Sí, en teatro eso fue lo único que hice. Fue algo más personal, un experimento que hicimos con Hilda Lizarazu, cantando. Fue divertido, pero esto implica mucha más responsabilidad porque es una obra espectacularmente escrita y hay que hacerla como se debe. En la otra tenía más licencias, podía improvisar. Yo estoy súper contento. Implicó mucho esfuerzo. Al principio no quería hacer teatro, pero me dijeron que mirara la versión filmada de la obra que hay en HBO (Ndr: ahora la plataforma Max) y la miré. A los 10 minutos llamé y dije “la hago”.
¿Qué encontraste en ella para que te generara esa convicción?
Por lo menos en esa versión que se hizo en Nueva York, filmada, vi algo mágico. Hay una participación del público que te ayuda a contar la obra. Es muy distinto a hacer teatro solo. Cada noche es diferente, puede pasar lo que sea, tiene riesgo, y eso me encantó. La seguí viendo, me pareció súper emocional, divertida y profunda. Después fue un desafío aprenderla, fue difícil.
Implicó que salieras de tu registro habitual.
Totalmente. Tuve que salir de lo que soy, como cualquier actor. Lo que pasa es que en mi caso hice toda la vida de mí, de Andy, y es más difícil hacerlo desaparecer a ese personaje. Acá tengo que tratar de buscar otras herramientas para que la gente se conmueva y se entretenga. No es por donde voy habitualmente.
Leí que para vos hacer esta obra había representado un salto al vacío. ¿Cómo te llevás con eso, con la idea del salto al vacío? ¿Es algo que te emociona, es algo que te pone nervioso?
Siempre das un salto al vacío. Yo era productor y de golpe pasé al frente de la cámara a ser notero de CQC, y después me hice conductor y fue un salto al vacío, y después a la radio, y así me fui descubriendo. Siempre hay una angustia previa, hay momentos de "¿para qué me metí en esto?", y otros momentos en los que decís "qué bueno que lo hice". Ahora estoy ahí, en el “qué bueno que lo hice”.
El escenario es un espacio de mucha vulnerabilidad, pero también lo es el piso de PH donde tus invitados cuentan, en ocasiones, cosas fuertes. ¿Cómo administrás esos climas? ¿Te atraen?
En PH esa vulnerabilidad está y la trato con mucha responsabilidad. Cuando tu trabajo se basa en que alguien se abra y te cuente algo, tenés que estar muy atento y con mucho respeto, porque es la historia y el sentimiento del otro. Es como un voto de confianza que te depositan, más allá de que eso después lo ven millones de personas en televisión, y que queda en internet y es un montón. Pero ese momento es íntimo y es lo que intento lograr: una intimidad que se transmita. Y el teatro también pasa. Acá en Buenos Aires no estamos en un teatro grande porque es una obra que lleva su intimidad, y también hay una vulnerabilidad. Pero también a mí me gusta sobre todo que las cosas tengan verdad. Tanto en la radio, como en PH y en la obra, tiene que haber una verdad en la historia que contás, que no quiere decir que la historia sea real, ¿se entiende? Mientras encuentres esa verdad, creo que las cosas se transmiten. Hacerlo es un desafío, no tenés red, pero si a esta altura de mi vida no me animo a los desafíos, para qué hice tantas cosas.
¿Cuáles son las cosas maravillosas para vos? ¿Qué entra en ese espectro que puede ser amplísimo, pero también muy acotado?
Primero, las más cursis: que me animé a formar una familia y ese fue mi salto al vacío más grande. Ni un programa de tele, ni de radio: las cosas maravillosas son las que pasan todos los días, son chicas, son despertarte y compartir un desayuno, tocar con los pies el mar, conseguir lugar para estacionar justo donde querías, o ver un atardecer. La obra habla un poco de eso. Las cosas maravillosas son pequeños gestos, pequeñas cosas, pequeños acontecimientos que podés registrar. Si estás en piloto automático buscando la felicidad, la plata, el éxito o lo que sea, te perdés lo que va pasando en la vida.
