, que obliga a los partidos a realizar elecciones internas, los nacionalistas siempre protagonizaron comicios más o menos disputados, y a veces descarnados como los que ejercieron Luis Lacalle Herrera y Juan Andrés Ramírez en 1999. Desde el 2004, Luis Lacalle Herrera, Luis Lacalle Pou y Jorge Larrañaga se fueron turnando en la disputa interna, sin estridencias pero casi siempre en una contienda pareja que estimulaba a la militancia y a la participación de los blancos cuando llegaba el último domingo de junio. Incluso, en 2019 la interna ganada por Lacalle Pou con cierta ventaja tuvo la participación inesperada, y en cierta medida estimulante, del millonario Juan Sartori, quien desplazó a Larrañaga del segundo lugar.
¿Cómo hará el exsecretario de la Presidencia para atender el corto plazo de las internas, sin decir o suprimir palabras que lo condicionen cuando en octubre, y eventualmente en la segunda vuelta de noviembre, tenga que vérselas con el candidato de la izquierda?
Ahora, la diferencia que los sondeos le dan a Delgado puede tentarlo a dejar de prestarle atención a su disputa con Raffo y Gandini para pensar desde ya en octubre. Un operador nacionalista consultado por El Observador advirtió sobre un eventual apuro de Delgado. “Cuando hay etapas, hay que cumplir las etapas; sin una buena interna no hay buena nacional y no hay buena interna pensando solo en la nacional”, advirtió. Otros referentes blancos se lamentaron ante la apariencia de una interna poco atractiva que puede empujar a Delgado a confrontar fuera de tiempo con los precandidatos frenteamplistas Yamandú Orsi y Carolina Cosse. Pero esa opinión no es general. Hay blancos que creen que Delgado debe desde ya endurecer su discurso con el Frente Amplio aunque para ello deba prestarle un poco menos de atención a la interna.
Los discursos de Delgado han versado mayormente sobre los logros que, considera, alcanzó el gobierno de Lacalle Pou, y se esmeró en remarcar que él es la viva imagen del continuismo. No obstante, cada tanto mira para la vereda de enfrente como cuando a fines de enero dijo que el actual Frente Amplio “es mucho más radical” y carece de los “cortafuegos” que personificó en los fallecidos Tabaré Vázquez y Danilo Astori.
“De los dos principales candidatos del Frente Amplio, a uno lo apoya el MPP y a la otra candidata la apoya el Partido Comunista. Antes había como una opción más de centro”, insistió. El 4 de marzo durante el lanzamiento oficial de su campaña, Delgado volvió a mirar hacia adentro y sostuvo que él y su equipo son “el corazón de este gobierno” y le dan la oportunidad a la gente de “reelegirlo”.
En ese dificultoso pretil camina Delgado: evitando confrontar un día y pegando en otro para no olvidar a los de adentro ni descuidar a los de afuera