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Alberto y Cristina, enfrentados

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Argentina: Cristina arrincona a Alberto y pone en juego la gobernabilidad

El presidente argentino atraviesa su hora más difícil luego de que la vicepresidenta retirara a cinco integrantes del gabinete y a una decena de jerarcas

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16 de septiembre de 2021 a las 05:04

Argentina siempre regala noticias grandes. Pero la de ayer fue un bombazo. Todos los ministros y altos cargos de gobierno que responden a Cristina Fernández de Kirchner presentaron su renuncia ante el presidente Alberto Fernández, que no anunció si se las aceptará.

Todo empezó en la tarde, con una carta dirigida al presidente Alberto Fernández en la que el ministro del Interior Eduardo “Wado” De Pedro ofrecía su salida como ministro del Interior, después de la derrota electoral del oficialismo en las primarias. Los medios se enteraron antes que el presidente.

No fue la única carta: minutos después se confirmó un efecto dominó de presión. También pusieron su salida sobre la mesa los ministros de Justicia, Martín Soria y Roberto Salvarezza, de Ciencia y Tecnología, Juan Cabandié (Medio Ambiente), Tristán Bauer (Cultura) y Paula Español (secretaria de Comercio Interior) y las titulares de la ANSeS, Fernanda Raverta, del PAMI, Luana Volnovich y del Inadi, Victoria Donda. Se sumaron, además, el número dos de Justicia, Juan Martín Mena; el secretario de Derechos Humanos, Horacio Pietragalla; y el titular de Aerolíneas Argentinas, Pablo Ceriani.  

Fue una señal política pesada, luego de que el presidente se negara a hacer cambios en el gabinete como pedía Cristina, tras la sorpresiva y amplia derrota en las primarias parlamentarias del domingo, en las que el gobierno apenas superó el 30%. Esa derrota debilitó al gobierno el domingo, y tras las diferencias internas en la cúpula de conducción, la movida de Cristina lo dejó extremadamente debilitado.

Las razones

Además del jefe de Gabinete Santiago Cafiero, muy resistido por el kirchnerismo, entre ceja y ceja de Cristina está el ministro de Economía Martín Guzmán, y en definitiva, la política económica del gobierno, catalogada de blanda, o tibia, por el seno kirchnerista. Mientras la vicepresidenta exige pararse duro frente al FMI en la negociación de deuda y establecer una política que llene los bolsillos de la gente en estos dos meses antes de las parlamentarias de noviembre, a través fundamentalmente de emisión y uso de dinero prestado por el Fondo, Alberto mantuvo firme a su ministro y se niega a medidas populistas que disparen la inflación aún más arriba de lo que hoy está.

Es un callejón sin salida para el presidente: hacer lo primero lo analiza como un tiro en el pie que haría inviable la gestión, pero lo segundo lo debilitaría al extremo desde el punto de vista político.  Pero, sobre todo, también es una presión sobre quién manda adentro: más allá de varias concesiones, Alberto se ha negado a que Cristina tome el poder. Hasta ahora esa pelea venía con bajo perfil, con señales indirectas, pero el muy mal desempeño electoral sacó todo a la superficie, particularmente la pelea sobre quién es el padre de la derrota: mientras que desde el kirchnerismo apuntan a Alberto, el presidente dice que es de todo el Frente de Todos.

El gobierno argentino está compuesto por una mesa de tres patas, dos más fuertes y una más minoritaria. Por un lado el albertismo, un movimiento que no terminaba de tener identidad clara hasta ahora, y que detrás del presidente tiene figuras más cercanas a la centroizquierda y dirigentes peronistas que en su momento formaron parte del gobierno de Néstor Kirchner; luego está el cristinismo, ejemplificado sobre todo en el movimiento La Cámpora, de postura más decididamente de izquierda, y finalmente está el aparato peronista más tradicional, encabezado por Sergio Massa, que el miércoles por la tarde reunió a sus dirigentes para analizar los pasos a seguir, y si pasar a ser el máximo sostén del gobierno.

El lunes Alberto y Cristina tuvieron una reunión de tres horas en la quinta de Olivos, en teoría para diagramar una salida conjunta a la crisis, pero en la que, según medios argentinos, difiirieron radicalmente sobre la forma de seguir adelante en la renovación o no del gabinete.

Pero además, Alberto pasó un fuerte mensaje el miércoles por la tarde, en un acto oficial sobre hidrocarburos, en la que estuvo acompañado por Guzmán. Incluso luego de conocerse los ofrecimientos de renuncia, el presidente tuiteó sobre el acto en el que aparecía junto al ministro.

Las renuncias, o más bien, el gesto de renunciar que deberá decidir el mandatario, ocurrieron un día después de que dos dirigentes kirchneristas le marcaran el camino a Alberto: todos los ministros de la gobernadora de Santa Cruz Alciia Kirchner presentaron sus renuncias, al igual que los del gabinete de la provincia de Buenos Aires, de Axel Kicilllof, aunque al menos en el caso del Bueno Aires no las harán efectivas hasta luego de las elecciones del 14 de noviembre.

Lejos de apelar a esos antecedentes, De Pedro apeló al propio discurso presidencial: “Escuchando sus palabras del domingo por la noche dónde planteó la necesidad de interpretar el veredicto que ha expresado el pueblo argentino, he considerado que la mejor manera de colaborar con esa tarea es poniendo mi renuncia a su disposición”.  

Ayer por la tarde, Alberto Fernández se reunió con varios ministros que lo apoyan y no presentaron renuncia. También participó el Jefe de Gabinete, Santiago Cafiero. Anoche varios gobernadores expresaron su apoyo al presidente Fernández al igual que lo hizo la central sindical CGT. Asimismo, organizaciones sociales  como el Movimiento Evita convocaron a manifestaciones en la calle en respaldo al mandatario. 

Así las cosas, la crisis quedó en un impasse. Medios argentinos informan que el presidente no quiere tomar medidas en caliente, y que no descarta aceptar cambios en el gabinete, pero no lo quiere hacer presionado públicamente. La pulseada está pendiente, pero la temperatura sube y la calle, como en cada crisis política de Argentina, puede volverse un polvorín.

(El Observador y El Cronista)

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