¿Perros de la calle qué lugar ocupa en ese esquema?
E un trabajo. Lo que es maravilloso es trabajar de lo que a uno le gusta. Y dentro del programa, hay algunos hits que te pasan cada tanto que decís "esto es espectacular", pero a mí me gusta más que nada compartir con mis compañeros, con Hernán Casciari, con Gabriel Rolón Y después, no sé, esos momentos especiales, como cuando en enero del año pasado recibí una llamada y me fui a París a entrevistar a Messi a menos de un mes del Mundial. Eso fue un highlight.
Hablando de entrevistas, ¿qué valor tiene para vos la instancia, que ocupa buena parte de tu presente profesional?
Me gusta escuchar historias. Siempre me gustó, fuera del aire también. Si me tomo un café con vos y nos ponemos a charlar te voy a empezar a preguntar cosas porque me nace solo. Y logré hacer de eso un trabajo escuchando a los oyentes cuando hacía Argentinos por su nombre, en PH también, con los personajes que vienen de invitados. Siempre el motor es la curiosidad, las ganas de escuchar y el convencimiento de que todos tenemos una historia para contar. Simplemente hay que preguntar.
Andy Kusnetzoff
La palabra “éxito” ha estado bien atada a algunos de los programas y ciclos de los que te has encargado. ¿Cómo ha cambiado la forma en la que te relacionás con él a través de los años?
Hace veinte años lo gestionaba con emoción, angustia, euforia, y ahora con total estabilidad, por decirlo de alguna manera. O sea, mi éxito no está en los trabajos, ni en el rating, está a nivel personal, pero llegar a esa conclusión me llevó 30 años. Lo entendí después de darme la cabeza contra la pared, de angustiarme, porque hubo días en los que me creí un genio y otros un fracasado, y después me di cuenta de que no era ni una cosa ni la otra. Simplemente hay momentos que son más exitosos y momentos en los que pasa menos, pero eso no te hace ni peor ni mejor. El éxito es con uno mismo y con lo que se logra construir en lo personal. Suena trillado pero, a los 53 años y habiendo pasado por todo eso de muy chico, estoy convencido.
¿Es más difícil conseguir fidelidad en los medios tradicionales hoy, en un contexto de auge de otras plataformas alternativas que arrastran muchísimo público, sobre todo joven?
Creo que hay muchas más posibilidades para todos. Es difícil llegar a un medio, pero antes llegabas y te veía todo el mundo porque había menos opciones. Ahora es más fácil llegar, es más democrático, pero está todo más segmentado. Pero estoy convencido de que cuando el contenido es bueno encuentra su público y ese público se fideliza.
Además supongo que colabora para hacer al ecosistema un poco más emocionante.
Sí. Está bueno. Pienso que los medios tienen un montón de chicos y chicas que empiezan, que van y se expresan. Algunos empiezan en las redes sociales. Muchos llegan muy lejos, no solamente en este rubro de la comunicación, sino en la música, por ejemplo, con aquellos que empezaron en YouTube y hoy te llenan tres River. Y está bueno romper con que seamos siempre los mismos. Me gusta que vaya cambiando.
¿Qué entrevistado te queda pendiente? ¿Con cuál soñás?
Pude lograr muchos entrevistados soñados. Le hice muchas notas a Diego (Maradona), pude hacerle notas a Lionel (Messi). A nivel deportivo creo que estuve en lo más alto. Pero hay muchos más. Entrevistar a Federer estaría buenísimo. A Djokovic, a Nadal. Pero me interesan sus historias de vida, cómo se conectan con el deporte, con el triunfo, con la humanidad dentro de la cancha. Y después Paul McCartney, que está más grande ahora y no le queda tanto tiempo. Me gustaría sentarme y charlar de todo un poco. A mí me marcaron mucho los Beatles. Antes te hubiera dicho algún político también, algún estadista, pero hoy estoy desencantado.
Con la política.
Sí, bastante. Uno ve la realidad y hay cosas que preocupan. Pero bueno, los argentinos estamos acostumbrados. Somos resilientes.